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Artista alemana en Plataforma Cultural

Emily Wittbrodt: “Si alguien se va a casa conmovido por alguna de mis composiciones, eso ya es un regalo enorme para mí”

Emily Wittbrodt: “Existe algo en la música capaz de conmover”
ConciertoEmilyWittbrodtPlataformaCultural
"Es una oportunidad enorme y un sueño hecho realidad poder conocer tantas ciudades y personas diferentes en Chile. Es mi primer viaje por el país y también mi primera visita a Latinoamérica", contó la artista.
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El ensamble fue acompañado por distintos artistas nacionales en cada show, como Camila Bañados, María y los Templos, Ailinashakti y Vane Bravo Trío.
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La ruta por el país considera shows en distintas ciudades y espacios como Balmaceda Arte Joven, Matucana 100, Persa Víctor Manuel, Teatro Municipal de Constitución y Teatro Regional del Maule, entre otros.
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La gira "Wearing words" se presentó en Plataforma Cultural el sábado 24 de octubre en un concierto al aire libre en la explanada techada de Plataforma Cultural.
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Un concierto de mediodía que contó con la presencia de autoridades, equipos académicos, estudiantes y funcionarios de la universidad, quienes se sumaron a la comunidad vecinal del sector.
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La presentación en la universidad fue un trabajo colaborativo entre el Goethe-Institut, el Departamento de Música y Plataforma Cultural de la Universidad de Chile. Media Partner: Súper 45.
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Asistieron al encuentro el documentalista Sebastián Moreno; el director de Plataforma Cultural, profesor Pablo Brugnoli; la directora del Goethe-Institut, Verena Lehmkuhl; la cantante Emily Wittbrodt; la vicerrectora de Extensión y Comunicaciones, profesora Pilar Barba; junto al ensamble de la violonchelista: Sandro Hähnel, David Helm y Jan Philipp.
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La artista nacional Camila Bañados realizó la apertura del concierto junto a su banda. Interpretó canciones de "Viento 1.", su reciente álbum.
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Felipe González, mediador cultural, realizó una visita guiada por la muestra "Animalia" en la sala de exposiciones de MAPA, ubicada en el segundo piso de Plataforma Cultural.
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Sebastián Moreno, curador de "La ciudad de Pepe Moreno", guió un recorrido por la muestra que reúne más de 30 obras de su padre.
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Durante su visita a Chile, Wittbrodt también impartió "Things falling into place", una clase magistral dedicada a la creación musical colectiva a través de la improvisación, en la que invitó a los asistentes a explorar nuevas formas de escucha e interacción.
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Vecinas y vecinos cercanos al espacio ubicado en la comuna de Ñuñoa llegaron al lugar para ser parte del concierto, las visitas a las exposiciones y la oferta gastronómica.
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En el espacio ubicado en el campus Juan Gómez Millas, los equipos del Goethe-Institut y Plataforma Cultural dieron el vamos a las fechas de la artista en Santiago.

Entre el jazz contemporáneo, la improvisación, la experimentación sonora y la composición de canciones, la artista alemana Emily Wittbrodt (Bonn, 1994) ha desarrollado una propuesta musical que cruza lenguajes y explora las posibilidades expresivas del violonchelo y la voz. Su trabajo se sitúa en un territorio donde las fronteras entre géneros se vuelven permeables y conviven la formación clásica y lo no convencional, con el violonchelo como protagonista, instrumento que la ha acompañado durante toda su trayectoria y, cómo no, también en su visita a Chile.

El pasado sábado 24 de octubre, Wittbrodt se presentó junto a su ensamble en Plataforma Cultural como parte de su gira "Wearing Words", organizada en colaboración con el Goethe-Institut Chile. La jornada contó con una presentación de apertura de la música chilena Camila Bañados y con visitas guiadas a las exposiciones "La ciudad de Pepe Moreno", a cargo de su curador Sebastián Moreno, y "Animalia", en la sala de exhibiciones del Museo de Arte Popular Americano (MAPA).

Antes de su primer concierto en Santiago, la integrante de proyectos musicales como Hilde y The Dorf conversó sobre el vínculo entre música y lenguaje para "Visitantes", compartiendo sus impresiones sobre su primera visita a Latinoamérica y el intercambio con músicos y músicas de la escena chilena.

- La gira por Chile se titula "Wearing Words". ¿Cómo dialoga este concepto con tu propuesta musical? ¿Qué lugar ocupan las palabras en la relación que estableces entre el violonchelo, la voz y los demás instrumentos?

