Mujeres fuertes y seguras de sí mismas, rurales y transgresoras, inigualables y rebeldes en un universo literario que continúa atrayendo a las nuevas generaciones. Con una escritura delicada y sensible, Aguas abajo, el libro de cuentos de Marta Brunet, segunda mujer que obtuvo el Premio Nacional de Literatura en Chile, volvió a presentarse el pasado 12 de agosto de 2026 en la Casa Central de la Universidad de Chile tras un exitoso paso por la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios, en México, en 2025.
El 2 de octubre el Comité Marta Brunet, la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones y el Departamento de Literatura de la Facultad de Filosofía y Humanidades anunciaron el Tercer Concurso Latinoamericano de Cuentos Marta Brunet, cuya convocatoria se extenderá hasta el viernes 30 de octubre de 2026. La iniciativa, además de relevar la obra de la escritora, busca promover la creación literaria de autoras de Chile, Argentina y Uruguay.
Al buscar imágenes en línea de Marta Brunet, es recurrente encontrar a una mujer de gran sonrisa, con lentes negros que contrastan con su rostro, un collar de perlas y una vestimenta muy correcta y elegante. “Pero cuando uno lee su obra, cuando uno lee María Nadie y ciertas escenas que tienen que ver con las pasiones, la sexualidad femenina, de manera tan abierta y honesta, tan humana y tan compleja; pareciera que esa imagen no calzara con lo otro”, comenta Natalia Cisterna Jara, coordinadora académica del Comité Marta Brunet, profesora de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la U. de Chile y editora de la versión crítica “Marta Brunet” de la Colección Biblioteca Chilena.
“Ella es una señora que nació en una familia acomodada dentro de las élites económicas del Chillán de aquel entonces. Llama la atención que ella pueda hacer ese viaje a través de la escritura y construir retratos con esa sofisticación sin caer en cosas simplonas ni del modelo estándar del sujeto popular, y hay cariño detrás de esas construcciones”, menciona la académica, quien fuera además editora y escritora detrás de la introducción de Aguas abajo, un texto que es parte de Biblioteca Esencial de la casa de estudios, junto a otras obras de Daniela Catrileo, Elvira Hernández y Manuel Rojas.
—En un artículo que realizó para Palabra Pública, mencionó que por mucho tiempo Marta Brunet fue olvidada. ¿Qué diría de la obra de la escritora en los tiempos actuales? ¿Ha sido posible relevar su aporte literario?
En los últimos años o en la última década quizá, hay una necesaria recuperación de la obra de Brunet, de textos que habían sido editados hace mucho tiempo y no habían vuelto a ver la luz, o que habían aparecido en prensa y que nunca más aparecieron en libros, reunidos en antología. Eso se debe en gran medida a la iniciativa de estudiantes, algunos profesores y profesoras de las universidades, la mayoría con una perspectiva feminista de la necesidad de rescatar, recuperar, construir genealogías culturales de mujeres.
—Marta Brunet aborda en sus protagonistas la soledad y la autodeterminación de sí mismas. ¿Por qué es importante seguir difundiendo esa parte? ¿Por qué es importante hablar de eso hoy?
Creo que gran parte de las preguntas, de las metas o anhelos que movilizan a las protagonistas de Brunet, a mi modo de ver son preguntas y anhelos que tiene la propia autora, que están vigentes hasta el día de hoy. Uno de ellos es el derecho a decidir sobre sí, sobre tu vida y cuerpo, que no es una conquista ya totalmente arraigada por parte de las mujeres. Pareciera que sí, pero cada vez la realidad nos va mostrando que las luchas feministas son luchas permanentes y por eso se nos hace muy vigente la obra de ella.
Tiene un ensayo muy bello que se llama “El derecho a la soledad”. Creo que parte de su obra con respecto a la soledad se puede leer en base a ese ensayo. Ella entiende la soledad en el caso de la mujer como un derecho. El derecho a constituirse de manera individual, a disfrutar libremente del tiempo sin que haya mandatos domésticos y la obligación de dedicarse a otros. Eso, decirlo en la década del 30, era una locura. Era muy radical.
—¿Cómo ha sido para usted investigar sobre todo esto y la experiencia misma de estudiar a Marta Brunet?
Empecé a estudiar a Brunet cuando se me encomendó, hace varios años atrás, la obra crítica completa. No tenía conocimiento de la envergadura de su obra en términos de cantidad. En términos de calidad algo sospechaba por lo poco que había leído en la universidad. Y como tú dices, entrar a la narrativa de Brunet de manera sistemática y seria, en función de diseñar la obra completa o de montar una edición crítica, es entrar también a un mundo complejo.
Una de las cosas que se nos reveló elaborando esta edición crítica es que Brunet no abandonaba del todo a sus personajes, se encariñaba con ellos y los volvía a repetir. Entonces, va constituyendo universos más vastos que los textos mismos, donde tú puedes volver a encontrar otro personaje en otro texto posteriormente.
