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Estudiantes del DGF midieron espesor óptico en observatorio solar del cerro Montezuma

Estudiantes del DGF midieron espesor óptico en observatorio solar Montezuma
La salida a terreno al observatorio solar de Montezuma fue parte de las actividades del curso, Radiación y Percepción Remota (GF5019) del Departamento de Geofísica (DGF).
La salida a terreno al observatorio solar de Montezuma fue parte de las actividades del curso, Radiación y Percepción Remota (GF5019) del Departamento de Geofísica (DGF).
La estudiante del Magíster en Meteorología y Climatología (MMC), Francisca Donoso, registra datos de radiación solar con un fotómetro CIMEL.
La estudiante del Magíster en Meteorología y Climatología (MMC), Francisca Donoso, registra datos de radiación solar con un fotómetro CIMEL.
“En disciplinas como las ciencias de la tierra las cosas cobran sentido cuando uno está midiendo en terreno y ese era el objetivo de esta campaña”, dijo el profesor Roberto Rondanelli.
“En disciplinas como las ciencias de la tierra las cosas cobran sentido cuando uno está midiendo en terreno y ese era el objetivo de esta campaña”, dijo el profesor Roberto Rondanelli.

Una campaña para medir espesor óptico en el observatorio solar de Montezuma, ubicado en la región de Antofagasta, realizaron estudiantes del curso, Radiación y Percepción Remota (GF5019) del Departamento de Geofísica (DGF).

En la actividad liderada por el académico del DGF, Roberto Rondanelli; el profesor auxiliar, Nicolás Aylwin; y el instrumentista, José Miguel Campillo, las y los estudiantes aplicaron la metodología utilizada en la primera mitad del siglo veinte por los astrofísicos del Instituto Smithsonian, Samuel Langley y Charles Abbott, para estudiar las variaciones de la radiación solar y su relación con el tiempo atmosférico.

“Me pareció que, en términos de aprendizaje, fue una gran experiencia. En disciplinas como las ciencias de la tierra y, particularmente, la Geofísica, las cosas cobran sentido cuando uno está midiendo en terreno y ese era el objetivo: someter a nuestras y nuestros estudiantes a pensar en cómo se mide, en los resguardos que hay que tomar con los datos y, además, permitirles conocer cómo son las condiciones que rodean el trabajo de campo donde se suele estar expuesto a condiciones climáticas no siempre favorables”, dijo el profesor Rondanelli.

El académico del DGF añadió que las mediciones fueron realizadas con tres tipos de fotómetros solares: uno CIMEL, perteneciente a la red global de fotómetros AERONET (Aerosol Robotic Network), que fue usado como instrumento patrón; cuatro construidos por el Laboratorio de Exploración Espacial y Planetaria (SPEL), de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM), en el marco de un proyecto de ciencia ciudadana; y uno de juguete al cual era necesario ingresar los datos obtenidos en forma manual.

Junto con destacar el valor de la experiencia de utilizar diferentes tipos de instrumentos para medir la intensidad de la radiación solar, el profesor Rondanelli mencionó que con el fotómetro CIMEL también fue posible medir la llamada columna de vapor de agua, un indicador que formaba parte de los cálculos de rutina llevadas a cabo por Langley y Abbot en el observatorio de Montezuma y que "logramos registrar después 80 años”.

Para las y los estudiantes del curso Radiación y Percepción Remota, la oportunidad de registrar datos y calcular la columna de vapor de agua en el desierto, tal como lo hicieron hace más de medio siglo los científicos Samuel Langley y Charles Abbot, fue calificada como “un gran privilegio”.

“La motivación científica fue suficiente para que no importara ni el frío ni los efectos de trabajar a dos mil metros de altura”, destacó la estudiante del DGF, Leonor Valdés, quien agregó que, “con el profesor Rondanelli hablamos mucho sobre la historia del observatorio y sobre cómo la oportunidad de hacer nuevas mediciones en el mismo sitio donde trabajaron Langley y Abbot nos permitiría continuar con la serie temporal iniciada por ellos y comparar condiciones atmosféricas en tiempos muy distantes”.

Por su parte, las y el estudiante del Magíster en Meteorología y Climatología (MMC) del DGF, Laura Batista, Francisca Donoso y Romain Bailly, no sólo coincidieron con la apreciación de Leonor Valdés, sino que también manifestaron su entusiasmo por la experiencia vivida.

“Tengo entendido que ir al observatorio Montezuma ha sido un sueño para estudiantes de generaciones anteriores del magíster y el hecho de que lo hayamos logrado concretar nosotros fue un tremendo hito. Ojalá esta salida a terreno se pueda replicar de la misma manera en el futuro”, sostuvo la estudiante Laura Batista.

Un planteamiento con el cual la estudiante Francisca Donoso reconoció estar de acuerdo en un cien por ciento. "A pesar del frío, el viento y la altura, visitar Montezuma fue algo que valió completamente la pena. Además, el hecho de que el magíster nos haya financiado el viaje al norte se siente como algo muy significativo. El profesor Rondanelli nos dijo que éramos las y los primeros estudiantes del DGF en ir a Montezuma, entonces, con mayor razón, sentimos que el trabajo que hicimos fue algo importante”, aseguró.

En esta línea, el estudiante del MMC, Romain Bailly, comentó que visitar un observatorio patrimonial como Montezuma y replicar las mediciones iniciadas hace décadas, pero con ayuda de la tecnología actual, le pareció “un ejercicio muy interesante”.

“La gente suele asociar el desierto de Atacama con el turismo, la actividad de las empresas mineras y nada más. Lo que no sabe es que también representa un patrimonio histórico y científico para la humanidad”, sostuvo Romain Bailly.

Sobre este último punto, el académico del DGF, Roberto Rondanelli, reafirmó la importancia de que las y los futuros geofísicos vivan la experiencia de “ir al cerro Montezuma, hacer mediciones, familiarizarse con los instrumentos y entender cómo nuestro territorio se inserta globalmente en la geofísica mundial”.

“Por sus condiciones de transparencia atmosférica, el norte de Chile sigue siendo un muy buen lugar para medir radiación y eso lo confirmamos en este terreno porque, a pesar de que las primeras horas nos tocó vivir una tormenta de arena, las condiciones mejoraron más tarde y eso nos permitió registrar casi un día y medio de datos. Este hecho demuestra que el sol es un patrimonio científico en Chile y eso es algo que siempre transmitimos a nuestras y nuestros estudiantes”, concluyó.

La campaña de medición de datos en el antiguo observatorio del cerro Montezuma fue realizada gracias al apoyo de la Sección de Meteorología del DGF y de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile.

Entre las y los estudiantes que participaron en el viaje se incluyeron Laura Batista, Francisca Donoso, Amanda Magnere, María Fernanda Ruedlinger, Leonor Valdés, Romain Bailly y Pablo Guglielmetti.