La emotiva ceremonia se realizó el miércoles 18 de marzo en el auditorio Enrique d’Etigny de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM), y reunió a la Rectora Rosa Devés Alessandri, al decano Francisco Martínez Concha, autoridades universitarias, académicas y académicos, estudiantes, colegas, amistades y familiares, quienes fueron parte de un homenaje marcado por el reconocimiento y la gratitud.
Con más de 50 años de vínculo con la Universidad, el profesor Pino es una figura clave en la historia de la computación en Chile. Como uno de los fundadores del Departamento de Ciencias de la Computación (DCC) en 1975, contribuyó a consolidar esta disciplina dentro de la ingeniería, en un contexto en que aún buscaba su lugar en el ámbito académico. Su trabajo fue fundamental en la creación e impulso de programas que hoy son pilares de la Facultad, como el Magíster en Ciencias, mención Computación, la carrera de Ingeniería Civil en Computación y el Doctorado en Ciencias, mención Computación. A ello se suma su participación en el desarrollo del Magíster en Tecnologías de la Información, más de 200 publicaciones científicas y la creación de BIRDS, el primer software nacional comercializado internacionalmente.
Su labor en la organización científica y académica ha sido igualmente relevante. Fue fundador de la Sociedad Chilena de Ciencias de la Computación, que presidió, y del Centro Latinoamericano de Estudios en Informática (CLEI). Asimismo, cofundó y dirigió la revista Informática, primera publicación profesional del área en Chile. En el ámbito universitario, encabezó la dirección del DCC entre 1978 y 1983 y participó activamente en la Comisión de Evaluación Académica de la Facultad, la cual también presidió.
Una vida ligada a la Universidad de Chile
En sus palabras, la Rectora Rosa Devés destacó que la vida del profesor Pino se funde con la historia de la Universidad de Chile. "Los logros académicos también tienen espíritu, y algunas personas, por sus condiciones humanas extraordinarias, son capaces de otorgarles esa impronta con mayor luminosidad. Es ese componente de humanidad el que hace que las publicaciones derivadas de la investigación permanezcan siempre, de algún modo, ligadas a la memoria de las y los estudiantes que se formaron mientras esas ideas tomaban cuerpo; al esfuerzo colectivo desplegado para obtener los recursos que las hicieron posible y a los vínculos internacionales que abrieron espacios de intercambio y diálogo fecundo. La historia de una universidad está sostenida precisamente por trayectorias como la del profesor José Pino, quienes, con oficio, con trabajo, con visión y encarnando los valores esenciales, van dando forma a instituciones duraderas capaces de trascender su tiempo", señaló durante la ceremonia.
Por su parte, el decano Francisco Martínez lo reconoció como “el ejemplo de un académico que dedicó su vida a la Facultad y que en su trayectoria ayudó a construir, junto a un grupo de visionarios y corajudos, un nuevo departamento”.
En la presentación del homenajeado, el académico y director del DCC, Aidan Hogan, repasó los principales hitos de su trayectoria y relevó su liderazgo en momentos complejos, así como su convicción permanente en el proyecto del Departamento. “La visión que tenía hace 50 años es hoy una realidad: un DCC moderno, una comunidad vibrante y de gran impacto para la sociedad”, señaló, destacando además que este reconocimiento lo convierte en el primer Profesor Emérito del Departamento.
“Nadie nos regaló nada”
En un discurso cercano y reflexivo, el profesor Pino recordó los inicios del Departamento y los desafíos que enfrentaron para consolidarlo. Evocó una época en que la computación era vista con desconfianza y en la que iniciativas como la creación de la carrera de Ingeniería Civil en Computación debieron abrirse paso con dificultad.
“Nadie nos regaló nada. Cada espacio, cada recurso y cada programa fueron fruto de un trabajo sostenido y colectivo”, indicó, enfatizando el esfuerzo compartido que dio origen al DCC, hoy consolidado a 50 años de su creación.
A través de anécdotas personales, también repasó su propia historia, desde sus años como estudiante en un liceo en San Felipe hasta su ingreso a la Universidad de Chile hace seis décadas. En ese recorrido, destacó el valor de quienes lo orientaron en su camino y reflexionó sobre el rol formativo de la academia.
En ese sentido, cerró con una idea que resonó entre las y los asistentes: más allá de la transmisión de conocimientos, el mayor aporte de un profesor o profesora es la capacidad de orientar, de ofrecer un consejo oportuno y de iluminar el camino de sus estudiantes. “Ese es un regalo que solo puede venir de nosotros”, afirmó.
La distinción Profesor/a Emérito/a es una de las más altas distinciones que otorga la Universidad de Chile. No solo reconoce una trayectoria excepcional, sino también un legado que ha marcado el desarrollo de una disciplina y la formación de generaciones, dejando una huella profunda en la Universidad de Chile y en el país.