Participan, algunos trabajan, otros cuidan. El envejecimiento en la actualidad es cada vez más activo, sin embargo, su incidencia y visibilización no lo es. El pasado 1 de octubre, se conmemoró el Día Internacional de las Personas Mayores o también conocido como el Día del Adulto Mayor, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1990.
Desde la investigación, la académica del Departamento de Antropología e integrante de la Red Transdiciplinaria de Envejecimiento de la Universidad de Chile, Paulina Osorio, hace una reflexión con motivo de esta efeméride y este mes, problematizando la compleja y variopinta realidad de las personas mayores a partir de los datos del último Censo de 2024. Según la profesora, es en los barrios donde suelen desenvolverse y requieren mayores redes comunitarias, además de familiares, de apoyo para una vejez que se proyecta más extensa.
Según el Censo 2024, hay en el país 3.665.028 personas de 60 años o más, equivalentes al 19,8% de la población residente. La cifra ya supera al número de menores de 15 años y el INE proyecta que para 2070 más de la mitad de los habitantes del país tendrá 60 años o más.
Dentro de este panorama, hay cifras que merecen atención como, por ejemplo, aquella que dice que un 28,5% de las personas de 60 años o más declaró haber estado ocupada durante la semana previa al levantamiento censal.
-Apartir de su experticia en temas de envejecimiento, ¿le preocupa que exista esta fuerza laboral de personas mayores?
El principal motivo es de tipo económico, claramente Por otro lado, son personas que dado el aumento de la esperanza de vida y las condiciones en las que se llega a la vejez pueden seguir trabajando, sobre todo hablando en términos de funcionalidad puesto que al menos 2/3 de las personas mayores son personas autovalentes.
Si esas condiciones de funcionalidad permiten tener un mayor ingreso o seguir teniendo dos ingresos significativos para mantenerse cotidianamente, lo van a continuar haciendo. A eso se suma el interés por permanecer insertos socialmente. El ser trabajador o trabajadora dentro de la sociedad actual “me permite no estar invisibilizado ni discriminado”.
Ahora bien, ¿qué tipo de trabajo y qué calidad de empleo tienen las personas mayores?
En efecto, el problema reside en la calidad de sus empleos. Particularmente, las personas mayores son empleadas en el sector servicios. Muchas veces trabajan subcontratados y bajo condiciones de mayor vulnerabilidad y precariedad, con mayor inseguridad social en términos laborales. 
Otro de las dimensiones de análisis a partir de las cifras es la discapacidad, donde el 28,3% de las personas mayores se encuentra en situación de discapacidad, porcentaje que aumenta considerablemente entre quienes tienen 80 años o más, llegando al 54%. Es decir, si bien la población continúa envejeciendo, sus condiciones de desarrollo y la calidad de vida siguen siendo materia de análisis e intervención.
-¿Cómo apoyar a las personas mayores, especialmente a quienes tienen problemas de discapacidad sin caer en el asistencialismo?
A medida que se avanza en edad, hay mayor probabilidad de que exista una pérdida de funcionalidad y eso es por nuestra condición humana. Lo importante es que haya redes de apoyo y de cuidado. En ese sentido, se espera bastante del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, Chile Cuida. Pero como en todo sistema de cuidado, yo creo que hay que poner el ojo primero en las personas mayores y en quienes cuidan y apoyan en esos cuidados. Esto ya que, lo más probable dado el cambio demográfico, esas personas que apoyan y cuidan a estos mayores, también son y serán muchas veces personas mayores, mayoritariamente mujeres. Ahora, para el caso de las personas mayores, en la Atención Primaria de Salud existe un instrumento para pesquisar la pérdida de funcionalidad temprana que es destacable.
Los datos también muestran que un 16,5% de las personas mayores vive en un hogar compuesto por una persona mayor sola. A su vez, un 27,5% reside en hogares conformados exclusivamente por dos o más personas de 60 años o más.
-Usted ha hablado previamente sobre la soledad que aqueja a muchas personas mayores de nuestro país. ¿Cómo evitar que los adultos mayores queden abandonados, sin redes y desde qué momento o etapa de la vida debiera ser una preocupación?
Qué interesante que mencionas ese dato porque justamente ahora estoy preparando un proyecto de investigación sobre eso. En medio de estas transformaciones y tendencias demográficas que se dirigen hacia el mayor envejecimiento de la población, cada vez más las unidades domésticas o los hogares van a estar compuestos mayoritariamente por personas mayores. Primero por personas mayores que viven solas, por parejas de personas mayores o por dos o tres generaciones de personas mayores. Muchas veces hay madres o padres mayores que cuidan a hijos mayores o al revés.
Al respecto, es muy necesario construir redes comunitarias, incluso considerando que en muchos de estos casos la familia no necesariamente desaparece, es decir no siempre hay un abandono hacia las personas mayores.
En el caso de que sí haya abandono, hay que tomar otras medidas: tratar de promover que las personas puedan vivir de forma autónoma. Pero para eso hay que generar estrategias de apoyo, por ejemplo, a través de la Atención Primaria de Salud de la cual ya hablábamos. También consolidar redes de apoyo a nivel barrial y vecinal.
Pienso que hay mucho tabú en relación con la vejez, pues si bien están participando, todavía se les sigue invisibilizando. Creo que debemos visibilizar más e identificar el aporte que están haciendo las personas mayores en los diferentes ámbitos de la sociedad, en el mercado del trabajo, cuidando a otras personas mayores o apoyando en sus barrios, por solo mencionar algunos ejemplos.