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Estudiante de la Facultad de Artes U. de Chile

Diego Barrionuevo: "Todo es posible si uno se lo propone con estudios, amando el arte y la música"

Diego Barrionuevo: “Todo es posible si uno se lo propone”
Diego Barrionuevo
Diego Barrionuevo cursa cuarto medio en un colegio de Talagante y, paralelamente, estudia trombón en la Facultad de Artes de la U. de Chile, a la que ingresó hace dos años.
Diego Barrionuevo y su vinculo con la U
“La U. de Chile tiene ese sentimiento de familia donde todos nos apoyamos, siempre son todos muy buena onda, la verdad”, dice el joven músico.
Diego y su trombón
A los ocho años, su padre, Darío, le regaló su primer trombón, uno de plástico. En la imagen, Diego practica con su instrumento.
Diego y su familia
Diego ha tenido la oportunidad de tocar en diversas ocasiones junto a su padre, Darío, y su hermano Daniel.

A los ocho años, su papá, Darío, llegó a la casa con un regalo para el segundo de sus cuatro hijos: un trombón de plástico de color azul. Ese momento marcaría un antes y un después en la vida de Diego Barrionuevo Leiva (17), quien ingresó en marzo de 2025 al programa de Etapa Básica de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile para estudiar Interpretación Musical, mención trombón. Aunque lleva menos de dos años en la institución, actualmente cursa el tercer año del programa, luego de adelantar un año de formación teórica y práctica.

Su familia —reconoce orgulloso y también un poco emocionado— es lo más importante que tiene y a ella le debe todo lo que ha conseguido en estos nueve años vinculado a la música. En julio de 2026 fue uno de los ganadores del Concurso para Jóvenes Solistas “José Chacana” 2026 y se presentará como solista junto a la Orquesta de Cámara de Chile en octubre de 2027, en el Teatro California, interpretando una obra del compositor Launy Grøndahl.

Diego tiene tres hermanos: Damián (25), Daniel (14) y Domingo (7). Este último, como se hizo tradición en la familia, recibió una trompeta de manos de su papá, Darío, a los cinco años. Juntos han ido aprendiendo en estos últimos años. Su padre, prevencionista de riesgos de profesión, toca clarinete, saxofón, trombón y trompeta. ¿Su mamá? Daniela es técnica en enfermería y siempre ha apoyado las inquietudes artísticas de sus cuatro hijos. “Ella ahora tiene un emprendimiento de coctelería. Siempre nos apoyó, al igual que mi papá, como a construir una especie de ‘fábrica de músicos’”, dice Diego entre risas.

El joven nos recibe en una de las salas de ensayo de la Facultad de Artes de la U. de Chile, ubicada en pleno centro de Santiago. En una conversación que se extendió por cerca de media hora, hizo un recorrido por su niñez, su etapa escolar y su experiencia como estudiante de la U. de Chile, donde reconoce haberse sentido muy apoyado desde el primer momento. También habló de sus sueños y anhelos.

“Siempre ha sido fraternidad aquí (facultad) con mis compañeros, siempre fue la amabilidad y la buena onda de querer crecer como compañeros y no como un ‘tú estás solo porque entraste aquí solo’, sino que aquí somos como una familia en la cátedra de trombones”, apunta.

Sus inicios

Diego recuerda que tenía ocho años cuando tuvo su primer acercamiento con el trombón. Desde entonces no se ha separado de este instrumento y, con el apoyo de su familia, ha dedicado más de la mitad de su vida a la música.

- Tu papá te regaló el primer trombón…

Sí, mi papá un día llegó con un trombón de plástico a la casa y me dijo: ‘Diego, llegó el momento para que tú empieces a tocar trombón’, porque mi papá también es músico. Somos cuatro hijos y todos músicos. Mi hermano mayor también tuvo música, pero él después eligió ser profesor de Educación Física. Después vengo yo con el trombón, luego mi hermano Daniel con el corno (o trompa) y mi hermano chiquitito, que tiene siete años, empezó con la trompeta desde los cinco. Empezó más chiquitito y es la promesa de la familia.

- ¿Tu papá qué relación tiene con la música?

