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Académicos del DIl reconocidos internacionalmente en IFORS:

"Nuestro trabajo se hace carne en una política pública que salva vidas. La ingeniería puede tener un impacto así de concreto"

"Nuestro trabajo se hace carne en una política pública que salva vidas"
Los ganadores del IFORS fueron dos equipos de académicos e investigadores de la U. de Chile, todos integrantes del Departamento de Ingeniería Industrial de la FCFM y del ISCI.
Los ganadores del IFORS fueron dos equipos de académicos e investigadores de la U. de Chile, todos integrantes del Departamento de Ingeniería Industrial de la FCFM y del ISCI.
El equipo liderado por el profesor Leonardo Basso, director del ISCI, ganó el primer lugar por Nirse-CL, que diseñó la estrategia nacional de inmunización con Nirsevimab contra el Virus Respiratorio Sincicial.
El equipo liderado por el profesor Leonardo Basso, director del ISCI, ganó el primer lugar por Nirse-CL, que diseñó la estrategia nacional de inmunización con Nirsevimab contra el Virus Respiratorio Sincicial.
El profesor Richard Weber estuvo a la cabeza de Fiscal HeredIA, el proyecto que obtuvo el segundo lugar en el IFORS Prize for OR in Development 2026 en Viena.
El profesor Richard Weber estuvo a la cabeza de Fiscal HeredIA, el proyecto que obtuvo el segundo lugar en el IFORS Prize for OR in Development 2026 en Viena.
En tanto, el profesor Andrés Weintraub, uno de los fundadores del ISCI, ingresó al "Hall de la Fama" de la Federación Internacional de Sociedades de Investigación Operativa (IFORS).
En tanto, el profesor Andrés Weintraub, uno de los fundadores del ISCI, ingresó al "Hall de la Fama" de la Federación Internacional de Sociedades de Investigación Operativa (IFORS).

Era mediados de julio en Viena, Austria. La Conferencia Trienal de la Federación Internacional de Sociedades de Investigación Operativa (IFORS, por sus siglas en inglés) cerraba con una tradicional premiación a las mejores iniciativas que utilizaran la investigación operacional para resolver problemas de alto impacto social. Ahí, justo antes de revelar los ganadores, hubo un pequeño momento de confusión: al anunciar el segundo lugar, llamaron al profesor Richard Weber, líder del proyecto Fiscal HeredIA.

De inmediato, el profesor Leonardo Basso, cuya iniciativa Nirse-CL también estaba entre los seis finalistas, interpretó que ese premio anulaba un posible reconocimiento para su equipo. “No imaginaba que un jurado otorgara dos premios al mismo país”, recuerda ahora. En cambio, el profesor Weber pensó todo lo contrario. “Cuando me llamaron al podio, saludé y felicité a Leo por el primer lugar”, dice.

Habían postulado cerca de 40 proyectos de todo el mundo y los ganadores a nivel global fueron dos equipos de académicos e investigadores de la Universidad de Chile, todos integrantes del Departamento de Ingeniería Industrial (DII) de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y del Instituto de Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI). Ese mismo día, el profesor Andrés Weintraub, uno de los fundadores del ISCI, entró al “Hall de la Fama” de IFORS.

Desde ese momento han pasado tres meses y el tiempo les ha permitido poner en perspectiva el logro. “Los dos premios más importantes en ingeniería aplicada en investigación de operaciones son el Edelman y el IFORS. Equipos de la Universidad de Chile han ganado los dos premios dos veces”, cuenta el profesor Basso, sentado frente a la ventana en el moderno edificio donde funciona el ISCI. 

“El equipo con el que yo trabajo ganó un Edelman en el 2022 por COVID y ahora el IFORS por nuestro trabajo con el virus respiratorio sincicial. Yo no creo que eso exista en ninguna otra parte del mundo; por lo tanto, es un tremendo hito. Y creo, además, que nunca en la historia de IFORS un mismo país y una misma institución habían ocupado el primer y el segundo lugar, lo cual constituye otro hito gigantesco. Estamos muy orgullosos porque nuestra investigación es de primer nivel, con un impacto altísimo y está superando las fronteras de Chile”, dice.

