Seguridad hídrica

Especialista U. de Chile explica por qué los glaciares rocosos son clave para el agua

Especialista explica por qué los glaciares rocosos son clave para el agua
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Los glaciares rocosos, cubiertos por fragmentos de roca, cumplen un papel clave en la regulación hídrica de las cuencas, especialmente en la zona centro y norte de Chile.
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Por su capacidad de aislamiento frente al calor, los glaciares rocosos son considerados reservas estratégicas de agua en un escenario de megasequía y crisis climática.
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“Los glaciares rocosos perduran más en el tiempo, se derriten menos y son más resistentes a los cambios de temperatura”, dice Alexis Segovia.

El experto en glaciología Alexis Segovia, académico de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, explica cómo estos cuerpos de hielo protegidos por roca se convierten en pilares fundamentales para la seguridad hídrica, especialmente en las zonas centro y norte del país, debido a su mayor "esperanza de vida" frente al calentamiento global.

En el escenario de megasequía y crisis climática que enfrenta Chile, el estudio de las reservas de agua dulce se ha vuelto una prioridad nacional. Sin embargo, más allá de los imponentes glaciares blancos, existe un gigante silencioso y más resistente: el glaciar rocoso. Estos cuerpos, situados en entornos de alta montaña, juegan un rol crítico en el abastecimiento de las cuencas, aunque suelen confundirse con el entorno pedregoso por su apariencia.

Según explica Segovia, estos glaciares se desarrollan en ambientes de permafrost, es decir, zonas donde la temperatura del suelo se mantiene usualmente por debajo de cero grados. "Los glaciares rocosos son cuerpos de roca y hielo cubiertos por fragmentos de roca; su superficie está totalmente cubierta de fragmentos y en su interior son una mezcla de hielo y roca", detalla el especialista.

Dos caminos para una misma reserva

La composición interna de estos glaciares varía según su origen. Segovia señala que existen dos maneras principales de formación que definen qué tanta agua almacenan:

  • Derivación de glaciar blanco: Ocurre cuando un glaciar descubierto comienza a cubrirse con fragmentos de roca que caen de las laderas. Al moverse, el material se mezcla con el hielo. Estos suelen tener una mayor proporción de agua sólida.
  • Acumulación y cementación: Se forma a partir de depósitos de rocas en las laderas donde el agua se infiltra y se congela. "Si deriva de una acumulación de roca que el agua infiltró y congeló cementando, pegando toda esa roca, entonces el contenido de agua variará", explica Segovia, aunque para estimaciones generales se considera una proporción cercana al "50% de hielo y 50% de roca".

Escudo protector contra el calor

Lo que hace que estos glaciares sean la "esperanza" de las cuencas chilenas es su capacidad de aislamiento. A diferencia de los glaciares blancos, que están expuestos directamente a la radiación solar y al aire cálido, los rocosos poseen una armadura natural.

"La cubierta de fragmentos de roca que cubre los glaciares rocosos los aísla del contacto directo con la temperatura, el aire y la atmósfera; estos glaciares perduran más en el tiempo, se derriten menos y son más resistentes a los cambios de temperatura", destaca Segovia. Esta característica les otorga una mayor resiliencia climática, permitiéndoles seguir aportando agua a los ríos cuando los glaciares superficiales ya han retrocedido.

Claves para la zona centro y norte

La relevancia geográfica de estos cuerpos es absoluta en el territorio chileno. Desde la zona norte hasta la parte septentrional de la zona austral, los glaciares rocosos representan la mayoría de las reservas criosféricas.

"Son fundamentales para afrontar la crisis hídrica y climática, especialmente desde la zona centro y norte, porque ahí es donde se concentran... se estima que tienen una mayor esperanza de vida, por así decirlo", concluye el experto.

Conocer y proteger estos reservorios es, para el docente Alexis Segovia, una tarea urgente para la gestión del agua en Chile, asegurando que los caudales de las cuencas se mantengan incluso en los veranos más extremos.