Sí, mi papá toca clarinete, saxofón, trompeta y trombón. Pero mi papá no es músico, él es prevencionista de riesgos. Tiene —digamos— una doble personalidad (sonríe). Nosotros estudiamos en un colegio que tiene banda instrumental (Colegio Don Orione de Cerrillos). Entonces, ahí mi papá conoció la música, se enamoró y pensó: ‘Quiero que mis hijos sean músicos’. Él siempre nos ha enseñado e inculcado que nosotros podemos ser lo que queramos ser y que él nos muestra el camino de la música como una opción.

- No se los impuso; más bien se los propuso… ¿Y tu mamá?

Ella estudió para ser técnica en enfermería y ahora tiene un emprendimiento de coctelería. Ella siempre nos apoyó, como mi papá, como a construir una especie de “fábrica de músicos” (dice Diego entre risas).

- A los ocho años recibes tu primer trombón, ¿cómo recuerdas ese momento?

Para mí el trombón fue un camino porque mi papá también aprendió para enseñarme. En el fondo, él también aprende de los instrumentos para ir enseñándonos a cada uno de nosotros. Se transformó en un camino que los dos estábamos iniciando, comenzando en ese momento.

Él me anotaba las posiciones —porque el trombón tiene siete posiciones— y me decía: ‘Ya te dejo tarea para que, cuando yo vuelva, me muestres’. De esta forma era constante. Podríamos decir que fue como un crecimiento mutuo.

Luego, cuando entré a la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI), dije: ‘Este es mi camino’.

- ¿Cómo describirías estos nueve años? Más de la mitad de tu vida vinculado a la música…

Diría que este camino ha sido de altos y bajos porque yo igual tuve una época en la que el trombón lo veía como algo aparte. Era chico, estaba en el colegio, quería jugar a la pelota, pero después llegó un día en que yo ya era un poco más consciente de lo que estaba haciendo, que era música, y tocar me enamoró.

Fraternidad y comunidad

Diego se describe como un joven perseverante, con un fuerte vínculo con sus padres. De hecho, fueron ellos quienes lo instaron a ingresar a la U. de Chile. “Mis papás me presentaron la oportunidad de ingresar al programa de Etapa Básica de la Chile para estudiar Interpretación Musical, mención trombón. Cuando me lo contaron, mi reacción fue un ‘¡Waaa, sííí!’, porque me emocionaba muchísimo la idea de poder estudiar lo que realmente me gustaba y me apasionaba: la música”, recuerda.

Y agrega: “Mi familia es un núcleo fundamental en mi formación musical y artística porque ellos siempre me apoyan. Cuando me ven cansado, me alientan a seguir. Vamos a tocar a lugares, siempre nos apoyamos como familia”.

- ¿Cómo fue ingresar a la U. de Chile?

Mis papás me explicaron que ingresar implicaría iniciar una etapa profesional, vivir y respirar el trombón y la música. Me dijeron que ellos me veían motivado, que sabían que tocaba harto, que estudiaba todos los días para ser mejor que ayer y peor que mañana. Me dijeron que ellos me veían futuro siendo músico profesional. Entonces me preguntaron si quería tomar la oportunidad y yo les dije que sí altiro, sin pensarlo dos veces. Aunque son nueve años, quise estudiar para vivir toda mi vida del trombón.

Sentía que era una oportunidad increíble para dedicarme a algo que me hacía feliz y que quería seguir desarrollando. El programa permitía ingresar desde los 14 años, pero yo finalmente entré a los 15, dando así un paso muy importante en mi formación musical y en mi camino como trombonista.

- ¿Qué es el trombón para ti?

Representa mi personalidad, es como un sentimiento para mí. Cada nota tiene un sentimiento, algo que expresar al público. Cada ensayo es una forma de determinación que me ayuda a ser mejor como persona.

- ¿Cómo han sido estos casi dos años en la U. de Chile?

Igual fue duro al principio porque sigo yendo al colegio. Ahora estoy en cuarto medio y entré en marzo de 2025. Me acuerdo de que no conocía a nadie y la primera interacción con un compañero de la U. fue: ‘Hola, ¿cómo estás y a qué vienes? ¿Quieres audicionar? Ven, te ayudo’. Y eso me impactó.

Siempre ha habido fraternidad aquí (facultad) con mis compañeros, siempre ha existido la amabilidad y la buena onda de querer crecer como compañeros y no como ‘tú estás solo porque entraste solo aquí’, sino que aquí somos como una familia en la cátedra de trombones.

