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Literatura

Egresada de la Escuela de Periodismo Irene Padilla ficciona la vida de Irene Morales en su tercera novela

Egresada ficciona la vida de Irene Morales en su tercera novela

Durante más de un siglo, Irene Morales ha sido recordada como una figura clave de la Guerra del Pacífico. Catalogada como ícono de valor por el Ejército Chileno – y destacada en su época por las crónicas de Benjamín Vicuña Mackenna-, su historia oficial suele omitir sus orígenes. Antes de la violencia que vivió en carne propia durante las batallas, Morales fue una costurera de Antofagasta, una mujer sencilla que se unió a la tropa chilena para, presumiblemente, vengar la muerte de su pareja. Esa es la dimensión humana que persigue la periodista Irene Padilla en La costurera de la calle Lamar (Planeta), su tercera novela.

Egresada de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, Padilla ha construido una sólida obra en torno a mujeres chilenas postergadas: primero con Isabel Riquelme, madre de Bernardo O´Higgins, en Cartas al mar (Planeta, 2022), y luego relatando la historia de la pediatra Cora Mayers Glehy, víctima de un femicidio en 1931, en Cora 1931 (Cuarto Propio, 2024). 

Con esta nueva publicación, la autora se adentra en el dolor y el abuso que supone un conflicto armado. En esta conversación, explica por qué cree que este es su mejor libro, su método de trabajo, lo que hay que rescatar en el periodismo para escribir novela y lo que hay que desaprender.

-Tu nuevo libro La costurera de la calle Lamar (2026) evita la exaltación épica y muestra la guerra como un entorno abusivo y doloroso. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión narrativa y ética?

Fue para dar una mirada más realista. Creo que los libros de la Guerra del Pacifico, en especial las novelas, no habían abordado la violencia, y una guerra sin violencia es algo extraño. No se trata de demonizar al ejército chileno, y tampoco de romantizarlo, sino de mostrar los matices. La literatura también es un punto de vista del autor, y eso fue lo que hice, para mí nadie que vaya al frente de batalla pasa por algo lindo, es espantoso. Quizás eso choque con quienes han romantizado por años esta guerra, ya he recibido algunos ataques por lo mismo, pero lo hice muy a conciencia. Si iba a tomar un tópico así de importante no lo iba a hacer con la mirada del vencedor chileno noble y perfecto, que es aquella que siempre se ha ensalzado desde el siglo XIX.

-En la novela, el móvil de la venganza por el fusilamiento de Santiago Pizarro está presente, pero no lo es todo. ¿Qué otros factores consideraste clave para explicar la decisión de Irene de ir al frente?

La pobreza, la escasez de trabajo, de comida. También el abuso a las mujeres de Antofagasta, tenía que pensar en una mujer sola y modesta como Irene Morales, en una ciudad que de un día para otro fue tomada por miles de hombres, donde no todos son buenas personas. El personaje debe evaluar los pro y contras de su vida, y quizás su salida de este lugar sea yéndose al frente. También está el resentimiento por la muerte de su amante, pero no creo que eso sea suficiente para tomar una determinación tan arriesgada.

-Leíste a Aleksiévich, Gebhardt y a Duras, entre otras y otros, para abordar la violencia contra las mujeres en la guerra. ¿Qué ideas de esas lecturas terminaron marcando más tu escritura?

Las tomé como referentes porque hay muy pocos textos que aborden las guerras desde el punto de vista de las mujeres. Aleksiévich y Gebhardt son dos periodistas que hicieron investigaciones muy profundas respecto a este tema. Sin panfletería ni patriotismos baratos, ellas mostraron los dolores escondidos en las mujeres de Rusia y Alemania.

Solo a mediados del siglo XX nosotras empezamos a tener voz en las guerras, pero antes pareciera que no existíamos, que no sufrimos, que no pagamos los costos. A través de estas investigadoras te das cuenta que la sobrevivencia de un país después de una guerra depende de nosotras. Sus estudios son de una dureza que impacta y eso traerlo a este episodio chileno me pareció muy interesante.

En el caso de Duras, me inspiró como ella acota los espacios. Para mí era más potente ver a Irene Morales en una casa mirándose cara a cara con un oficial chileno cansado de la guerra, que un frente de batalla. Marguerite Duras te muestra la humanidad en la literatura y en la guerra por eso se me hizo fundamental.

-Los artistas y escritores habitualmente dicen que su nueva obra es mejor que la anterior ¿Por qué este libro es mejor que los anteriores, o por qué la gente debe leer tu nuevo libro?

Alcancé una voz narrativa que no me esperaba. Mucho mejor que en los libros anteriores y tuve mucha conexión con este personaje porque es una mujer madura, común y corriente, de un estrato social modesto, como soy yo también. Y tiene que arreglárselas para sobrevivir. La pude entender en buena parte, y por eso la admiro profundamente. Y quienes han leído el libro y me han dicho sus opiniones sienten algo parecido y se sienten orgullosas de ella porque conectan con un personaje que pudo ser tu madre o tu abuela. No es un ser idealizado, es muy real.

-¿Cuál es tu método?, ¿cómo investigas, cuánto demoras en investigar, en entrevistar, luego en escribir?, ¿tienes alguna receta para escribir novela histórica?

Para la investigación ser periodista me ayuda mucho porque todos los colegas saben que cuando agarras un tema que te gusta llegas al punto de la obsesión. Pero los periodistas no somos como los historiadores, buscamos esos detalles que te dan indicios de algo más humano que te ayude a contar esta historia. Cuando ejerces, muchas veces te toca contar historias de vida y aquí pasa lo mismo. Una vez que siento que tengo los suficientes datos empiezo el libro, y ahí me dejo llevar por la imaginación, por los personajes. No estructuro nada, ninguno de mis tres libros se parece, cada libro es una búsqueda de lo que puedo ser capaz de entregar con esa historia particular. De hecho, el que viene poco tiene que ver con este, y así sigo avanzando. 

-¿Qué te enseñó el periodismo y en particular la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile para tu método investigativo y tu estilo escritural?, ¿qué hábito aprendiste y que nunca abandonaste?

A pensar mucho en quien te va a leer. En tratar de conectar, no necesariamente ser entretenido, sino de mantener la atención de ese otro que pasa por las páginas, los periodistas comunicamos y eso no es fácil. Es algo que se aprende en la facultad y que se ejerce luego en medios. A mi siempre me gustó el periodismo escrito. Ahora, me pregunto si volviera a escribir crónicas periodísticas cómo lo haría ¡hace tantos años que no lo hago! Y lo otro es la investigación, ese goce que sientes cuando descubres una foto, un detalle, una carta, lo que sea que da en el clavo con lo que buscas o intuyes. Eso es magnífico.

-Y por el contrario, ¿qué hay que desaprender del periodismo para escribir novela?

Son mundos completamente distintos y yo los respeto a ambos. Para escribir novelas también he tenido que aprender a hacerlo en talleres, y leyendo a los mejores novelistas. No tienen nada que ver los dos formatos. La literatura es difícil, es un arte que también tiene sus entramados complejos, y al mismo tiempo te da una libertad creativa que no tiene límites. Por lo mismo mis novelas no son un conjunto de fechas ni de datos, porque no se trata de llenar al lector de datos que a mi me encantan, pero que para la historia o para el lector no sirven. Es otra cosa, muy personal, y como diría Duras, se escribe con el cuerpo, estrujas tus sentimientos hasta quedar agotada, y eso no pasa en el periodismo porque debe ser más frío.