Si es neurológico o social, si existe o no o si hay sobrediagnóstico, existen numerosas controversias en torno al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), una condición del neurodesarrollo que se caracteriza por dificultades de atención, impulsividad e hiperactividad. Sin embargo, hay otro tema que aparece en este debate y es la medicación, que para unos es una estrategia para "salvar" a niños de contextos marcados por la violencia o, por el contrario, una herramienta para que mejoren el desempeño escolar.
Un nuevo artículo, titulado “Microcontroversias farmacológicas y gramáticas civilizacionales en torno al TDAH en Chile” (“Pharmacological Microcontroversies and Civilizational Grammars Around ADHD in Chile”), publicado en Culture, Medicine and Psychiatry y escrito por el académico de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO) de la Universidad de Chile, Esteban Radiszcz, y los académicos Hugo Sir, de la Universidad de Playa Ancha, y Juan Pablo Pinto, de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, estudió las controversias en torno a la medicación de este trastorno y cómo las posturas de aceptación, rechazo o ambivalencia están influidas por factores como las condiciones territoriales y el sesgo de género.
El doctor en Psicopatología Fundamental y Psicoanálisis, Esteban Radiszcz, explicó que “investigamos qué controversias suscita el TDAH entre distintos actores sociales que estaban comprometidos en torno a una situación problemática, o sea, qué reproches había entre profesores, apoderados, médicos, personal del PIE, personal educativo, y entre todas las controversias, que son muchas, nos enfocamos en los fármacos. Pero también incluimos la opinión de los niños, consideramos importante en la investigación incluir su voz, qué dicen respecto de todo esto y no dejarlos como mero objeto de disputa”.
“Estas controversias se organizan conforme a determinadas gramáticas, es decir, siguen ciertas estructuras o ciertas modalidades de argumentaciones, cierto tipo de reproches o reivindicaciones, y que son llamados civilizatorios en la medida en que comprometen un orden normativo tácito y, al menos en principio, compartido sobre aquello requerido a cada individuo para resguardar la convivencia (un tipo de convivencia, por cierto) y su lugar en ella. Entonces el artículo aborda esto desde la perspectiva de las controversias, el conflicto, entre actores”, señala Radiszcz.
¿Medicar o no medicar?
El académico de FACSO indica que los debates en torno a medicar o no medicar existen “independientemente de que se usen los medicamentos o no se usen los medicamentos, se los acepte o se los rechace” y, en este sentido, existen dos tipos de “pautas de discusión o de gramáticas” en torno a esta controversia, “una que sigue un argumento más de carácter conductual, en torno al autocontrol, es decir, los niños deberían autocontrolarse, y los medicamentos, entonces servirían a este autocontrol, de control de la conducta; y los argumentos en torno a la contracara, o sea, la objeción de medicar, tiene que ver con que, por ejemplo, se indica que los medicamentos les quitan a los niños su comportamiento de niños”.
"Hay otra forma de argumentar la cual es más, por decirlo de alguna manera, propia de nuestros tiempos (neoliberales, si se quiere), que de preferencia se enfoca en el despliegue de capacidades particulares, es decir, en el interés de potenciar los rendimientos de cada niño. Entonces el argumento principal para usar medicamentos es que, de esa manera, se concentran más y podrán desplegar sus verdaderas capacidades, mientras que el contraargumento típico, no estoy diciendo que sean los únicos argumentos, es que las escuelas o los padres no logran enfocarse en las verdaderas habilidades de los niños con TDAH y deberían generar adaptaciones para que se consideren realmente sus verdaderas habilidades, distintas de las capacidades habituales", asegura Radiszcz.
El psicólogo indicó que “lo que nosotros encontramos es que había estas dos modalidades argumentales que estaban operando y que operaban privilegiadamente en ciertos contextos. Entonces, en contextos más pobres y rurales, el argumento más conductual era prevalente, mientras que, en ciudades de talla media y de regiones, el argumento de las capacidades era más prevalente y resultó más regularmente empleado, tanto para respaldar la medicación como para contrariarla o justificar iniciativas con prescindencia de fármacos”.
“Ambos plantean problemáticas que tienen que ver con lo que es contemplado bajo el término TDAH, o sea, sea que yo enfatice el comportamiento y la autorregulación y el autocontrol de los niños, tiene que ver con la parte más hiperactiva del TDAH, o sea, el estereotipo del compañerito conversador e inquieto, en permanente actividad, mientras que el otro enfatiza mucho más el aspecto más atencional, el problema más de la concentración y, por lo tanto, de la habilidad y el rendimiento, particularmente escolar”, revela Radiszcz.