Originario de Hualqui, una pequeña localidad de la Región del Biobío, el interés de Maximiliano Venegas por la ciencia despertó durante sus años escolares. En un entorno donde las opciones locales en biotecnología estaban principalmente acotadas a la industria salmonera o forestal, su vocación por la biología molecular y la genética lo motivó a mirar hacia Santiago y postular a la Universidad de Chile. Cuenta que, cuando cursaba tercero medio, una profesora le mostró la carrera de Ingeniería en Biotecnología Molecular: “Me dijo que había querido estudiarla en su momento y me contó más o menos qué era. Vi la malla curricular, los ramos, las asignaturas que tenía y el perfil de egresado que uno iba a obtener, entonces la opción número uno fue estudiar en la Universidad de Chile”.
Cuando llegó a Santiago, el camino no fue fácil, pero contó siempre con el apoyo de su familia y de un grupo incondicional de amigos con quienes compartía estudios y experimentos en la Facultad de Ciencias y, especialmente, en el laboratorio. Recuerda que “el primer impacto fue encontrarse con otro ritmo de vida, completamente distinto al que uno está acostumbrado; en un principio cuesta adaptarse, uno sufre emocionalmente, pero también aprende a vivir”. Y no solo a vivir, sino también a trabajar en equipo. “Una de las principales cosas que puedo decir que he sentido fortaleza de la Universidad de Chile es fomentar el trabajo en equipo”. También destaca “la responsabilidad, el pensamiento crítico y aprender a enfrentar situaciones de estrés”. Explica que, como científico, “conoce y se especializa en una parte muy pequeñita de un área, pero después llega, por ejemplo, a un startup y en verdad se trabaja con algo completamente distinto al tema de tesis… saber afrontar situaciones es lo que a uno le permite desenvolverse”. Y añade: “En la industria profesional hay cosas que uno no se da cuenta que aprendió hasta que se enfrenta a ellas. Creo que la Universidad de Chile te prepara para enfrentar estas situaciones de estrés que ocurren en una empresa y no entrar en crisis”.
Durante sus estudios universitarios, el rol de la académica e investigadora Jennifer Alcaino fue decisivo: “Me apoyó tanto en la formación personal como en la académica. Si tuviera que mencionar a alguien que cambió mi vida en la universidad, fue la profesora Jennifer. Es una de las personas más correctas y responsables de la facultad, fue un orgullo trabajar con ella”.
Innovación e incidencia
A pesar de que la carrera académica parecía ser su destino, el escenario de la pandemia y el fin de su financiamiento de postgrado lo impulsaron a buscar trabajo e incorporarse a la startup biotecnológica Spora. Allí ha liderado la investigación aplicada al reino Fungi, proyectando soluciones que buscan incidir directamente en el consumo sustentable y en la salud humana. “Siempre me gustó hacer clases, no lo descarto; sin embargo, mi foco hoy está en consolidar estos tres años que ya llevo con Spora, donde hemos desarrollado una línea de investigación que ya resultó en un primer producto viable y que se está empezando a comercializar”.
El micotextil, un biomaterial elaborado a partir del micelio de los hongos, es un producto de alto costo. Actualmente, Spora cuenta con asesores comerciales en el Reino Unido que están comenzando a comercializarlo en el mercado europeo. Según explica Venegas, “es un biomaterial sustentable que a futuro se espera que incorpore nuevas funcionalidades mediante biotecnología y nanotecnología”.
Detalla que “Spora es una plataforma biotecnológica de hongos y el primer proyecto fue la creación de un nuevo material textil a partir de un hongo. Ese es el proyecto con el que ingresé a trabajar y el foco principal de la empresa hoy. Sin embargo, se han visto otras aristas a lo largo del tiempo y dentro de ellas cabe el desarrollo de microfármacos basados en psilocibina para ser utilizados en tratamientos alternativos contra el dolor crónico. Este es uno de los proyectos que nos adjudicamos el año pasado de Corfo y estamos trabajando en etapas iniciales”.
Conocimiento del mundo Fungi
“La gente conoce los hongos porque los compra en el supermercado, también están estos adaptógenos que se suelen vender como la melena de león (un nutracéutico)”. Incluso cuenta que recientemente asistieron a un festival dedicado a los hongos en Chiloé. Allá, las personas “los preservan, cuando hablan de exploración de flora y fauna consideran los hongos y también tienen parámetros descriptivos; realizan cursos donde la gente sale a caminar, a mirar a los hongos y describirlos”.
Ante esta creciente atención de la sociedad hacia los hongos, Maximiliano Venegas cree necesario aportar rigor analítico: “Es un desafío científico no menor trabajar con toda esta área de los nutracéuticos y validar que el principio activo que se ofrece se encuentra realmente en el producto”. Describe que los hongos tienen que fructificar “y las condiciones de fructificación hacen que varíe la concentración de la molécula según el medio en el cual creció. Entonces, cuando todo es bastante artesanal, puede que algunos hongos sí tengan esta molécula con la concentración indicada del principio activo, mientras que otros tengan una menor concentración. Eso hoy no está estandarizado”.
Para el doctor, la biología molecular, su pasión desde que era niño, es una herramienta muy útil y con grandes proyecciones. Actualmente, se usa en la producción de vacunas, por ejemplo; también en la obtención de cepas que permitan nuevas generaciones de biofertilizantes y en la producción de alimentos con nuevas propiedades. Para él, “la biología molecular se encuentra en muchas etapas sencillas o complejas y permite otorg valor agregado a muchos productos”.