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¿Maña o selectividad alimentaria?

Universidad de Chile Podcast: ¿Maña o selectividad alimentaria?
La selectividad alimentaria es una conducta persistente en el tiempo, donde niños y niñas incorporan un repertorio acotado de alimentos y rechazan otros dadas sus características física: color, textura, temperatura, etc.
La selectividad alimentaria es una conducta persistente en el tiempo, donde niños y niñas incorporan un repertorio acotado de alimentos y rechazan otros dadas sus características física: color, textura, temperatura, etc.
Durante la primera infancia, comer es toda una experiencia sensorial. En esta etapa, la dimensión cognitiva de la alimentación tiene tremendos desafíos, que como adultos podemos ir sorteando con mayor facilidad.
Durante la primera infancia, comer es toda una experiencia sensorial. En esta etapa, la dimensión cognitiva de la alimentación tiene tremendos desafíos, que como adultos podemos ir sorteando con mayor facilidad.
"Trabajar la selectividad es importante para un niño o adolescente porque le permite socializar, que vaya a la cena de fin de año o salga con sus compañeros y no tenga que estar aislándose para comer”, puntualiza Elinor Zumelzu. nutrióloga egresada de la U. de Chile.
"Trabajar la selectividad es importante para un niño o adolescente porque le permite socializar, que vaya a la cena de fin de año o salga con sus compañeros y no tenga que estar aislándose para comer”, puntualiza Elinor Zumelzu. nutrióloga egresada de la U. de Chile.
"A veces nos enfrentamos a niños que aceptan solo un determinado tipo o marca de producto, porque ese alimento es siempre predecible. A diferencia de las frutas, verduras y carnes donde la experiencia puede ser muy distinta", explica Valentina Escobar, terapeuta ocupacional U. de Chile.
"A veces nos enfrentamos a niños que aceptan solo un determinado tipo o marca de producto, porque ese alimento es siempre predecible. A diferencia de las frutas, verduras y carnes donde la experiencia puede ser muy distinta", explica Valentina Escobar, terapeuta ocupacional U. de Chile.
La selectividad no es un problema que cargue el niño y la niña de manera aislada, más bien está inserto en la dinámica familiar. Y por lo mismo, se debe observar el vínculo de los padres y madres con la alimentación.
La selectividad no es un problema que cargue el niño y la niña de manera aislada, más bien está inserto en la dinámica familiar. Y por lo mismo, se debe observar el vínculo de los padres y madres con la alimentación.

Si estás a cargo de niños o niñas, probablemente te has tenido que enfrentar a episodios tensos cuando te sientas a la mesa. La comida, un momento de encuentro para compartir en familia o amigos, rápidamente se puede tornar en un factor estresor, no solo para quien cuida de la buena alimentación, sino también para aquel niño o niña que no quiere comer.

Si te sientes representado, puede que te hayan tildado de mañoso o mañosa, e incluso obligado a comerte todo en el plato antes de salir a jugar. Pero, ¿podemos decir que todo es maña o hay algo detrás de dicha conducta? Muchas razones existen hoy para explicar este fenómeno, entre ellas, la selectividad alimentaria. 

La selectividad alimentaria es una conducta centrada en el tiempo, donde los niños y niñas pueden estar incorporando un repertorio acotado de alimentos en su ingesta o dieta, rechazar el incorporar ciertos alimentos dadas sus características físicas, como el color, la textura, la temperatura, etcétera. Y esto también puede estar alterando en gran medida la dinámica familiar, impactando en el peso y talla de los niños y niñas, debilitando el sistema inmune cuando esta selectividad es muy restringida”, comenta Valentina Escobar, terapeuta ocupacional egresada de la Escuela de Terapia Ocupacional de la Facultad de Medicina U. de Chile.

La profesional señala que durante la primera infancia, comer es toda una experiencia sensorial, donde se pone en juego cómo me enfrento a un alimento y cómo respondo ante las características físicas de los mismos. En este proceso, cuando somos niños y niñas, la dimensión cognitiva de la alimentación tiene tremendos desafíos, que como adultos podemos ir sorteando con mayor facilidad. Y por lo mismo, puede ser confuso comprender esta situación desde la mirada de madres y padres, señala Elinor Zumelzu, nutrióloga egresada de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Facultad de Medicina U. de Chile y actual Presidenta de la Rama de Nutrición de la Sociedad Chilena de Pediatría.

“Muchas veces estos niños son muy selectivos. Y dejan de comer ciertas cosas, pero comen otras porque les agrada el formato, por ejemplo, y ahí pueden presentar tanto obesidad como bajo peso, porque no se están restringiendo en todos los alimentos, sino que sólo en algunos. Entonces, la parte nutricional claramente es importante porque si tengo selectividad puedo verme bien por fuera, estar en un peso de acuerdo a mi estatura pero desnutrido. Así, en algún minuto dejan de crecer y puede afectar en un largo plazo”, indica la alumni de la Casa de Bello.

En este sentido, para Valentina Escobar, quien también es profesora de nuestro plantel, debemos identificar de forma oportuna el origen de esta selectividad y cuál fue la seguidilla de sucesos que hicieron que esta conducta sea sostenida en el tiempo. “Muchas veces llegan papás que consultan y dicen que sus hijos hace una semana están rechazando una comida que les encantaba. Y si bien es una conducta de alerta que podemos ir observando, no hay que asumir inmediatamente que hay una selectividad alimentaria. De hecho, es típico del desarrollo entre los dos y los seis años, donde se atraviesa por un periodo de neofobia y dejan de lado alimentos que antes habían incorporado”.