La magnitud del reconocimiento es proporcional al impacto: el proyecto Nirse-CL desarrolló herramientas para el diseño, monitoreo y evaluación de la estrategia nacional de inmunización con Nirsevimab contra el Virus Respiratorio Sincicial, trabajando de cerca con el Ministerio de Salud y aportando evidencia para apoyar la toma de decisiones en salud pública. Tras su implementación, Chile completó dos inviernos sin registrar fallecimientos por causa del virus entre los grupos protegidos: niños y niñas menores de un año. Además, la metodología permitió un ahorro neto para el sistema de salud estimado en US$23 millones durante el primer año de su aplicación.

Esa ha sido, desde el comienzo, la impronta del ISCI, un centro que nació para potenciar la innovación desde la Universidad. En esta entrevista, los tres académicos premiados en Viena –Leonardo Basso (LB), Andrés Weintraub (AW) y Richard Weber (RW)– repasan su historia con la U. de Chile, su trayectoria como docentes e investigadores y el valor del trabajo que desarrollan, con impactos concretos dentro y fuera de Chile.

–¿Cuáles han sido sus trayectorias dentro de la Universidad? ¿Cómo se hicieron investigadores y cuál es la importancia que le atribuyen a ese camino?

LB: Yo llegué a estudiar a Beauchef en 1993. Soy hijo de un académico de Beauchef que estaba casado con una ingeniera de Beauchef. Beauchef estaba tatuado en el pecho desde el principio. Nunca se me cruzó por la cabeza estudiar en ninguna otra parte ni algo que no fuese ingeniería. Y después de seis años, duros pero muy entretenidos, decidí dedicarme a la academia. En las prácticas profesionales me convencí de que lo mío seguía siendo leer y escribir papers e investigar, más que ir a la industria o al trabajo profesional. Así comencé mi carrera. Después me fui a estudiar y, sin duda alguna, apenas terminé mis estudios, volví a reincorporarme.

RW: Yo llegué a Chile en 1999, pero antes de eso estudié matemática en Alemania y después hice mi doctorado. En ese tiempo trabajé como ayudante auxiliar y me gustó la vida académica; me gustó dar clases y me decidí por la carrera académica. Cuando me vine a Chile, llegué al Departamento de Ingeniería Industrial y continué con esa carrera académica. Me vine acá porque es la mejor universidad del país.

AW: Yo también estudié acá. Estaba en sexto año de ingeniería eléctrica, pero no me gustaba nada. Un amigo de ingeniería industrial me dijo: “Andrés, hay algo nuevo que está dando un profesor muy brillante que te podría gustar”. Era investigación de operaciones. Y me cambió la vida; me dediqué a eso. Mi tesis era un modelo de planificación de telecomunicaciones en Chile, pero en esa época nadie conocía este campo y me pusieron un siete. ¡Después, durante el doctorado, me di cuenta de que mi tesis estaba mala! Hice el doctorado en Estados Unidos, siempre pensando en volver a Chile, y mi esposa, a su vez, hizo su doctorado en estadística. Mientras la esperaba, trabajé con el Servicio Forestal de Estados Unidos y eso también marcó mi campo. Me he dedicado mucho a los recursos naturales, sobre todo a la parte forestal. Volví en el 74 y he estado toda mi vida acá, en Ingeniería Industrial.

–¿Y cómo llegan a trabajar específicamente al ISCI?

