Kristiina Kumpulainen es una destacada académica finlandesa cuya investigación ha estado dedicada, entre otros temas, a ofrecer nuevos marcos para estudiar los complejos desafíos pedagógicos de la era digital, con foco en niños y niñas y en su capacidad de agencia. Doctora en Educación por la University of Exeter, Reino Unido, es actualmente profesora y jefa del Departamento de Educación en Lenguaje y Alfabetización de la Facultad de Educación de la University of British Columbia (UBC), Canadá.
Integrante del comité científico internacional del CIAE, centro ANID albergado en el Instituto de Estudios Avanzados en Educación de la Universidad de Chile, visitó nuestro país a fines de enero en el marco del proyecto FOVI 240005, titulado “Comprendiendo la relevancia del juego en educación parvularia”, de ANID. La iniciativa es liderada por la investigadora y académica del IE, Marcela Pardo, y busca generar una red de investigación internacional orientada a comprender mejor la relevancia del juego en educación parvularia, en el contexto de escolarización de este nivel educacional en Chile.
En medio de su nutrida agenda, que incluyó reuniones con la dirección del IE y del CIAE y talleres con profesionales de los Servicios Locales de Educación, dedicó parte de su tiempo a conversar con el equipo del CIAE sobre algunos de los focos de su investigación, entre ellos el desarrollo de marcos innovadores para abordar las demandas pedagógicas de la era digital y del cambio climático, así como la importancia del juego en la educación. También reflexionó sobre los desafíos que esto implica para quienes investigan y sobre cómo acercar dicha evidencia a los tomadores de decisión.
-Uno de sus temas de investigación es la relación de los niños con el ecosistema y el cambio climático. ¿Cómo desarrollar una narrativa sobre la imaginación ecológica en esta era digital?
Las investigaciones muestran que los niños también tienen muchas preguntas sobre las transformaciones de los entornos naturales y los efectos del cambio climático. ¿Cómo abordar sus preguntas? He desarrollado una aplicación que permite a los niños crear historias sobre los lugares y entornos que son importantes para ellos. A algunos niños esto les permite comunicar mucho más fácilmente sus experiencias que si se les pidiera escribir una historia tradicional o explicar oralmente lo que han vivido y cuáles son sus preocupaciones. Así, el elemento digital también sirve para que los niños puedan documentar y compartir sus experiencias de muchas formas diferentes. Cuando se documenta este tipo de material digital, este se convierte —como en algunos de mis proyectos de investigación— en una exposición donde estas voces pueden experimentarse de forma más amplia.
-Usted ha investigado cómo los contextos configuran las oportunidades educativas. ¿Cómo se puede dar agencia a niños y niñas a través de investigaciones como la que usted describe?
Tenemos que encontrar formas de utilizar el mundo digital en la educación para ampliar las oportunidades de los niños de expresarse, documentar sus pensamientos y compartir sus ideas, mundos, pensamientos y preocupaciones. No me gusta ver que la tecnología se utilice de forma que los niños queden en un rol pasivo y sean solo usuarios de contenidos. Para mí, el principio pedagógico y el interés de investigaciones y proyectos como el que les describo residen realmente en la agencia de los niños, en su voz, en sus propias formas de utilizar herramientas tan sencillas como las cámaras y los videos. Por lo tanto, creo que esa es también mi lección para los educadores y los investigadores: debemos promover este tipo de uso de la tecnología, que da voz a los niños y les entrega agencia.
-¿Cuál es el rol de los investigadores en los entornos donde se desenvuelven los niños y en la promoción de su participación activa?
Debemos ser conscientes de la otra cara de la moneda: la tecnología no es la única forma, pero sí una forma importante de experimentar y relacionarse con los lugares que habitan los niños. Es nuestra responsabilidad como investigadores explorar estas formas de utilizar la tecnología, por ejemplo, para la educación sobre el cambio climático y la educación medioambiental, que puede relacionarse fácilmente con la historia del lugar, la alfabetización, la narración de cuentos y el uso significativo de la tecnología. Por lo tanto, creo que este tipo de actividades son un modelo de proyectos interdisciplinarios en los que incluso los niños pequeños pueden participar y que nos permiten pensar, desde diferentes dimensiones, en lo que los niños pueden estar aprendiendo mientras participan en estas actividades.
-¿Cómo puede este enfoque transformar la relación entre el mundo académico y la realidad cotidiana de la escuela, con los niños como protagonistas?
