Patricia Funes, historiadora de la U. de Buenos Aires, sobre proceso constituyente:

"Los procesos que son largos hay que analizarlos con un poco más de distancia y un poco menos de afectos"

La Dra. Patricia Funes, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina y académica de la Universidad de Buenos Aires, es especialista en el campo de las ideas políticas, sociales y en la memoria histórica de Latinoamérica. La académica fue invitada a las Jornadas de Estudios Latinoamericanos y Caribeños organizadas por el Centro de Estudios Culturales y Latinoamericanos (CECLA) de la U. de Chile durante la última semana de septiembre.

La historiadora trasandina, autora de numerosos artículos y libros, conversó con Prensa Uchile antes de dictar su conferencia magistral en este encuentro, titulada "Perímetros y volúmenes de la nación en América Latina. Inclusiones y exclusiones en el Siglo XX a la luz de las revisiones actuales". En esta conversación, reflexiona en torno al racismo, las nuevas derechas y el efecto de la plurinacionalidad en el plebiscito constitucional. “No existen las razas en la Historia, eso fue una construcción ficcional”, afirma.

- ¿Por qué el racismo es tan difícil de erradicar?

A veces parece que el racismo está disfrazado de muchas actitudes porque nadie se autopercibe racista. En general, el racismo es primero una actitud, pero además hay una teoría del racismo que explica las diferencias en función de cargas somáticas fenotípicas. No existen las razas en la Historia, eso fue una construcción ficcional, pseudocientífica, del positivismo darwinista de principios del Siglo XX que se dejó de lado después de las cruentas experiencias de la Segunda Guerra Mundial, concretamente del nazi fascismo y básicamente después de la llegada del Holocausto. Sin embargo, si reemplazamos la palabra raza por la palabra etnia, sustituir la palabra no deja de advertir que en las relaciones sociales y en las relaciones asimétricas de poder existe clasificación de personas como más aptas, menos aptas, más blancas, menos blancas y con actitudes más racionales o más irracionales. Y esto, además, ha tenido una especie de reactivación en las nuevas derechas, sobre todo por el problema de las migraciones en Europa. Ya vemos, por ejemplo, las elecciones de Italia.

Bueno, y uno de esos acicates, de esos miedos que se instalan es, por un lado, el tema del otro racial, que llega a desplazar de los puestos de trabajo a los ciudadanos y ciudadanas de los países. Los migrantes tienen esa doble condición: de ser el otro, el ilegal y el que te va a quitar el trabajo. Y el otro discurso colonialista de las nuevas derechas tiene que ver con lo que ellos llaman ideología de género. Hay allí otra instancia de subordinación y subalternización que analizar. Porque no es solamente un discurso que sea patrimonio exclusivo de las élites, sino que permea socialmente. Entonces, reflexionar sobre racismo y colonialismo es una instancia que es muy productiva. Yo creo que tanto la comunicación como la educación son pilares que nos jugarían a favor, a favor de sociedades más igualitarias, de más derechos y de menos miedos.

- ¿Cómo ve a Latinoamérica en estos momentos de transformación social?

Yo creo en la integración Latinoamericana. No es lírico lo que estoy diciendo. Es que teniendo ciertos acuerdos, sobre todo en el Cono Sur, se puede seguir en un mundo globalizado y bastante pesado, y establecer mejores condiciones sobre muchas cosas, como sobre los órganos de crédito o las Naciones Unidas, por ejemplo. Bueno, lo que pasó en Colombia con esa experiencia de Petro y Francia que es tan importante, también nos hacen ilusión. Esto es muy relevante porque ahora es un mundo muy difícil para América Latina y para todos los países periféricos. Por eso también es tan importante la victoria de (Gabriel) Boric en Chile, porque me parece que las derechas están más relacionadas entre sí que quizás otros sectores que tenemos empatías comunes, pero que es difícil trasladarlas a un escenario común.

Esto ya pasó, ocurrió en el año 2008. La Unasur, con sede acá en Chile, durante el gobierno de Michelle Bachelet, impidió el golpe de Estado a Evo Morales. No es lírico lo que digo. Esto ocurrió. Tenemos que recuperar esas experiencias afirmativas y esto también tiene que ver con las recuperaciones y los olvidos sobre nuestras propias experiencias.

- Esa memoria y las dictaduras son temas que usted ha estudiado, una historia que Argentina y Chile comparten ¿Cómo afectan hoy estos resabios o secuelas?

Yo creo que nos hermana con Chile las experiencias de las dictaduras, también las experiencias de procesos de memoria. Yo soy asesora académica de una institución universitaria que se llama Comisión por la Memoria, que hace políticas públicas ligadas al tema de los derechos humanos, recordando a los desaparecidos y a los niños apropiados en dictadura, pero además ampliando esos derechos humanos a otros lugares como la violencia institucional o las torturas en las cárceles, por ejemplo.

Las víctimas actuales de violencia institucional, de gatillo fácil, son jóvenes morochos. Las cárceles están llenas de jóvenes marrones, como algunos de ellos se autodenominan ¿no? Y bueno, creo que hemos aprendido mucho de la experiencia chilena, los chilenos han aprendido mucho de nuestras experiencias, hemos tenido sobre las dictaduras y sus memorias, muchos intercambios que han sido muy interesantes para ambos.

- ¿Cómo analiza el Chile post plebiscito constitucional?

El plebiscito se podía ganar o perder. El problema es por cuánto y entonces me parece que eso amerita algunas reflexiones. En principio también la plurinacionalidad, no es algo fácil trizar la idea de nación. La idea de nación es una idea que en general está blindada de símbolos, representaciones, historias y además es patrimonio en algún sentido del orden. Hay una relación entre nación-Estado-orden que es muy difícil de trizar. Bueno, en Bolivia tomó veinte años ese proceso. Desde la Guerra del Gas, la Guerra del Agua, la Constituyente, que tuvo muchos inconvenientes y duró dos años. Ahí por ejemplo, el 60% no hablaba español. Y eso en Sucre, que es una ciudad muy conservadora, muy blanca, que hace del hispanismo una de sus identidades.

Bueno, así que el tema de la plurinacionalidad es muy espinoso y muy difícil de comunicar. Y en general, lo que es difícil de comunicar, las derechas o los sectores que no están de acuerdo lo capitalizan también infundiendo miedos y dudas. Igualmente, creo que también deja unos aprendizajes. Este encuentro también ha servido para problematizar, aunque sea en borrador, de cara a otros futuros, porque no todo se perdió. Y esto es lo que me gustaría transmitir.

- ¿Un mensaje de esperanza?

Pero es que hay procesos que son muy largos. En Chile fue todo muy vertiginoso, desde el estallido a la Constituyente, a la elección de Boric, que fue tan celebrada por todos y tan esperada por muchos actores y actrices latinoamericanas que quieren una América Latina más unida, que quieren una América Latina más inclusiva, que quieren una América Latina con más derechos en un mundo complicado. Los procesos que son largos hay que analizarlos con un poco más de distancia y un poco menos de afectos, de esos afectos que están lastimados. Porque hubo un consenso muy fuerte acerca de que los pueblos originarios, concretamente los pueblos mapuche, tuvieran unos derechos que les habían sido conculcados en algún momento, había un consenso social amplio. Yo no creo que eso se haya perdido del todo. Creo que la plurinacionalidad ha sido utilizada o no se supo comunicar bien o por ahí no estaba tan clara la idea. Pero no, no se perdió todo. Yo soy una convencida. Hay que tener un poco más de paciencia y crear espacios de reflexión. Por eso me parecen tan valiosas estas jornadas.

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