Gracias a su cuento Aves de corral, Melina Leiva se quedó con una de las cinco menciones honrosas del concurso de cuentos Marta Brunet. Al igual que la ganadora del Premio Nacional de Literatura, la infancia y adolescencia de Melina transcurrieron en el mundo rural, en su caso, a 30 kilómetros de la capital argentina, en la ciudad de Caucete. Rápidamente su interés por la lectura se hizo presente, partiendo con la colección de cuentos clásicos que había en casa.
Títulos como La Odisea, Los tres mosqueteros, El último mohicano, o incluso textos sobre mitología grecorromana y nórdica, “todos eran libros que no eran ni míos ni de mis hermanos, pero los leía de igual manera”, explica. Cuando sus padres notaron el tiempo que pasaba leyendo, empezaron a traer a casa otros libros para ella, como cuentos o novelas. “Dailan Kifki, de María Elena Walsh, era de mis favoritos en esa época”.
Su cuento, Aves de corral, toca temáticas cercanas a la maternidad, la pérdida, el tratamiento de los cuerpos y las tensiones familiares, y fue descrito por el jurado como “austero y de gran impacto emocional”.
¿Cómo surgió tu interés por la lectura?
Surgió naturalmente, gracias a la curiosidad y al aburrimiento. Por suerte en casa había libros, y desde que aprendí a leer me pasaba las siestas leyendo. Encontré en la lectura y después en la escritura un espacio no sólo de entretenimiento, sino también de enajenación.
¿Qué te motivó a escribir el cuento ganador en esta versión del concurso Marta Brunet?
Aves de corral es parte de una serie de cuentos en los que estoy trabajando, y que comparten ciertas temáticas como la maternidad, la pérdida, el tratamiento de los cuerpos y las tensiones familiares.
La pandemia es, de alguna manera, la motivación que se encuentra detrás de estos relatos. Con el cuento del concurso en particular, me motivó también mi propia maternidad, la experiencia de estar embarazada y el destrato, la violencia obstétrica, la indiferencia que a veces vivimos las mujeres en centros médicos.
¿Por qué crees que es importante plasmar las ideas en la escritura?
Hay muchas razones y pueden ser diferentes para cada persona. Para mí está vinculado a una necesidad, a mi propia identidad. Escribo desde muy chica; al principio era una especie de terapia autoimpuesta, después con el tiempo se fue resignificando.
Supongo que en el proceso fui descubriendo y trabajando la propia voz autoral (que por supuesto sigue en construcción) y me fui dando cuenta que hay algo que tengo para decir, que puedo exponer estos procesos y hacer pública mi escritura.
¿Por qué crees que es relevante potenciar espacios que promueven la cultura en nuestro país?
Son estos espacios generalmente los que permiten que aparezcan voces nuevas, así como también democratizan la cultura para quienes consumen. Argentina hoy es un ejemplo claro de cómo el desmantelamiento de espacios culturales y educativos abre aún más las brechas sociales existentes.
Es importante, por lo tanto, que Chile pueda observar y tomar nota, proteger aquellos espacios culturales y seguir promulgando la apertura de espacios nuevos como este, que apuestan por las voces de mujeres.
¿Conocías a Marta Brunet antes de concursar?
Sí, la conocía, había leído cuentos de ella, y algo que me gusta mucho y de alguna manera me siento identificada es con el ambiente y la voz rural que aparece en sus textos.
¿Qué significa para ti recibir este premio?
Recibir esta distinción es muy importante para mí; significa dar un paso más en este camino de pasar de lo privado a lo público en la escritura. También es muy importante porque, como dije anteriormente, es un espacio que le da apertura a las mujeres, los cuales no son muy comunes incluso en el deconstruido espacio de la literatura.
¿Qué mensaje enviarías a las futuras generaciones para seguir escribiendo?
Les diría que la escritura es un hilo de muchos cabos que uno puede seguir, y que la simple exploración ya vale la pena. Les aconsejaría que busquen espacios de crecimiento y de formación como son los talleres literarios, donde la lectura de otros, la constante exposición permiten tener un crecimiento sostenido.
Les diría, sobre todo, que no se desanimen; la escritura no es un don otorgado por los dioses, sino el producto de la práctica y la constancia. Siempre hay espacio para el crecimiento, para seguir trabajando los textos, para encontrar la propia zona de escritura o la propia voz.