La geografía y los paisajes que monta también se repiten muchas veces. Creo que eso es interesante. Ella construye un ecosistema social que no está tan alejado de la realidad social de aquel entonces. Es crítica con respecto a la desigualdad social, a la marginación de las mujeres, a la pobreza de los niños y a la falta de educación. Todo eso está muy presente en su obra, pero ella no construye una obra pesada, como si fuera un ensayo denso. Esta crítica social se revela a través de la sutileza, de imágenes muy poderosas en sus textos. Eso me pareció interesante al momento de describir la obra.
—¿De qué manera cree que le hubiera gustado a la escritora que las personas hoy se apropiaran de sus libros?
Creo que a ella le habría gustado lo que está ocurriendo ahora, que haya muchas publicaciones que se lean en las universidades y, a lo mejor, en colegios. Aunque creo que todavía falta la lectura de su obra en las primeras formaciones de lectores y lectoras. La fuerza que está teniendo la universidad es bien interesante y hoy muchas tesis se hacen acerca de la obra de Brunet, porque en mi época eran muy difíciles de encontrar.
A ella le gustaría este boom que hay en términos de la relectura de su obra, de sus crónicas y que se la destaque como ensayista, cronista y se resalte su trabajo intelectual, político y cultural. Me da la impresión de que estaría feliz o muy satisfecha, al menos, con esta recuperación y con el hecho de que sean mujeres jóvenes las que están detrás haciendo tesis, recopilando cuentos, crónicas y armando antologías. Habría estado muy satisfecha.
—¿Cuáles han sido los desafíos de armar la trayectoria literaria y bibliográfica con los vacíos de su obra y vida?
En primer lugar, operamos mucho a ciegas cuando empezamos a trabajar con la obra completa. Sabíamos que, por ejemplo, usó pseudónimos en la primera etapa de su obra. Cuando uno hace una edición crítica, realiza mucha investigación de contexto o de entrevistas que dio la autora. A través de sus entrevistas, que se fueron recopilando de la lectura a los críticos de entonces, sabíamos que usó el nombre de Miriam en los primeros relatos, para poder publicar.
Porque en los primeros cuentos al parecer había un problema con el padre, quien no era totalmente favorable a la idea de tener una hija que se dedicara a las letras, a la escritura y publicara por ahí. Entonces, ella utilizó estos pseudónimos. Por otra parte, gran parte del material de la escritora apareció en prensa y eso lo encontramos por la edición crítica. Entonces hubo que hacer toda una labor de búsqueda de ese material y se nos fue revelando una Marta Brunet más amplia: más versátil, diversa, compleja y que se maneja con los códigos del lector de la época. El lector de prensa es muy distinto al lector del libro. Entonces ella tenía un talento para hacer cuentos cortos, precisos y cautivadores desde el inicio, unas cualidades muy propias de quien escribiera en prensa.
—Este libro ha sido presentado también en México, ¿cómo fue la experiencia en Filuni?
Fue muy buena, hubo mucho interés por la obra de Brunet y por la colección que llevaba la Universidad de Chile. No solo incluía el texto Aguas abajo, sino toda esta colección de Biblioteca Esencial, que incluye cuentos de Manuel Rojas y dos libros de poemas, uno de Daniela Catrileo y otro de Elvira Hernández. Fueron muy bien recibidos y llamaron mucho la atención porque los textos son cómodos, fáciles de transportar y al mismo tiempo amables en términos de la edición.
En el caso de Brunet creo que hay un interés por la obra de ella en algunos sectores de escritoras y de mujeres vinculadas al mundo de las editoriales. A través de la colección Vindictas, que lleva Socorro Venegas de la Universidad Nacional Autónoma de México, se publicó María Nadie. Entonces, hay un interés y como Comité Brunet recibimos a veces solicitudes de edición desde allá. El lanzamiento y todo lo que hubo alrededor de la obra de la escritora en Filuni fue muy interesante.
—El concurso latinoamericano de cuentos Marta Brunet va a su tercera versión. ¿Qué esperan de este concurso para los próximos años?
Nosotros esperamos que el concurso continúe, que se siga arraigando en el mundo cultural y literario, como un referente en términos del reconocimiento a las escritoras de Chile, Argentina y Uruguay. Fue un éxito desde el inicio, tuvimos una cantidad impresionante de participantes, lo que nos llamó la atención. Nunca pensamos que iba a ser tanto inmediatamente.
Queremos que el concurso siga teniendo ese vínculo con las escrituras de mujeres y creo que es nuestra meta. Que se reconozca como un concurso de importancia a nivel latinoamericano, destinado fundamentalmente o por completo a mujeres, para darle espacio a las autoras. No sé si más adelante lo ampliamos (a otros países). A mí me gustaría, pero todo tiene que ver con la cuestión más bien logística, si es posible. Pero si había que seleccionar países, nos pareció que en una primera instancia hacía mucho sentido que fueran estos tres.