El título "Wearing Words" hace referencia al álbum que publiqué con esta formación en febrero de 2026. Elegí ese nombre porque las palabras desempeñaron un papel fundamental en el proceso de creación de las melodías. Al principio, escribí las piezas con textos provisionales, en los que las palabras funcionaban básicamente como marcadores de posición. Una vez terminadas las melodías, retiré esas palabras y las sustituí por otras nuevas, que son actualmente las letras que se escuchan en el álbum. Busqué palabras que encajaran exactamente en las melodías originales. Para mí, la literatura y la palabra, tanto hablada como escrita, ocupan un lugar muy importante, porque considero que el lenguaje y la música están estrechamente relacionados. Entiendo el violonchelo y la voz como medios de expresión casi idénticos. Mi objetivo es tocar el violonchelo como si fuera mi propia voz. Por eso compuse todas las piezas pensando en la combinación de violonchelo y voz. Los demás instrumentos se incorporaron después.

- En tu música convergen el jazz contemporáneo, la improvisación libre y la composición de canciones. ¿Cómo conviven estos lenguajes en tu proceso creativo y qué posibilidades te ofrece el violonchelo para transitar entre ellos?

En mi música, la expresión siempre está en primer plano. El medio a través del cual me expreso ocupa, en realidad, un lugar secundario. Para mí, importa menos si la música es improvisada o escrita y a qué género se puede asociar. El violonchelo me ofrece un vínculo perfecto entre distintos estilos musicales, así como entre la improvisación y la música escrita. Estos mundos también se conectan en mi propia trayectoria: primero estudié música clásica y, desde niña y durante la adolescencia, interpreté mucho repertorio de ese ámbito. Después estudié jazz y, actualmente, me dedico sobre todo a la música improvisada y experimental. Por eso, recurrir tanto al legado musical del violonchelo como a mi propia trayectoria, estrechamente ligada a este instrumento que llevo tocando toda la vida, me resulta especialmente hermoso.

- En tus presentaciones en vivo exploras distintas posibilidades sonoras. ¿Cómo trabajas con los elementos electrónicos para ampliar tu propuesta sin perder la calidez y la intimidad de los instrumentos acústicos?

En "Wearing Words" imaginé un sonido de banda principalmente acústico, basado en la interacción entre el acordeón, el clarinete, el clarinete bajo, la batería, el clavecín, la voz y el violonchelo. Creo que los elementos electrónicos amplían el espectro sonoro, pero no pienso tanto en términos de una distinción entre sonidos acústicos y electrónicos. Lo que me importa es el sonido global de la banda y cómo todos estos elementos se combinan para formar un cuerpo sonoro orgánico que funciona como un instrumento propio y trasciende a las personas que lo integran.

- Esta gira, presentada por el Goethe-Institut, recorre distintas ciudades del país, desde Valparaíso hasta Concepción. ¿Qué significa encontrarte con públicos y escenas musicales diversas, más allá de los circuitos de las grandes capitales?

Es una oportunidad enorme y un sueño hecho realidad poder conocer tantas ciudades y personas diferentes en Chile. Es mi primer viaje por el país y también mi primera visita a Latinoamérica. Estoy muy agradecida de poder establecer un contacto más directo con otros músicos y músicas, especialmente con las generaciones más jóvenes, a través de los talleres. Tuvimos un primer taller en Valparaíso y me pareció una experiencia tremendamente enriquecedora. Fue muy bonito trabajar, conversar y, sobre todo, tocar con artistas de Valparaíso, Santiago y de ciudades cercanas. Algunas incluso viajaron desde lugares más alejados para participar. Me impresionó sentir que, cuando todas las personas tenemos nuestros instrumentos, encontramos inmediatamente un lenguaje común y podemos empezar a contar una historia juntas, a pesar de vivir en realidades muy distintas y en continentes diferentes. Ni siquiera hablo español y, aun así, esa conexión se produce de forma natural a través de la música. Poder vivir estas experiencias, llevármelas conmigo de vuelta a casa y, al mismo tiempo, conocer la rica cultura musical de este país es algo que hace que las giras sean tan interesantes y se conviertan en experiencias de vida verdaderamente enriquecedoras.

- En tus conciertos al aire libre, ¿cómo influye el entorno en tu manera de abordar la improvisación en vivo?