AW: Bueno, yo partí con el centro. Salió un llamado a Núcleos Milenio y nos presentamos por primera vez. Armamos un grupo de Ingeniería Industrial con Transporte, entre otros, y salimos primeros en la evaluación internacional, pero por algún motivo el grupo nacional nos dejó afuera. Después nos pidieron, por favor, que nos presentáramos de nuevo, y la segunda vez sí quedamos. La filosofía era hacer investigación de punta, pero que además tuviera impacto, pensando que en Estados Unidos todas las empresas tienen centros de investigación excelentes y en Chile hay muy poca innovación en la industria. Muchas cosas, si no las hacemos desde la universidad, no las hace nadie. Esa realidad era un desafío, pero también una oportunidad. De a poco fuimos incorporando gente y haciendo muy buenos proyectos. Después, en conjunto con la Universidad Católica, nos presentamos a la convocatoria de Institutos Milenio y ganamos. Al final, surgió la posibilidad de los Centros Basales. Nos presentamos y también nos fue muy bien. Terminamos con cerca de 3 millones de dólares de apoyo, 45 académicos y realizando trabajos que realmente nos enorgullecían. Lo que estábamos haciendo desde Chile era reconocido en todo el mundo. Nosotros ganamos un Edelman, que es como el Nobel de operaciones, en 1998, y otro grupo lo ganó en 2022. ¡Yo no conozco otras universidades que tengan dos Edelman! 

LB: Cuando volví del doctorado, me incorporé como junior a ese centro que Andrés Weintraub había creado junto a Sergio Jara y Felipe Álvarez. Fue súper relevante porque era un centro con muchas disciplinas. Yo venía de la ingeniería de Transportes y la Economía, que trabajaba junto con la gente que hacía investigación de operaciones y la gente que hacía optimización. Comencé como investigador junior y, 12 años después, llegué a dirigir el centro.

RW: En mi caso, fue en el año 2004 cuando Andrés Weintraub me invitó al Núcleo, y fue realmente muy estimulante ver ese sistema en el que se reunieron expertos académicos de excelencia. También trabajamos mucho con alumnos y en vinculación con la industria, algo que me llamó la atención desde el primer día en Chile: aquí es mucho más fácil que en Alemania, por ejemplo. En Chile, a diferencia de otros países, las empresas no hacen investigación; entonces, la tenemos que hacer desde la universidad y, en este caso, desde el Instituto.

–¿Qué valor le atribuyen ustedes, que ya han tenido carrera como investigadores, al hecho de trabajar en red?

LB: En los temas de salud, donde yo trabajo principalmente, es clarísimo el valor de la transdisciplina. Desde el año 2000 en adelante, el grupo de salud que yo dirijo tiene a académicos de Ingeniería y profesores de la Facultad de Medicina trabajando, de verdad, de manera transdisciplinaria. Sin esa forma de trabajar y sin el apoyo enorme de nuestros estudiantes y ex estudiantes, sería imposible conseguir los resultados que hemos conseguido. Lo segundo es que, para nosotros, es misional relacionarnos con el entorno, con el sector productivo y con el sector público, para que la investigación y los desarrollos se transformen en impacto. 

AW: A eso agregaría la parte internacional. Estamos en la frontera del conocimiento y eso implica que estamos trabajando con la mejor gente en todo el mundo. Chile está en el mapa junto con Alemania, Estados Unidos y Canadá. Ahora estoy trabajando en temas de incendios forestales, con mucha relación con el financiamiento europeo, trabajando con ellos. Estamos influidos por el mundo, pero también influimos en él. Hay cosas que salen de Chile y van a todo el mundo, y eso nos da una tremenda potencia. Estamos haciendo cosas novedosas que generan impacto y gran valor.

–Ya han pasado algunas semanas desde IFORS. En su caso, profesor Weintraub, entró al “Hall de la fama”, ¿cómo recibió ese honor?

