Los huertos comunitarios han dejado de ser considerados únicamente espacios para producir alimentos. Durante los últimos años, investigaciones han asociado la participación en estas actividades con mejoras en el bienestar psicológico, la reducción del estrés y el fortalecimiento de los vínculos sociales. Sin embargo, en Chile estas iniciativas enfrentan dificultades para mantenerse en el tiempo, debido a la falta de financiamiento permanente y coordinación entre instituciones.
Este escenario es abordado en el policy brief “Huertos comunitarios como una herramienta social para la promoción de la salud mental”, publicado por la Unidad de Transdisciplina, Redes e Interfaz de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile.
El documento reúne evidencia científica y experiencias nacionales e internacionales para proponer recomendaciones que permitan incorporar los huertos comunitarios a las políticas públicas de promoción de la salud mental.
El trabajo fue elaborado por un equipo transdisciplinario integrado por Cecilia Baginsky, de la Facultad de Ciencias Agronómicas; Lorena Rodríguez, Esteban Encina, María Sol Pastorino, Joan Calventus y Rebecca Kanter, de la Facultad de Medicina; Jorge Aranda, de la Facultad de Derecho; Iván Cano, de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza; y Susana Jiles, de la Fundación Educación Popular en Salud (EPES).
La autora principal, Cecilia Baginsky, integrante del Grupo Transdisciplinario para la Investigación, Docencia y Extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP), explica que el interés por esta temática surgió a partir de experiencias de trabajo con comunidades, en las que observaron que los beneficios de los huertos trascendían la producción agrícola. “Nosotros hicimos el huerto porque queríamos enseñar a la gente a producir sus alimentos, pero no teníamos incorporado el concepto de salud mental ni cohesión social”, explica.
Huertos y el bienestar comunitario
La publicación recoge investigaciones que asocian la participación en huertos urbanos y comunitarios con mejoras en el bienestar físico, psicológico y emocional, incluyendo reducciones de los síntomas de ansiedad, depresión y estrés.
Desde la perspectiva de la salud mental, Joan Calventus, psicólogo del Programa de Salud Mental, Promoción de la Salud y Participación de la Facultad de Medicina y coautor del documento, identifica tres mecanismos fundamentales: el fortalecimiento de los vínculos sociales, la construcción de identidad colectiva y el contacto con la naturaleza.
“El huerto comunitario es un espacio convocante donde realizar una práctica que combina actividad física, contacto con la naturaleza y trabajo colectivo”, explica el investigador.
En Chile, el documento suma experiencias que han buscado promover el bienestar mediante la agricultura comunitaria. Entre ellas se encuentra un huerto terapéutico desarrollado en la comuna de Los Lagos entre 2021 y 2022, donde se observaron reducciones del estrés y la soledad, además de un fortalecimiento de los vínculos sociales.
Para la especialista en agricultura Cecilia Baginsky, estos beneficios comenzaron a hacerse evidentes durante un proyecto desarrollado desde 2015 en la comuna de Macul, donde participaron de manera activa personas mayores, cuidadoras y vecinos que encontraban en los huertos una oportunidad para compartir experiencias y disfrutar del contacto con la naturaleza.
Estas observaciones, junto con su experiencia docente y la colaboración con integrantes de GTOP, de la Cátedra de Agricultura Campesina y especialistas de la Facultad de Medicina, contribuyeron a ampliar el enfoque inicial de la agricultura comunitaria hacia la promoción de la salud mental.
En este sentido, el especialista en salud mental Calventus enfatiza que estas iniciativas no deben comprenderse únicamente desde su potencial terapéutico, sino como espacios abiertos a toda la población. “Consideramos los huertos comunitarios como ‘infraestructura social’ y ‘recursos de bienestar y cohesión comunitaria’, no como programas dirigidos a grupos de riesgo”, señala.
Hacia una política pública de huertos comunitarios
Pese a los beneficios identificados, el documento advierte que en Chile estas iniciativas dependen principalmente de proyectos municipales y fondos concursables, sin una estrategia nacional que asegure su continuidad.
El análisis de los proyectos adjudicados en 2025 por el sistema Elige Vivir Sano, presentado en la publicación, muestra que más de la mitad correspondió a iniciativas de huertos, ya reconocidas por su importancia. Además, cerca de un tercio incorporó objetivos relacionados con la cohesión social y la salud mental. Sin embargo, el financiamiento anual dificulta que estos proyectos puedan mantenerse en el tiempo.
Esta situación contrasta con experiencias internacionales, en países como Ecuador y México, donde la legislación reconoce estos espacios como instrumentos permanentes de política pública.
Sobre el escenario nacional, Baginsky advierte que “existen muchas iniciativas, pero estas están fragmentadas”. La académica explica que uno de los principales desafíos es asegurar que los huertos permanezcan cuando termina su financiamiento o se retiran las personas que originalmente los impulsaron.
Frente a este diagnóstico, el equipo identifica el proyecto de Ley de Huertos Urbanos como una oportunidad para fortalecer su reconocimiento. Aunque la iniciativa contempla fines productivos, educativos, ambientales y ciertos usos terapéuticos, el policy brief propone incorporar explícitamente la promoción de la salud mental entre sus objetivos.
Entre las principales recomendaciones, los especialistas plantean vincular los huertos con los Centros de Salud Familiar (CESFAM) y los Centros Comunitarios de Salud Mental (COSAM), además de establecer mecanismos de financiamiento permanente y coordinación entre instituciones.
El documento propone implementar una dupla agro-social, integrada por un profesional o técnico del ámbito agrícola y un referente social o de promoción de la salud, para combinar el manejo sustentable de los cultivos con el acompañamiento comunitario.
Asimismo, plantea desarrollar una Ruta de Huertos Urbanos para la Salud Mental, destinada a identificar las iniciativas existentes, facilitar el intercambio de experiencias y generar información para evaluar sus efectos en el bienestar de las comunidades.
Para Calventus, estas estrategias permitirían complementar la atención clínica sin reemplazarla, fortaleciendo los vínculos, las rutinas y las redes de apoyo que sostienen el bienestar de las personas más allá de las consultas de salud.
“Los huertos comunitarios son una apuesta de promoción de la salud mental que construye bienestar colectivo desde la base de la pirámide comunitaria”, concluye el investigador.
De esta manera, la propuesta busca consolidar los huertos comunitarios como espacios permanentes de bienestar fortaleciendo las capacidades de las comunidades y su vinculación con las políticas públicas relacionadas a salud mental.