La mañana del 21 de septiembre de 1976, una bomba instalada en el auto de Orlando Letelier explotó en Sheridan Circle, en pleno barrio de embajadas de Washington D. C. Letelier, que había sido embajador de Salvador Allende en Estados Unidos y luego canciller y ministro de Defensa, murió junto a su colega estadounidense Ronni Moffitt, de 25 años. Michael Moffitt, esposo de Ronni, viajaba en el asiento trasero y sobrevivió.
El atentado fue organizado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía secreta de Augusto Pinochet, con la colaboración de exiliados cubanos anticastristas. Cincuenta años después, el historiador Alan McPherson, académico de Temple University y especialista en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, hace un balance sin rodeos.
“Se hizo justicia, pero no completa. Contra Manuel Contreras y Pedro Espinoza sí se hizo justicia. Yo pienso que por ese crimen deberían haber recibido condenas más largas (...) Hubo justicia con los más importantes, que dieron la orden, pero es una justicia parcial”, afirma.
El 30 de mayo de 1995, la Corte Suprema chilena confirmó las condenas a siete años de prisión para Manuel Contreras, exdirector de la DINA, y a seis para su jefe de operaciones, Pedro Espinoza, como autores intelectuales del crimen. Contreras se resistió casi cinco meses a cumplir la sentencia: se refugió en su fundo en el sur, luego en un hospital naval, y recién en la madrugada del 21 de octubre de 1995 ingresó al penal de Punta Peuco. Fue uno de los episodios más tensos de la transición chilena. Contreras murió en 2015, preso y con decenas de otras condenas. Pinochet murió en 2006 sin haber sido juzgado por el asesinato de Letelier y Moffitt.
Cómo se llegó a esas condenas, y los obstáculos que enfrentaron quienes buscaron justicia, es el eje de Matar a Letelier. El crimen que puso en el banquillo al régimen de Pinochet. Publicado originalmente en inglés en 2019 como Ghosts of Sheridan Circle y editado en Chile por Catalonia en 2023, el libro reconstruye el crimen y sus consecuencias a partir de testimonios, expedientes judiciales, archivos personales y documentos desclasificados. McPherson lo presentó el 25 de septiembre en la Casa Central de la Universidad de Chile, con motivo de los 50 años del asesinato.
Para el historiador, el atentado debe leerse más allá de Chile. “Para los lectores norteamericanos, la tragedia no es propiamente chilena, sino binacional”, explica. “Mi libro cuenta cómo el crimen afectó debates y políticas en Estados Unidos sobre los derechos humanos y el terrorismo”.
Su investigación también examina las contradicciones de la política exterior estadounidense durante la Guerra Fría. Entre los antecedentes más reveladores figura un cable del 16 de septiembre de 1976: cinco días antes del atentado, el entonces secretario de Estado Henry Kissinger dejó sin efecto la instrucción de entregar una advertencia diplomática a los regímenes de Chile, Argentina y Uruguay sobre sus planes para asesinar opositores en el extranjero. La advertencia nunca se entregó.
“La historia demuestra también el poder transnacional de los derechos humanos”, sostiene McPherson. A su juicio, el esclarecimiento del caso fue posible gracias al esfuerzo conjunto de las familias, las comunidades de exiliados, los investigadores, los diplomáticos y los defensores de los derechos humanos de ambos países.
—En ocasiones se plantea la necesidad de mirar hacia el futuro y dejar atrás el pasado. ¿Qué importancia tiene conocer la verdad sobre los crímenes de Estado para la salud de una democracia?
Es muy importante hablar del pasado y no solamente del futuro, porque el pasado nos puede dar un camino hacia el futuro. Por ejemplo, en este crimen, lo importante para mí no es ubicarlo solamente en la Guerra Fría, sino en una lucha por los derechos humanos, y eso siempre va a existir. Entonces tenemos que sacar coraje e inspiración de esta historia.
—¿Qué nos falta por saber del caso Letelier?
No nos falta mucho por saber. Son detalles los que todavía faltan. No tenemos evidencia clara de que Pinochet ordenó el crimen. Nunca tuvimos evidencia de que Contreras, él mismo, ordenara el crimen. Entonces sería bueno conocerlo, pero tenemos una buena comprensión de lo ocurrido.
La precisión del historiador apunta a la diferencia entre la responsabilidad establecida y la prueba directa de cada eslabón de la cadena de órdenes. Contreras y Espinoza fueron condenados como autores intelectuales del asesinato. Entre los antecedentes de la investigación estuvo el testimonio de Michael Townley, agente estadounidense de la DINA que fabricó e instaló la bomba.
En el caso de Pinochet, la distinción es entre conclusiones de inteligencia y pruebas judiciales. Un informe de la CIA fechado en mayo de 1987 y entregado al gobierno chileno en 2016 concluyó que existían pruebas convincentes de que Augusto Pinochet ordenó personalmente el asesinato y luego participó en su encubrimiento. McPherson ha explicado en otras entrevistas que todavía no se conocen públicamente todas las pruebas en que se basó la CIA para esa conclusión.
—¿Qué mensaje les daría a las y los estudiantes, especialmente a las nuevas generaciones?
Que lean mucha historia. Porque hay muchas historias en el pasado que nos pueden inspirar, que nos pueden dar un sentido de que tenemos héroes en el pasado, que tenemos que conocer más y seguir. Y apreciar a nuestros padres y nuestros abuelos, que siempre influyen en nosotros.
—Orlando Letelier fue estudiante de la Universidad de Chile. ¿Qué importancia tiene que una universidad pública se preocupe de estos temas?
Yo pienso que es esencial que la Universidad haga esto. Me preguntaba si alguien en Chile iba a conmemorar este acontecimiento tan importante y me da mucha felicidad saber que no solamente existe un comité para eso, sino que también se incluye a la Universidad de Chile, una universidad pública y la universidad donde Orlando Letelier fue estudiante.
La conmemoración, organizada por el Comité “Orlando Letelier: 50 años en la memoria, siempre” en la Casa Central de la Universidad de Chile, contó también con la participación de Juan Pablo Letelier, hijo del excanciller.
A 31 años del ingreso del “Mamo” Contreras a la cárcel y a medio siglo del atentado, el mensaje de McPherson es mantener viva esta historia y transmitirla, para encontrar en quienes defienden los derechos humanos el coraje necesario para enfrentar el presente.