AW: Es un tremendo reconocimiento. Yo fui presidente de IFORS de 1998 a 2000. Hace unos diez años inauguraron el “Hall de la Fama” e incluyeron a cerca de 40 figuras históricas, que son quienes hicieron los libros con los cuales estudiamos. Hace cuatro años, decidieron empezar a integrar gente nueva: tres personas cada tres años. En 2023 nombraron a tres y ahora nombraron a tres más, incluyéndome. Y es bien triste, porque los otros dos candidatos habían muerto entre que los nombraron y nos dieron el premio, así que me sentí un poco raro, sobre todo porque uno de ellos era un muy buen amigo. Realmente estar ahí es un gran reconocimiento y, si miro lo que he hecho, creo que una gran “gracia” es que fuimos la primera generación de investigadores que hubo en Chile. Hay una poesía muy conocida que dice: “caminante, no hay camino, el camino se hace al andar", y eso nos pasó a nosotros. No teníamos idea de cómo hacer investigación y tuvimos que ir inventando. No había internet; todo era por carta. En cierto sentido, es como si inventáramos la universidad porque no había nada establecido. O sea, cuando partimos con el ISCI, los primeros meses, no había experiencia. Eso es ser pionero: ser el primero en ciertas etapas. Por otro lado, es un tremendo orgullo la potencia que tiene la gente joven en Chile. En este IFORS, teníamos 60 representantes, o sea, más que muchos países europeos y mucho más que cualquier país latinoamericano. Entonces, el área de nosotros ha tenido un desarrollo espectacular, y eso es un tremendo orgullo: ver cómo la gente joven ha recogido la posta.

–Este premio viene con un tinte paradójico: es un momento muy complejo para la investigación en Chile. Por un lado, el año pasado el ISCI se vio directamente afectado por los cambios impulsados por ANID y hoy, además de un discurso crítico por parte del Estado con respecto a la investigación, están los recortes al Presupuesto. ¿Cómo ven esa coyuntura?

LB: Lo que ocurrió con ISCI y su financiamiento fue una serie de eventos desafortunados que el Estado de Chile no logró resolver. Una clara debilidad en las bases termina dejando a ISCI sin financiamiento y el gobierno y el Estado no fueron capaces de encontrar la manera de resolver algo que ellos mismos decían que era un sinsentido. Hace poco estuve en una reunión con la ministra de Ciencias actual, que nos felicitaba por el premio obtenido por Chile y por Nirse-CL, y ella misma comentaba que el Estado había fallado cuando un centro como este, que había entregado tanto, quedaba sin financiamiento. Lo que sí quiero decir es que el ISCI goza de buena salud y que no tenemos ninguna intención de dejar de hacer lo que hacemos, que es trabajar con el sector público y con el sector privado. Somos una universidad estatal y no tenemos alternativa: vamos a trabajar con quien esté a cargo de administrar el Estado, siempre. Tenemos proyectos de investigación y desarrollo con el sector público y el sector privado, y estamos a la espera de que aparezcan concursos y plazos que nos permitan contar con ese financiamiento basal, tan importante y necesario para instituciones de este estilo.

AW: En una de las renovaciones que tuvimos que hacer para el ISCI, nos pidieron mostrar “el impacto que hemos tenido” y una forma es “cuánta plata hemos levantado en la industria". Dijimos que sí, que lo haríamos, pero, dado que no somos una consultora que busca maximizar ingresos y queremos que nos midan también por el impacto que hemos causado, pudimos demostrar —verificado por fuentes extranjeras— que tuvimos un impacto medible de 300 millones de dólares. Cuando mostramos eso, la comisión extranjera que nos estaba evaluando no podía creerlo. ¡Qué tremenda inversión para Chile! Nos dan 3 millones de dólares y nosotros, aparte de toda la parte académica, generamos 300 millones de dólares para el país y seguimos teniendo un tremendo impacto. Lo que hizo el grupo de Leo durante la COVID salvó miles de vidas y generó cientos de millones de ahorros. El impacto que tenemos es enorme, y ahí está el error: algo anda mal en el sistema. Si una institución que crea todo esto no es apoyada, es porque algo está fallando en el sistema, y yo espero que se arregle. 

–¿Qué tiene que ver, para ustedes, la labor que desarrollan con el sello de la Universidad de Chile y con el hecho de que seamos una universidad pública? ¿Sienten que hay una misión a la que responden que tiene que ver con el espíritu de la Universidad?