Al comienzo también estaba con horarios de colegio y tenía que venir a la U. Todos los días tenía jornada completa de 08:00 a 16:30 horas. Tenía que venir a la U. porque tenía clases a las 14:00 horas. Tenía que salir del colegio como al mediodía para poder llegar. Todo esto era un poquito estresante y se venían las pruebas. Tenía que rendir en los dos lados, pero encuentro que lo hice bien. Me sirvió para aprender a organizarme mejor.

- ¿Y ahora estás con exámenes libres?

Estoy en un colegio en Talagante (Instituto de Ciencia y Tecnología), donde ellos me dieron la facilidad de poder trabajar con guías, en un formato que me permite no ir al colegio, porque saben que estoy estudiando en la Universidad y me dijeron: ‘Nosotros estamos para apoyarte, nosotros fomentamos el arte y nosotros te vemos mucho futuro’.

- ¡Qué lindo lo que me cuentas sobre el compañerismo y la fraternidad dentro de la U. de Chile!

Sí, porque al principio tuve que dar una prueba de ingreso, tuve que dar una audición para entrar a teoría y para entrar a instrumento. Y ahí fue donde conocí a mi compañero Santiago, y él me dijo: ‘¿Te ayudo?’, y eso me marcó. Ha sido una experiencia muy linda entrar aquí. Me queda harto, pero este año pude adelantar un año, tanto teórico como práctico. Me quedan seis años nomás.

- ¿Qué implica la U. en tu vida? ¿Cómo describirías tu paso por la Chile?

Ha sido buenísimo. La Chile ha sido una muy linda experiencia y seguirá siendo una muy linda experiencia. No me arrepiento de haber dicho que sí quería estudiar aquí, porque, en comparación con otras instituciones, la U. de Chile tiene ese sentimiento de familia donde todos nos apoyamos, siempre son todos muy buena onda, la verdad.

Acá hay salas para estudiar y es lo único que necesito. La Chile es muy especial para mí. Es una institución con renombre que yo siempre tendré presente.

- ¿Qué mensaje le darías a un joven que lea tu entrevista?

Que todo es posible si uno se lo propone con estudios, amando el arte y la música. Que habrá días difíciles en los que uno querrá dejar el instrumento y no seguir estudiando, pero ahí uno tiene que saber que va bien, que va mejorando y que, si uno se propone una meta, la va a conseguir cueste lo que cueste.

- ¿Cómo te ves en unos diez años más?

Me veo titulado y tocando profesionalmente, disfrutando de la música de manera profesional.

Fundación y apoyos

La Fundación Te Apoyamos ha sido un aporte muy importante en el proceso de formación musical de Diego, al financiar la adquisición de un trombón profesional que actualmente se encuentra en Aduanas, a la espera de su entrega. “Gracias a su apoyo, hoy tengo la posibilidad de adquirir un trombón profesional, una herramienta fundamental para continuar desarrollándome, perfeccionando mis habilidades y avanzando en mi carrera musical”, destaca.

El joven cuenta que el proceso comenzó con el envío de un formulario, en el que presentó sus antecedentes y su currículum para que su situación y trayectoria pudieran ser evaluadas. “Posteriormente, fui contactado por la asistente social de la fundación, quien realizó una evaluación y pudo conocer de manera más cercana mi realidad, mis objetivos y la importancia que tiene la música en mi vida”, señala.

Y agrega que para él “esta ayuda ha significado muchísimo. Contar con un instrumento profesional representa una gran oportunidad para seguir creciendo y preparándome de mejor manera, y también es una motivación para continuar esforzándome y buscando nuevas oportunidades dentro de la música”.

- Mientras esperas la llegada de tu nuevo trombón, ¿en qué más estás trabajando?

Actualmente estoy preparándome para postular a la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil, que es como la última orquesta de la FOJI. A fin de año es la audición porque la FOJI hace audiciones todos los años, te ponen repertorios y uno tiene que sacarlos y te enfrentas como a diez personas. En mi caso, son dos cupos para trombón.

- En una palabra, ¿qué es el trombón para ti?

Es complejo, pero hermoso a la vez.

- ¿Y la música?

Una forma de expresar mis sentimientos y de liberarme. Que el mundo conozca y sepa mi identidad.

- ¿Tu familia?

Un pilar fundamental de mi vida.

- ¿Y qué representa para ti la comunidad de la Facultad y de la U. de Chile?

Mi segunda familia, mi segunda casa.