Con el objetivo de generar un espacio de aprendizaje y reflexión profunda en torno a la escucha activa y la presencia, la Escuela de Salud Pública (ESP) finalizó la ejecución del proyecto "Mindfulness en la Comunicación: conciencia de cuerpo, emociones y relaciones en la Escuela de Salud Pública". La iniciativa fue impulsada por un equipo compuesto por Alejandra Fuentes-García, Andrea Cortinez O'Ryan, Paula Andrea Aranibar y Catherine Sanhueza Cordero. El programa constó de cuatro sesiones, divididas en dos encuentros virtuales y dos presenciales, guiadas por la profesora facilitadora Paula Andrea Aranibar y la experta Cristina Fuentes Antoniazzi, doctora en Teatro, Danza y Performance.

Para Alejandra Fuentes-García, académica y co-creadora del proyecto, la instancia representó una oportunidad fundamental para la institución. "Creo que es una gran iniciativa que haya un fondo para poder concursarlo para proyectos que tienen que ver con el bienestar de la comunidad de la escuela", señaló la académica, destacando que el objetivo del equipo era adquirir "herramientas que nos pueden servir para mejorar la comunicación, primero con nosotros mismos y la regulación emocional, pero también con los otros".
Además, enfatizó el valor de la integración: "Nos planteamos poder realizar este taller que nos parecía que tenía que tener siempre como un doble objetivo. Por una parte aprender herramientas de mindfulness, pero también que significara un espacio de compartir con personas de la escuela que uno no necesariamente tiene posibilidades de conversar... y que se rompieran quizás algunas de las jerarquías que tenemos habitualmente en el trabajo".
Desde el aspecto pedagógico, la profesora facilitadora Cristina Fuentes Antoniazzi, detalló que el proceso buscó desmitificar la meditación como un estado inalcanzable. "Al principio existía esta sensación de que teníamos que lograr un estado como de paz o de quietud, que era muy ajeno a lo que cada uno estaba viviendo. Y lo que yo siento que fue más bonito en el proceso es entender que no hay que llegar a ninguna parte, sino que es cómo trabajamos con nosotros tal cual, cómo estamos", explicó Fuentes Antoniazzi.
El trabajo evolucionó desde los principios teóricos hacia la conciencia encarnada y el manejo de la incomodidad emocional, bajo la premisa de que "el permitirnos detenernos y sentir, notar lo que estamos sintiendo nos puede ayudar a tener relaciones con mayor confianza".
El impacto de la horizontalidad y la construcción de red comunitaria
El diseño triestamental del taller fue uno de los elementos más transformadores para los asistentes, permitiendo diluir las barreras tradicionales del entorno académico. Ruth Fernández, perteneciente al personal de colaboración, relató cómo el espacio seguro propició su apertura: "Me cuesta mucho el concentrarme, meditar, meterte en ti, pero como que te hace reaccionar y vuelves [...] Me gustó también el que sea triestamental, también ayuda, porque no existe una diferencia, no existe ni tú ni yo, eramos todos uno y también un poco, ya no es vergüenza, pero a veces te limita el participar, el actuar. Acá no, como que te daba esa libertad, el minuto y el espacio te favorecían esa libertad de expresión en el fondo, corporativa y mental".
Esta visión fue compartida por el estamento estudiantil. Sebastián Pozo Sánchez, médico que cursa un programa de especialidad y el Magíster de Salud Pública, valoró salir de la dinámica habitual del aula. "Ha sido bien interesante que la escuela dé estas oportunidades de construir comunidad, de dar oportunidades para poder compartir con gente que no es solamente de mi programa, sino con funcionarios y con los mismos profesores", indicó. Sobre el impacto en su formación, Pozo Sánchez agregó: "Siento que te da herramientas por una parte para enfrentar como la exigencia, la carga estudiantil, pero también como para desarrollar herramientas o nociones para la vida diaria en verdad. Me hace pensar en la visión un poco que quiere entregar la universidad, de que si bien obviamente que el contenido como académico formal es muy importante... también esta faceta más humana, más relacional".
La participación y el genuino interés de los organizadores consolidaron el éxito de la convocatoria. "Siento que no hubiera podido lograr la confianza y la participación de los asistentes, sin que estuvieran presentes las gestoras del proyecto, personas claves que también eran parte del taller", valoró la facilitadora Cristina Fuentes Antoniazzi sobre el respaldo del equipo creador.
Finalmente, el balance institucional respecto al objetivo del taller y a lo que se propone el fondo es sumamente positivo. "Creo que con creces se cumplió", concluyó la académica Alejandra Fuentes-García, confirmando que en el proyecto "quedó instalada la idea de poder hacer otra versión, tal como lo plantearon varias de las personas que participaron".
A su vez, el estudiante Sebastián Pozo Sánchez reforzó este llamado a futuro asegurando que "la señal es clara, que se trata de construir comunidad y siento que se debe seguir potenciando esa línea de desarrollo en la escuela".