Trabajar la selectividad alimentaria desde la dinámica familiar

Todos somos selectivos con la comida, ya que preferimos ciertas preparaciones por sobre otras. De hecho, según la literatura, entre un 20% y hasta un 50% de los niños podría atravesar por una etapa transitoria de rechazo a ciertos alimentos. Pero una conducta que persista en el tiempo debe ser observada con mayor atención por especialistas de terapia ocupacional, fonoaudiología, nutrición y nutriología para evaluar si efectivamente hay un problema sensorial de por medio.

“Porque también sucede muchas veces que surge la selectividad alimentaria a propósito de eventos que son traumáticos para un niño o niña, y que no son traumáticos para uno como adulto”, señala Escobar. Y especifica: “Por ejemplo, algún proceso de enfermedad, desde dificultades gastrointestinales, momentos en los que no puedan defecar, gastritis, enfermedad respiratoria muy aguda y que les compromete no solamente emocionalmente, sino que también vomitan, etcétera. Entonces, se ven comprometidas sus ganas de comer”.

Sumado a esto, las profesionales señalan que la selectividad no es un problema que cargue el niño y la niña de manera aislada, más bien está inserto en la dinámica familiar. “Y por lo mismo, se debe observar el vínculo de los padres y madres con la alimentación”, indica la Doctora Zumelzu, especialista en nutrición con foco en pediatría. “Porque es muy distinto tener un padre aprehensivo que le da miedo cambiarle la alimentación al niño porque va a bajar más de peso, a tener un padre muy autoritario que lo va a castigar porque no come, lo que va a producir mayor patología porque menos va a comer el niño o niña. En este ejercicio se identifican las habilidades de los padres, los tipos de temperamento que tienen, si son muy sobreprotectores o no, entre otros”, indica.

Si piensas en tu infancia, quizás esto se aleje mucho de tu experiencia, donde en ocasiones sigue primando la cucharada a la fuerza. Pero lo cierto es que la forma en que se van resolviendo estos puntos críticos en la historia de vida de un niño son cruciales para su vínculo con la alimentación a futuro, los que pueden hacer que la selectividad aparezca y remita fácilmente, o crezca como una bola de nieve.

“Y se trabaja ahí con nutrición y con terapeutas ocupacionales para cambiarle la textura o la vista a ciertos alimentos, para que se puedan atrever a aproximarlos a la boca y comerlos. Y esto es súper importante para un niño o para un adolescente porque le permite socializar, porque permite que ese niño vaya a la cena de fin de año, vaya a un viaje de estudio, vaya a un fin de semana con sus compañeros y no tenga que estar aislándose para comer”, puntualiza Elinor Zumelzu.

Alteraciones del neurodesarrollo y selectividad alimentaria

Particular en este análisis son los casos de niños con alteraciones del neurodesarrollo, donde hasta un 89% de ellos puede presentar desafíos debido a las diferencias en el procesamiento sensorial, los patrones neuronales y las respuestas a los estímulos del entorno. Entre ellos, niños, niñas y jóvenes del espectro autista, donde los estudios han señalado mayor concurrencia entre el diagnóstico de autismo y factores como alteraciones en el procesamiento sensorial. “En ellos, lo que está más alterado en general es a nivel de boca”, explica Zumelzu, “entonces, lo que para ti puede ser algo agradable, como una papilla o un charquicán, para ellos puede ser una textura que la sienten como algo muy baboso y asqueroso. Eso lleva a que consuman ciertos alimentos más crujientes como galletas o cereales”. 

En torno a este último punto, Valentina Escobar complementa: “Los niños con autismo además de lo sensorial tienen muy marcada la inflexibilidad cognitiva, donde nos enfrentamos a niños que aceptan un determinado tipo o marca de galleta. Porque ese alimento es siempre predecible, anticipable, con las mismas características. Y ahí también entendemos por qué los grupos alimenticios como las proteínas, las verduras y las frutas son aquellas más rechazadas, porque son aquellos alimentos más variables en su formato. O sea, desde que yo cogí una manzana que por fuera se veía roja y crujiente, y en realidad estaba harinosa, se vuelve una pésima experiencia. Y a muchos niños y niñas les va a costar entender esa variedad de posibilidades que está fuera de nuestro control”.

A esto se suman otros diagnósticos del neurodesarrollo como el déficit atencional o discapacidad intelectual, que también están atravesados por aspectos cognitivos y que presentan mayores desafíos en funciones ejecutivas o cómo se disponen a los procesos de aprendizaje. Por lo mismo, el trabajo desde terapia ocupacional es fundamental, indica la profesora Escobar, “ya que vamos a buscar los orígenes de esta conducta y manejamos herramientas de integración sensorial, para el trabajo conductual, en torno a hábitos y rutinas que vamos a establecer también en la dinámica familiar”. 

La selectividad alimentaria es una conducta que sí o sí va a impactar a la familia en mayor o menor medida, las cuales pueden estar estresadas y agotadas dada la presión de entregar los cuidados básicos a los más pequeños. Por lo mismo, la ventana entre el inicio de la alimentación complementaria y los dos años de un niño o niña es importantísima para promover la variedad de alimentos y formatos más allá de la clásica papilla, previniendo que se gatillen situaciones de selectividad.

Si quieres saber más al respecto, te invitamos a revisar el capítulo 175 de Universidad de Chile Podcast. Ya disponible en Spotify, Tantaku, Apple Podcast y YouTube.