Me gusta mucho tocar al aire libre, especialmente con este proyecto, porque las improvisaciones siempre nos dan espacio para reaccionar al entorno, interactuar con el viento, con los sonidos y con las palabras que escuchamos a nuestro alrededor e incluso incorporarlos a la música. Después, volvemos una y otra vez al material escrito. En "Wearing Words" las improvisaciones se alternan con las canciones, y me gusta mucho que esa combinación nos permita responder con libertad a lo que sucede en cada momento, más allá de las estructuras más acotadas de las composiciones escritas.

- En cada fecha de la gira participan artistas locales como invitados, entre ellos Camila Bañados en Santiago y Vane Bravo Trío en el Maule. ¿Has podido conocer sus proyectos? ¿Qué valor tiene para ti este intercambio con la escena musical chilena?

Me parece fantástica la idea de que en cada concierto que damos en Chile nos acompañe una banda local. Además, he podido familiarizarme con su música porque participé en el proceso de selección, algo que me alegró mucho y que también me resultó muy interesante. Creo que escuché 22 proyectos de distintas ciudades y pude elegir mis favoritos. Fue una decisión muy difícil, porque todos tenían una calidad artística extraordinaria. Con cada una de las bandas podía imaginar un intercambio muy interesante. Simplemente tenía muchas ganas de conocer a las personas que están detrás de esa música. Me parece realmente hermoso encontrarme con los músicos y las músicas locales, escuchar sus composiciones y conocer sus historias. Siento que eso permite integrar la gira más profundamente en el contexto de este país y evita que uno se sienta como si estuviera trayendo desde fuera un producto ajeno a la realidad local. Al contrario, se genera un diálogo con la escena musical chilena que enriquece el proyecto y le da una nueva dimensión.

- ¿Cómo llegaste a cuestionar el formato tradicional de concierto y a desarrollar una propuesta más libre, ligada a la composición y la improvisación?

En mi caso, no fue una decisión del todo consciente. Desde niña, a pesar de mi amor por el repertorio clásico, especialmente por la literatura para violonchelo, sentía un interés muy fuerte por escribir mi propia música. Siempre compuse, desde pequeña y durante la adolescencia, pero ese aspecto no tenía demasiado espacio dentro de mi formación clásica en Alemania. Cuando comencé a estudiar violonchelo en la Folkwang Universität der Künste, en Essen, entré en contacto con muchos bailarines y bailarinas. A través de ese encuentro con la danza, empecé a improvisar muchísimo y descubrí que esa era una forma de expresión en la que me sentía especialmente cómoda. Después de terminar mis estudios, decidí estudiar también música antigua, porque siempre había tenido la impresión de que la música barroca y antigua ofrecía mucho espacio para la improvisación, sin dejar de lado las estructuras más definidas del repertorio clásico. En aquel momento me pareció muy interesante, pero finalmente sentí que ese marco también me resultaba demasiado estrecho, así que decidí estudiar jazz en Colonia.

El proceso de liberarme de las estructuras de la música clásica comenzó bastante temprano. Sin embargo, dar el paso de decir "soy compositora, soy improvisadora, subo al escenario y expreso realmente lo que llevo dentro" fue algo distinto. Significó dejar atrás el profundo respeto, casi inculcado, que había aprendido a sentir en la música clásica hacia el compositor, que muchas veces era un hombre que escribía la obra, mientras yo debía limitarme a interpretarla. Romper con esa división fue realmente liberador para mí. No conozco lo suficiente la escena musical chilena como para hacer una comparación, pero sí puedo decir que en Alemania esa separación sigue estando muy arraigada y que solo lentamente comienza a desdibujarse.

- Para cerrar, ¿qué te gustaría que el público se llevara de tu concierto en Plataforma Cultural? ¿Qué experiencia emocional o sensorial esperas despertar en quienes escuchan tu música?

Lo que más me gustaría es que el público se fuera a casa conmovido después del concierto y que pudiera encontrar en mi música algo que conectara con su propia vida. Creo que la música, aunque haya sido compuesta tan lejos, en Alemania, concretamente en Colonia, puede transmitir algo universal. No necesariamente porque mis letras tengan un mensaje directo o respondan a una agenda determinada, sino porque existe algo en la música capaz de conmover y conectar a las personas más allá de las lenguas y las fronteras. Estoy segura de que el público chileno tiene esa apertura. Al menos, esa fue mi experiencia en el taller, donde todas las personas reaccionaron a nuestra música con muchísimo cariño y calidez. Si alguien se va a casa conmovido por alguna de mis composiciones, eso ya es un regalo enorme para mí. En realidad, ese es mi mayor objetivo.