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Día de la Antártica Chilena

Experto U. de Chile analiza los intereses geopolíticos que ponen la mirada en el continente blanco

Antártica: experto U. de Chile analiza los intereses geopolíticos
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La biodiversidad antártica es uno de los principales focos de protección ambiental del continente.
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Los cambios en las grandes masas de hielo pueden tener consecuencias para todo el planeta.
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Los pingüinos son parte de la rica fauna que habita el territorio antártico.
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La infraestructura y el apoyo logístico son fundamentales para la investigación científica.
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El trabajo en terreno permite estudiar los cambios que experimenta el continente blanco.
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Las expediciones científicas enfrentan condiciones climáticas extremas y grandes desafíos de desplazamiento.

Cada 6 de noviembre se conmemora el Día de la Antártica Chilena, fecha que recuerda el decreto de 1940 mediante el cual el presidente Pedro Aguirre Cerda fijó los límites del Territorio Chileno Antártico.

La Antártica es mucho más que un territorio remoto cubierto de hielo. Su importancia para el equilibrio ambiental del planeta, la disponibilidad futura de recursos naturales y las dinámicas geopolíticas internacionales la sitúan en el centro de un escenario de creciente interés científico y estratégico.

Su relevancia es difícil de dimensionar: concentra la mayor reserva de agua dulce del planeta y cumple un papel fundamental en la regulación del clima global. Por ello, cualquier transformación significativa en su comportamiento tiene consecuencias que trascienden sus propios límites geográficos.

Así lo explica Andrés Rivera, académico del Departamento de Geografía de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, quien advierte que uno de los principales desafíos científicos está en comprender cómo evolucionará el continente frente a los cambios climáticos y qué efectos podría tener una eventual pérdida sostenida de masa de hielo.

“Antártica es la principal reserva de agua dulce del planeta. Almacena un equivalente de 58 metros de nivel del mar global y constituye la principal fuente de enfriamiento del océano y la atmósfera. Sus cambios tienen impactos globales y su comportamiento futuro representa una gran incógnita, en especial si su balance de masa es negativo y empieza a aportar más agua al océano”, señala el académico.

Recursos naturales e intereses geopolíticos

Pero el valor de la Antártica no se limita a su dimensión ambiental. El océano Austral alberga una importante biodiversidad y especies con potencial pesquero, mientras que en su subsuelo podrían existir recursos energéticos como petróleo y gas. Esta riqueza ha despertado el interés de distintos países y ha dado lugar a controversias en torno a eventuales actividades de exploración.

Rivera menciona, por ejemplo, los trabajos prospectivos realizados por investigadores rusos en el subsuelo del océano Austral, un antecedente que permite dimensionar los intereses que convergen en esta región.

A ello se suman las reclamaciones territoriales históricas sobre la Antártica, algunas de las cuales se superponen, como ocurre con las de Chile, Argentina y Reino Unido. Aunque el Tratado Antártico mantiene estas reclamaciones sin resolver, constituyen un elemento relevante del escenario geopolítico regional.

- ¿Qué hace de la Antártica un territorio tan relevante para las potencias y cuáles son los intereses que están en juego?

“El océano Austral es muy rico en especies con potencial pesquero y su subsuelo también contiene petróleo y gas. En el pasado reciente esto ha generado controversias, por ejemplo, por trabajos prospectivos en el subsuelo del océano Austral por parte de investigadores rusos”.

El Tratado Antártico y la protección del continente

Sin embargo, a diferencia de otros territorios con importantes recursos naturales, la Antártica cuenta con un marco jurídico internacional destinado a preservar sus características ambientales y limitar las actividades que puedan comprometer su integridad.

Se trata del Sistema del Tratado Antártico, cuyo acuerdo fundacional fue firmado en 1959 y entró en vigor en 1961. Sus doce países firmantes originales, entre ellos Chile, establecieron un régimen que reserva el continente para fines pacíficos y la investigación científica, prohíbe las medidas de carácter militar, las explosiones nucleares y la eliminación de desechos radiactivos, entre otras disposiciones. El tratado permite, no obstante, el empleo de personal y equipamiento militar para fines científicos o pacíficos. Desde entonces, otros países se han incorporado al sistema.

Uno de los aspectos centrales de este acuerdo es que no obliga a renunciar a las reclamaciones de soberanía territorial existentes, pero establece que, mientras el tratado permanezca vigente, no podrán formularse nuevas reclamaciones ni ampliarse las ya existentes.

Para profundizar la protección ambiental del continente, en 1991 se firmó el Protocolo de Madrid, que entró en vigor en 1998. Este instrumento declara a la Antártica reserva natural dedicada a la paz y la ciencia y prohíbe las actividades relacionadas con los recursos minerales, salvo aquellas vinculadas a la investigación científica.

- ¿Qué tan sólido es este sistema de protección internacional frente a los intereses económicos y estratégicos que existen sobre la Antártica?

El académico advierte que, aunque el conjunto de acuerdos internacionales ha permitido establecer importantes resguardos, su continuidad no debe darse por garantizada.

“Este conjunto de acuerdos internacionales protege al continente de actividades que puedan dañar su medio ambiente o biodiversidad. Sin embargo, siempre cabe la posibilidad de que algunos de los países que en la actualidad son parte del Sistema Antártico se retiren y comiencen un camino propio”, plantea.

En ese escenario, uno de los hitos que merece especial atención es el mecanismo de revisión contemplado en el Protocolo de Madrid. A partir de 2048, cuando se cumplan 50 años de su entrada en vigor, cualquiera de las Partes Consultivas del Tratado Antártico podrá solicitar una conferencia para revisar su funcionamiento. Esto no implica que la prohibición minera expire automáticamente, pero sí abre una posibilidad de revisión, sujeta a condiciones estrictas, que adquiere relevancia frente a los intereses que despierta el continente.

Para Rivera, estas perspectivas constituyen una realidad geopolítica que Chile debe considerar en su política antártica, especialmente por su condición de país reclamante y su cercanía geográfica con el continente.

El papel de Chile en el futuro antártico

- ¿Qué papel debería asumir Chile frente a este escenario y cómo puede fortalecer su posición en el contexto internacional?

“Esta posibilidad de retirarse del Tratado o cuestionar el protocolo minero es una realidad geopolítica que no podemos soslayar, por lo que el Estado chileno debe ejercer sus intereses soberanos, aumentando y mejorando su investigación científica en Antártica. Esto constituye la mejor forma de defender nuestros intereses y mejorar nuestra posición geopolítica en el ámbito internacional”, sostiene.

Desde esta perspectiva, el desafío para Chile no consiste únicamente en mantener presencia física en el territorio, sino en desarrollar capacidades científicas, generar conocimiento y fortalecer las redes de colaboración internacional que permitan sostener una participación activa en las decisiones sobre el futuro del continente.

En esa línea, Rivera plantea que la presencia antártica debe comprenderse más allá de la instalación de bases e infraestructura. La investigación científica y el desarrollo de capacidades logísticas son componentes fundamentales para consolidar una política de Estado de largo plazo.

“La presencia antártica no debe verse sólo desde la perspectiva de la ocupación del territorio, con bases o infraestructuras, sino que, principalmente, con actividades científicas y logísticas de apoyo, que fortalezcan nuestra posición y permitan una mejor defensa de nuestros intereses estratégicos en el continente, los que se alinean bien con los preceptos del Tratado Antártico”, concluye.