El verano comienza a despedirse y son múltiples los cambios, entre ellos, la disponibilidad de frutas y verduras en el país. Este 20 de marzo inicia oficialmente el otoño, una transición que se nota no solo en el descenso de las temperaturas y en días más cortos, sino también en los productos que comienzan a predominar en ferias y supermercados.
A medida que disminuyen los alimentos característicos de la temporada estival, aparecen otros propios de esta época del año, lo que también marca cambios en la alimentación cotidiana.
Alimentos de temporada y producción agrícola
Según explica el especialista Gabino Reginato, decano de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, este recambio responde a los ciclos productivos propios de las estaciones. “Desde el punto de vista productivo, las manzanas, peras, kiwis, membrillos, murtillas, nueces, avellanas europeas, avellanas chilenas y castañas son especies cuya cosecha es característica de otoño”, explica la autoridad.
La presencia de estos productos en el mercado, agrega, no depende solo del momento de cosecha, sino también de su capacidad de conservación. Una dinámica que también incide en los precios de estos productos. Según el académico, cuando existe mayor volumen disponible, los valores tienden a disminuir, mientras que la escasez eleva los precios. Por eso, optar por alimentos de temporada no solo permite acceder a productos frescos, sino también, muchas veces, a alternativas más convenientes para el bolsillo.
Además, sostiene que la fruticultura chilena es una actividad clave para el país, tanto en términos económicos como sociales. “Es una fuente de trabajo importante para las comunidades rurales, pues la cosecha manual sigue siendo la forma de cosechar más importante para la fruta fresca”, señala.
Junto con ello, plantea que las condiciones propias del otoño también inciden en la calidad de ciertos productos. “Las noches frías, por ejemplo, benefician la coloración roja de las manzanas o la acidez de algunos vinos”, indica.
Cómo adaptar la alimentación en los meses más fríos
Desde una perspectiva nutricional, Carmen Gloria González, nutricionista del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile, enfatiza que el cambio de estación también invita a ajustar la alimentación diaria, sin dejar de lado los alimentos frescos ni el equilibrio nutricional. “Es recomendable incorporar preparaciones más cálidas, como sopas y guisos, sin dejar de lado el consumo de alimentos frescos”, explica la especialista.
En ese marco, recomienda seguir priorizando alimentos de temporada, entre ellos:
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Frutas: manzana, pera, naranja, mandarina y kiwi.
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Verduras: zapallo, zanahoria, betarraga, espinaca, brócoli y coliflor.
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Frutos secos: nueces, almendras y avellanas.
Estos alimentos aportan grasas saludables, vitaminas, minerales, fibra y compuestos antioxidantes que contribuyen al funcionamiento del sistema inmune y al bienestar general. Entre los nutrientes que cobran especial relevancia en esta época, la especialista menciona la vitamina C, la vitamina D, el zinc y la vitamina A.
La nutricionista, además, advierte que el otoño suele venir acompañado de errores frecuentes en la alimentación. Uno de ellos es aumentar el consumo de productos altos en calorías, azúcares y grasas, especialmente ultraprocesados, bajo la idea de que el cuerpo necesita “más energía” para enfrentar el frío.
Igualmente común es descuidar el consumo de agua. “La sensación de sed puede disminuir, pero eso no significa que las necesidades hídricas sean menores”, señala. Por ello, recomienda mantener la hidratación a través de agua, infusiones, caldos y otras preparaciones líquidas, evitando bebidas azucaradas.
Ambos especialistas coinciden en que el otoño puede ser una oportunidad para reforzar hábitos saludables y reorganizar la alimentación cotidiana en función de los productos de temporada. Priorizar alimentos frescos, variados y propios de esta época no solo favorece una dieta equilibrada, sino que también permite vincular la alimentación con los ritmos productivos y las necesidades propias de los meses más fríos.