Los movimientos feministas se han organizado por décadas en defensa de demandas progresistas y de los derechos de las mujeres. No obstante, las ideas vinculadas al matrimonio y la familia siguen movilizando a mujeres en torno a agendas conservadoras, donde se convierten en protagonistas.
Un reciente estudio de la profesora Isabel Castillo, de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, y Camilla Reuterswärd, de la Universidad de Uppsala, publicado en la revista Journal of Latin American Studies, de Cambridge University Press, examina las motivaciones de las mujeres para participar en movimientos basados en creencias religiosas conservadoras.
En un análisis comparativo, la investigación Women in Conservative Religious Mobilization in Latin America: Chile and Mexico in Comparative Perspective plantea que las mujeres involucradas en estos grupos buscan proteger su identidad y su rol como madres y esposas dentro de la estructura familiar tradicional, visiones que son promovidas mediante la religión y las instituciones eclesiásticas.
La profesora Isabel Castillo explica que esas "mujeres de sectores conservadores ven las políticas progresistas como una amenaza a sus formas de vida, que puede ser a veces directa, pero también indirecta, como que se cuestionen las formas que tienen de entender el mundo y su lugar en él". De esa forma, deciden asumir un rol activo en defensa de sus valores y creencias.
Asimismo, algunas de las investigaciones previas revisadas por las autoras señalan que, en determinados contextos, las mujeres religiosas presentan una mayor propensión que los hombres a adherir a interpretaciones literales de la Biblia, lo que puede reforzar las identidades de género tradicionales. En algunas denominaciones conservadoras, además, la maternidad se vincula con nociones de piedad y salvación.
El desarrollo de los movimientos de base religiosa
A partir de un análisis histórico de Chile y México, las investigadoras dan cuenta de la presencia de este fenómeno desde la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, en un contexto de tensiones entre liberales y conservadores.
Las mujeres tuvieron una participación destacada y se manifestaron a favor de la Iglesia y en contra de los intentos de secularización, como la separación entre la Iglesia y el Estado. Entre los procesos históricos observados por las especialistas se encuentran las reformas liberales impulsadas durante el gobierno de Benito Juárez, en la década de 1850, y las tensiones posteriores a la Revolución mexicana. En Chile, el estudio examina acontecimientos que van desde la Cuestión del Sacristán hasta los debates sobre censura cinematográfica en la década de 1910.
En México, la Iglesia católica tuvo históricamente una posición privilegiada frente al Estado. Esta relación comenzó a transformarse con las reformas liberales del siglo XIX y experimentó nuevas tensiones después de la Revolución mexicana. La Constitución de 1917 estableció distintas regulaciones sobre la relación entre las instituciones eclesiásticas y el Estado. Las tensiones posteriores desembocaron en la Rebelión Cristera, entre 1926 y 1929, un conflicto armado entre el Gobierno y milicianos católicos.
Durante la Rebelión Cristera, numerosos creyentes se organizaron en brigadas dedicadas a labores de inteligencia, abastecimiento y apoyo al conflicto armado. Las mujeres también desempeñaron un papel relevante en la defensa de las instituciones religiosas y en la reapertura de iglesias y escuelas. Mientras tanto, en Chile se desarrollaron iniciativas benéficas impulsadas por mujeres creyentes de élite, cuya labor, en el contexto de la Cuestión Social, buscaba además contrarrestar la expansión del socialismo entre las mujeres de clase trabajadora.
Otras características de estos movimientos
En ese sentido, el estudio recoge otras investigaciones que demuestran que las instituciones religiosas pueden facilitar la acción colectiva, aportando recursos y apoyo para la organización de los movimientos. Esto se vería favorecido porque, como explica Castillo, "las iglesias constituyen un espacio de comunidad donde se conversan estas cosas y se comparten preocupaciones".
La académica también destaca el papel de los sectores de mayores recursos en estas movilizaciones. En ese contexto, señala que la participación en estos grupos "tendía a ser muy de élite, y lo sigue siendo en buena medida en el mundo del activismo antiaborto, por ejemplo".
De esa forma, hacia mediados del siglo XX, tanto en Chile como en México se abrieron nuevos espacios de participación y autonomía femenina, aunque los discursos de estos movimientos continuaron promoviendo un modelo familiar tradicional, con el hombre como proveedor y las mujeres desempeñando principalmente el papel de madres y esposas.
Las movilizaciones en el siglo XXI
A comienzos del siglo XXI, los debates sobre el aborto, los derechos LGBTQ+ y la educación sexual adquirieron mayor visibilidad en América Latina. Las demandas progresistas experimentaron avances a distintos ritmos en Chile y México, mientras que los sectores religiosos conservadores organizaron nuevas formas de resistencia. En Chile, las políticas relacionadas con estas materias todavía eran muy restrictivas durante la década de 1990 y comienzos de los años 2000.
El estudio también identifica diferencias entre ambos países. Mientras en México el activismo religioso conservador mantiene un carácter predominantemente católico y se articula principalmente mediante organizaciones de la sociedad civil, en Chile han adquirido mayor protagonismo las organizaciones evangélicas y su participación en el ámbito político y electoral. Estas diferencias permiten observar cómo las movilizaciones religiosas se adaptan a los contextos sociales y políticos de cada país.
Las organizaciones religiosas conservadoras también han influido en el debate político mediante el apoyo de legisladores que comparten sus posiciones. En el caso chileno, Isabel Castillo expone que la resistencia a normas como la despenalización del aborto en tres causales (2017) y el matrimonio igualitario (2021) no logró impedir su aprobación.
No obstante, Isabel Castillo destaca que "sí han logrado tematizar fuertemente estas agendas", lo que ha contribuido a retrasar algunas iniciativas legislativas progresistas y a dar mayor visibilidad a sus posiciones en el debate político.
En este escenario, surgieron o adquirieron visibilidad diversas organizaciones no gubernamentales vinculadas a agendas conservadoras, como Reforma Chile (2015), el Observatorio Legislativo Cristiano (2017) y la Comisión Nacional Evangélica por la Familia (ConFamilia, 2017). Estas agrupaciones han participado en debates relacionados con el aborto, el matrimonio igualitario, la identidad de género y la educación sexual.
La investigación también examina las movilizaciones en torno a la educación sexual integral, uno de los ámbitos en que los grupos conservadores han conseguido influir en la discusión pública y obstaculizar avances legislativos en Chile. Estos casos muestran que, aunque las organizaciones religiosas no siempre logran impedir la aprobación de determinadas leyes, pueden mantener sus demandas presentes en la agenda política.
Para la académica Isabel Castillo, una de las principales contribuciones de este análisis es incorporar otras perspectivas para investigar estos fenómenos y entender la "variedad que existe dentro de las mujeres", en un escenario donde suelen recibir mayor atención las manifestaciones y demandas feministas. "Hay gente a la que le resulta contraintuitivo que sean mujeres quienes se movilicen en contra de la expansión de derechos", expresa. Asimismo, explica que busca "tratar de entender esa reacción dentro de la gran categoría de mujeres".