Se trata de una investigación que podría denominarse participativa, en la que los investigadores colaboran con centros de educación infantil o escuelas, profesores, niños y, a veces, sus padres, y juntos dan forma a un proyecto viable en el contexto del que forman parte. En algunas escuelas puede haber más herramientas tecnológicas que en otras, por lo que la actividad se puede diseñar de distintas maneras. No todo el mundo tiene un computador portátil o un teléfono móvil, por lo que se trabaja en grupo y se utilizan diferentes métodos pedagógicos, de modo que incluso las escuelas con recursos limitados pueden llevar a cabo estas actividades.
Por lo tanto, diría que esta colaboración es muy participativa y que esta investigación evoluciona junto con el contexto, las personas y los recursos. Hoy en día aprecio cada vez más este tipo de compromiso auténtico, en el que todo el mundo aprende, incluso los investigadores, quienes pueden aportar su investigación, sus conocimientos y lo que yo llamaría principios de diseño, que esperan llevar a cabo en un contexto concreto, pero que luego, junto con la comunidad escolar, pueden debatir y planificar en conjunto cuál será el resultado e intentar asegurarse de que esos principios se lleven a la práctica.
Lo que estoy describiendo es una investigación cualitativa, altamente participativa, que es muy valiosa hoy en día en la literatura educativa. A lo largo de mi trayectoria, con más de 30 años de investigación, creo que avanzamos hacia este tipo de investigación. Puede haber otros tipos de investigación más adecuados para otras preguntas, pero es importante comprender que, en realidad, el investigador es un participante en la investigación y no un observador externo, clínico y ajeno a ella.
-¿Cómo pueden las experiencias y opiniones de los niños influir en las agendas de políticas públicas?
Los resultados más importantes de este tipo de investigaciones pueden mostrar cómo dar a los niños múltiples oportunidades para expresarse y difundir su pensamiento y su voz en la comunidad. Estos principios básicos podrían documentarse e incidir en el desarrollo de políticas y planes de estudio. Si existen oportunidades de desarrollo profesional, se puede formar a docentes para que se conviertan en embajadores y defensores de estos enfoques, de modo que puedan cultivar estas prácticas en sus zonas locales.
Así que creo que, en este caso, este tipo de investigación está mucho más cerca de la realidad. Para los tomadores de decisión, puede ayudar a pensar el currículo. Para los diseñadores pedagógicos, esto puede dar ideas sobre qué hacer.
-¿Cómo integrar este enfoque en la educación sobre el cambio climático?
Yo no soy indígena, pero en Finlandia hay una población sami y ahora vivo en Canadá, en Columbia Británica, y el conocimiento indígena, así como la comprensión y el aprecio de las formas indígenas de conocer y relacionarse con el mundo, me parecen muy importantes. También son una forma de educar a los niños para que aprecien diferentes epistemologías y cómo los seres humanos se han relacionado durante siglos con los lugares y cómo estos lugares, los bosques, por ejemplo, hablan. Ahora que el mundo está cambiando debido al cambio climático, es aún más relevante observar esos procesos. Creo que incluso los niños pequeños merecen más educación y que los profesores necesitan más herramientas y reflexiones sobre lo que esto podría significar.
-Usted ha planteado una integración entre tecnología, juego y naturaleza. ¿Qué lugar ocupa hoy el juego en este contexto?
El juego es muy relevante para los niños e incluso para el aprendizaje intergeneracional. Los ingredientes que caracterizan el juego —la agencia de los niños, el entusiasmo, el interés, el sentido de pertenencia, la experimentación y la creación de significado con el mundo— deben formar parte de la pedagogía para los niños y, por qué no, incluso para los adultos. Tenemos que intentar integrar esos principios en los contextos educativos cuando aprendemos sobre los lugares, sobre el cambio climático, sobre cómo apreciar diferentes epistemologías que provienen de distintas culturas y han existido durante mucho tiempo, y considerar críticamente hacia dónde vamos, incluso desde edades tempranas.
Pero esto puede y debe abordarse de una manera lúdica, que también entregue esperanza y posibilidades constructivas para crear el futuro. La educación siempre tiene que ver con la esperanza y con mejorar lo que existe, y creo que debemos mantenerla así. Por lo tanto, aunque damos a los niños la oportunidad de debatir sus preocupaciones e inquietudes sobre el cambio climático, el juego también aporta esta dimensión de futuro y esperanza a las actividades.