"A partir de un proceso reflexivo y colaborativo, como comité académico del programa, decidimos denominar a este tercer congreso Del laberinto de la violencia social a la colaboración: caminos para una educación en paz. Para ello, tomamos como base una premisa que compartimos: que la violencia no es escolar, es social y estructural e ingresa a la escuela", señaló la profesora Verónica Gallegos, coordinadora del Magíster en Gestión Educacional, que organizó el 3° Congreso Latinoamericano de Gestión Educacional y Liderazgo.
Dadas estas características, desde la perspectiva de la gestión educacional, "no podemos enfocarnos solo en la organización interna de los establecimientos educacionales y abordar desde ahí una problemática que es multicausal. Las organizaciones educativas deben ser sistemas abiertos para tener un impacto en la sociedad, estar en constante interacción con la comunidad y en diálogo interno permanente con sus trabajadores", enfatizó la profesora Gallegos en la jornada de apertura del 27 de octubre en la Plataforma Cultural.
Rodrigo Sánchez, académico del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, quien abrió la segunda y última jornada, el 28 de octubre, dijo que "me gustaría reconocer la escuela como institución violenta. En segundo lugar, lamentablemente la escuela ha perdido su sentido. En tercer lugar, los enfoques punitivos y reglamentarios con los que se han abordado problemas de convivencia tampoco han tenido efectos positivos; terminan siendo herramientas para el control y no para la buena convivencia".
A su juicio, es necesario cambiar el enfoque punitivo y reglamentario con el que se abordan las distintas manifestaciones de violencia. "Avanzar hacia un enfoque más educativo y participativo, sobre los sentidos de la educación. También es indispensable fortalecer las comunidades que se encuentran dañadas, rescatando sus historias e identidades locales. Por último, es indispensable contar con condiciones institucionales y laborales docentes mínimas para abordar este tema", planteó.
Por su parte, Camila Marchant, coordinadora de Postgrado de Educación, quien participó en representación de la Dirección del departamento, señaló: "Celebramos esta instancia orientada a levantar perspectivas críticas del sistema educativo y sus actores, promoviendo una cultura de paz".
La violencia abordada desde una dimensión biológica
Una de las conferencias magistrales estuvo a cargo del cirujano digestivo James Hamilton, autor del libro Homo exul. Cómo el hombre perdió su naturaleza y conoció la violencia, que busca entender el origen de la violencia y el abuso. En esta publicación se plantea por qué, en un momento preciso de la historia, los homínidos dejaron de cooperar y comenzaron a mostrar conductas violentas entre ellos.
Desde una perspectiva biológica, Hamilton expuso sobre la epigenética, que estudia los cambios en la actividad de los genes sin modificar la secuencia del ADN. Al respecto, señaló que estos cambios pueden tener efectos en la vida de las personas y hasta en dos generaciones posteriores. A modo de ejemplo, explicó que, si bien los gemelos idénticos comparten prácticamente la misma información genética, pueden presentar diferencias fenotípicas y de comportamiento.
"Los humanos son la única especie que se independiza del medio, y ser humano significa ser educado y aprendiz, donde el cuidado y la colaboración son fundamentales. A diferencia de otras especies, somos hipersociales. Pero hay un problema de género en la violencia porque la mayoría de las veces es ejercida por los hombres", comentó.
En relación con la epigenética, "somos generaciones muy traumatizadas por generaciones previas", fue parte de lo que expuso James Hamilton en su charla "El origen de la violencia y cómo el hombre ha perdido su naturaleza, renunciando a su esencia colaborativa".
Una mirada social de la violencia
La segunda conferencia magistral estuvo a cargo de Manuel Guerrero Antequera, doctor en sociología y académico del Departamento de Bioética y Humanidades Médicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, cuya labor investigativa se sitúa en la intersección entre sociología, bioética y los estudios sobre violencia, derechos humanos y memoria histórica. Es autor del libro Sociología de la masacre. La producción social de la violencia, que aborda desde una perspectiva teórica y empírica la complejidad con que se expresa y enfrenta la violencia, e invita a reflexionar sobre cómo llega a producirse una masacre.
Manuel Guerrero analizó la violencia desde una mirada social y abordó el papel de un cuarto actor frente a ella. Recordó que es hijo de profesores y que las escuelas no se sitúan por fuera de la violencia.
"En el caso de mi generación —yo tenía tres años para el golpe militar, durante los 80 tenía entre 10 y 15 años— había muchas ausencias si se hiciera el genograma. ¿Cuál sería el genograma de hoy? El espacio escolar está cruzado por la violencia y la historia. La traen los cuerpos, pero también se cruzan y la producen, y esta es una experiencia compartida en América Latina", relató.
Destacó que, para que ocurra la violencia, tiene que haber una comunidad que calla. "La mayoría de la sociedad frente a la violencia extrema suele quedar aterrorizada o escapar, y a través de esa inacción coproduce la violencia". Sin embargo, sostuvo que la escuela puede interrumpir ese espacio de violencia.
Su investigación, dijo, no llama a la acción heroica, porque los héroes son pocos. Más bien, identifica a un cuarto actor —que no es perpetrador, no es víctima ni es la población—, quien puede observar, recoger testimonios, sistematizar, denunciar, documentar y abrir la escucha para que esta violencia tenga una presencia distinta de la que busca el perpetrador.
Complementó diciendo que "no somos ni violentos ni altruistas por naturaleza, somos más bien evaluadores. La armonía es un horizonte hacia el cual tender, pero las sociedades son conflictivas". Sobre la violencia en sí, explicó que se trata de una práctica social situada, organizada y no necesariamente puramente racional, pues también está atravesada por elementos emocionales.
En el espacio escolar, Guerrero identificó entre los actores que pueden intervenir frente a la violencia a los centros de estudiantes, los gremios y las comunidades docentes, las familias y los apoderados, la Defensoría de la Niñez, así como a quienes investigan o informan sobre estos hechos.
Después de la violencia, cabe preguntarse: "¿Has perdonado? Es complejo. ¿Cómo hacer para no caer en nuevas violencias después de la violencia? En el caso del perdón podemos decir que hay un perdón posible, no perdón debido. Por último, recordar que solo el daño enseña miedo", indicó.
Variedad de líneas temáticas
El 28 de octubre se realizaron diversas mesas de conversación en el Departamento de Educación y en la Escuela de Postgrado. Entre las líneas temáticas abordadas estuvieron:
- Subjetivación de las violencias y su expresión en el espacio educativo.
- Políticas institucionales y dinámicas de colaboración en las comunidades educativas.
- Experiencias de gestión y liderazgo en las escuelas para una educación en paz.
- Convivencia y construcción de paz en las aulas.
En total, se presentaron 21 ponencias de investigadores y docentes de universidades, servicios locales de educación pública (SLEP) y establecimientos educacionales. Participaron representantes de diversas instituciones del país y de países como Colombia, Costa Rica y Perú, tanto de manera presencial como telemática.
Esta tercera edición del congreso se enfocó en los modos en que las comunidades escolares procesan las tensiones y construyen dinámicas de cooperación, con el propósito central de visibilizar y analizar experiencias concretas en las escuelas, las aulas y la comunidad, promoviendo un diálogo horizontal desde las realidades de los centros educativos latinoamericanos para comprender cómo se configuran las interacciones, el sentido de comunidad y los marcos de convivencia.
A continuación, el video de la sesión del 27 de octubre de 2026:
A continuación, la sesión del 28 de octubre de 2026: