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Aprendizaje escolar

El 75% de los estudiantes de 3° básico presenta dificultades de comprensión lectora: ¿cómo fortalecer esta habilidad?

El 75% de estudiantes de 3° básico tiene dificultades de comprensión
Estudiante de educación básica leyendo durante clases
La investigación advierte que las dificultades lectoras pueden presentarse incluso en estudiantes que leen con fluidez, pero tienen problemas para comprender los textos.
Estudiante de educación básica leyendo durante clases
“No basta con decirle a un niño que lea más. Hay que identificar qué tipo de dificultad presenta e intervenir de manera específica”, dice Elvira Jéldrez.

Llegar a 3° básico leyendo en voz alta correctamente no significa necesariamente comprender lo que se lee. Un estudiante puede reconocer palabras con precisión y fluidez y, aun así, tener dificultades para comprender el significado de un texto.

Así lo muestra una investigación desarrollada por Macarena Silva y Elvira Jéldrez, académicas del Instituto de Estudios Avanzados en Educación e investigadoras del CIAE de la Universidad de Chile, junto a Kate Cain, académica de la Universidad de Lancaster, Reino Unido. El estudio evaluó a estudiantes de 2° a 6° básico de escuelas públicas de Santiago e identificó distintos perfiles de dificultades lectoras.

En el conjunto de la muestra, un 65% de los estudiantes presentó algún tipo de dificultad de comprensión lectora. Algunos tenían problemas tanto para decodificar como para comprender; otros podían leer las palabras adecuadamente, pero presentaban dificultades específicas para comprender el lenguaje y los textos.

En 3° básico, el 45% de los estudiantes presentó dificultades generales, es decir, problemas tanto en decodificación como en comprensión. Otro 30% tuvo dificultades específicas de comprensión y un 10% presentó dificultades de decodificación. Solo un 15% no mostró dificultades y no hubo estudiantes clasificados como sobresalientes en ese nivel.

“Algunos estudiantes tienen problemas específicos para decodificar palabras; otros pueden leerlas correctamente, pero no comprender el lenguaje o el texto; y un tercer grupo presenta dificultades en ambos componentes. Por eso, la evaluación debe ir más allá de observar si el estudiante logra leer en voz alta”, explica Elvira Jéldrez.

El estudiante que “lee bien”, pero no entiende

Uno de los perfiles más difíciles de detectar es el de quienes leen las palabras de manera adecuada, pero tienen problemas para comprender. En el estudio, un 19% del total de estudiantes evaluados presentó este perfil: obtuvo buenos resultados en decodificación y fluidez, pero bajos resultados en comprensión.

“Un niño puede leer las palabras de manera precisa y fluida y, aun así, tener dificultades importantes para comprender lo que lee”, advierte Jéldrez. “Algunas señales son la dificultad persistente para explicar con sus propias palabras lo leído, problemas para integrar información del texto o una brecha entre la capacidad para leer en voz alta y la capacidad para comprender”, agrega.

“Una posible razón por la que algunas dificultades permanecen ocultas es que el sistema puede detectar que un estudiante ‘lee’, pero no necesariamente evaluar con suficiente precisión qué está comprendiendo y por qué está teniendo dificultades”, plantea la investigadora.

Una dificultad que puede continuar en cursos superiores

El estudio no siguió longitudinalmente a los mismos estudiantes, por lo que no permite afirmar que una dificultad en 3° básico causará determinados resultados en los cursos posteriores, aseguran las investigadoras. Sin embargo, las dificultades lectoras también aparecen en niveles superiores: en 6° básico, por ejemplo, un 36% de los estudiantes presentó dificultades de decodificación.

“Un estudiante puede avanzar de curso sin haber adquirido una habilidad básica y enfrentarse a textos cada vez más complejos sin contar con todas las herramientas necesarias para comprenderlos”, dice Jéldrez.

La comprensión lectora es fundamental para aprender en las distintas asignaturas. Por eso, es crucial abordar las dificultades lectoras antes de avanzar de nivel educativo.

La motivación también importa

La investigación detectó una asociación entre la motivación lectora y la comprensión. La valoración de la lectura y la percepción de autoeficacia se relacionaron positivamente con la comprensión, mientras que la desvaloración de la lectura se relacionó negativamente.

Los estudiantes con dificultades generales percibían la lectura como más difícil y la valoraban menos que quienes no presentaban dificultades.

“Trabajar únicamente las habilidades lingüísticas puede ser insuficiente”, señala Jéldrez. “La intervención”, agrega, “debe ayudar al estudiante a desarrollar sus habilidades, experimentar éxito y reconocer sus avances”.

Por eso, las académicas proponen trabajar en tres ámbitos: decodificación, comprensión y motivación. Esto implica reforzar la relación entre grafemas y fonemas, realizar pausas y preguntas durante la lectura, incorporar los intereses de los estudiantes y reconocer sus progresos.

No basta con decirle a un niño que lea más. Hay que identificar qué tipo de dificultad presenta e intervenir de manera específica”, sostiene la investigadora.

Según Jéldrez, la principal alerta del estudio es que no basta con preguntar si un niño o niña sabe leer. También es necesario identificar cómo está leyendo, qué está comprendiendo y qué tipo de apoyo necesita para que sea un lector o una lectora más competente.