LB: 100%. Total y absolutamente. Al principio de la pandemia de COVID, cuando todo el debate giraba en torno a si los datos eran lo suficientemente públicos o no, y si había datos que se ocultaban o no, recuerdo que nosotros en ISCI tomamos la decisión de que nuestra misión era trabajar con el Estado, porque somos una universidad pública. Somos académicos y funcionarios públicos. ¿Cómo no hacerlo? Es parte de nuestra misión y es parte importante de lo que yo siento que es mi deber como académico de la Universidad de Chile. Incluso diría lo siguiente: el compromiso es tal que muchas veces trabajamos con el Estado aunque no quiera trabajar con nosotros.

AW: Yo comparto eso. No me imagino trabajando en ningún otro lugar que no sea la Universidad de Chile. Está, por un lado, la carrera individual, pero más importante es la comunidad: está el Departamento de Ingeniería Industrial, el grupo con los alumnos. No siento que tenga sentido trabajar solo si no estás apoyando ni apoyándote del resto del grupo. Y, por otro lado, nos debemos al país. Cuando digo que hay cosas que, si no las hacemos nosotros, no las hace nadie, es una oportunidad, pero también una obligación. Nosotros tenemos que trabajar para que el país salga adelante y, a nivel de Estado, no tiene nada que ver con qué Gobierno esté. Son todas políticas de Estado, que nosotros apoyamos y con mucho orgullo, porque hemos tenido impacto en el país. 

RW: Uno puede preguntarse por qué esos premios salieron del Departamento de Ingeniería Industrial, y yo diría que aquí se juntan tres elementos. Uno es que pertenecemos a una universidad pública, con todo lo que eso implica. El segundo elemento es que aquí tenemos estudiantes y académicos de excelencia. Y lo tercero es que aquí, en el Departamento y en el Instituto, cultivamos el tema de la gestión. Esos tres elementos, juntos, son únicos, diría yo, en Chile.

–¿Qué le dirían a los jóvenes que quizás tienen interés en la ingeniería o en la Universidad de Chile o en la carrera académica? ¿Cuál sería un consejo que podrían darles o a ustedes mismos si volvieran a decidir qué hacer con sus carreras?

LB: Después de llevar seis años trabajando en temas de enfermedades infecciosas, a los alumnos y a los ingenieros ya titulados que trabajan con nosotros yo siempre les planteo lo siguiente: es cierto que están trabajando en simulaciones, en aprendizaje de máquinas o en cadenas de Markov, pero eso se hace carne en una política pública que significa que, en dos años seguidos, no ha habido niños muertos en Chile; que salva vidas. Entonces, yo les digo que, cuando miren sus cadenas de Markov o su simulación, piensen en ese niño y en sus papás, y en cómo la ingeniería, de una manera extraña, puede tener un impacto tan, pero tan concreto.

AW: A veces, cuando los alumnos vienen a preguntar: "Estoy en duda, ¿qué hago?", lo primero que les digo es: “Haz lo que te genere pasión”. Trabajar en la vida sin pasión es una lata. Es cierto: la plata es un factor; pero tiene que ser algo que te motive, en lo que te sientas relevante, que sientas que estás cambiando el mundo, algo que te apasione y en lo que te lo pases bien. Busca eso. Eso es lo que más les aconsejo.

RW: En esa misma línea, lo que todos observamos últimamente es que los estudiantes ahora tienen muchas más oportunidades de ser emprendedores, y muchos dicen: "no, la academia no es para mí, quiero ser emprendedor", sobre todo con las nuevas tecnologías. Yo diría: esa no es una contradicción. Yo me siento emprendedor, pero desde la academia. Tomar la investigación y llevarla a una aplicación con impacto también es trabajo de un emprendedor, pero en la academia podemos combinarlo con la investigación, logrando el impacto que buscamos y, además, pasándolo bien.