Cada 24 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Tuberculosis, una fecha que busca visibilizar esta enfermedad infecciosa que, pese a los avances médicos y sanitarios, continúa representando un desafío para la salud pública a nivel mundial. En Chile, la tuberculosis sigue presente y, aunque muchas veces se la percibe como una enfermedad del pasado, especialistas de la Universidad de Chile advierten que la detección temprana, el tratamiento oportuno y la prevención en grupos de mayor riesgo siguen siendo fundamentales para reducir su transmisión.
“Existe la idea de que la tuberculosis había desaparecido, pero no es así. Está presente y muy activa en Chile”,advierte el doctor Felipe Rivera, académico y especialista broncopulmonar del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Según explica, esta percepción errónea puede retrasar la sospecha clínica y, con ello, el inicio del tratamiento.
Asimismo, el especialista indica que la tuberculosis continúa estrechamente vinculada a condiciones de vulnerabilidad social, hacinamiento y pobreza. Sin embargo, también advierte que hoy se observan nuevos perfiles de riesgo, entre ellos personas mayores, pacientes inmunosuprimidos, personas con VIH y población migrante proveniente de países con alta incidencia de la enfermedad.
En esa misma línea, la doctora Jeannette Dabanch, especialista infectóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile recalca que se trata de una infección de relevancia sanitaria: “La tuberculosis sigue siendo una infección muy importante en nuestro país, que causa mortalidad y que tiene una epidemiología diferente según las regiones”.
La importancia de detectar a tiempo
Uno de los principales desafíos asociados a la tuberculosis es que sus manifestaciones y sintomatología no siempre se reconocen a tiempo. “La tuberculosis es conocida como la gran mentirosa porque puede presentarse de muchas formas”, explica el doctor Rivera.
Entre los principales signos de alerta en personas adultas se encuentran:
- Tos persistente por más de 15 días
- Fiebre prolongada
- Baja de peso
- Sudoración nocturna
- En algunos casos, expectoración con sangre (Tos con sangre)
No obstante, el especialista subraya que la evaluación no debe limitarse únicamente a los síntomas, sino que también debe considerar el contexto clínico y social de cada paciente, especialmente cuando existen factores de riesgo o condiciones que comprometen el sistema inmune.
Sin embargo, destaca que un diagnóstico oportuno es decisivo no solo para evitar la transmisión, sino también para prevenir secuelas graves. “La tuberculosis puede provocar daño pulmonar irreversible. Todavía vemos pacientes con falla respiratoria crónica por destrucción del pulmón, algo que podría evitarse con una detección oportuna”, aclara.
Al respecto, la infectóloga Jeannette Dabanch coincide en que uno de los principales desafíos actuales es mantener una alta sospecha diagnóstica, especialmente tras el aumento de casos registrado después de la pandemia. “Lamentablemente, tras la pandemia hemos visto un aumento en las tasas de incidencia, debido a la interrupción de programas de diagnóstico y control”, advierte la especialista.
En ese contexto, subraya la necesidad de reforzar la capacitación de los equipos clínicos y la detección de infección latente en personas con mayor riesgo de reactivación, como pacientes con VIH, diabetes, trasplantes o terapias inmunosupresoras.
Tuberculosis infantil y contactos cercanos
En la población pediátrica, la enfermedad puede manifestarse de manera diferente a la observada en personas adultas, lo que complejiza su pronta detección. Así lo explica el doctor y académico Guillermo Zepeda, pediatra broncopulmonar infantil del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. “En niños, los síntomas y signos pueden ser muy inespecíficos y se pueden observar en otras enfermedades. Puede haber tos, compromiso del estado general o baja de peso, pero no necesariamente la presentación clásica descrita en adultos”, indica.
Agrega: “El síntoma clásico de la tuberculosis fue descrito en población adulta. En niños esa presentación puede no estar presente, y justamente por eso el diagnóstico suele ser más difícil”.
El especialista destaca, además, el papel de la vacunación al nacer con BCG, incorporada al calendario nacional de inmunización, cuyo objetivo es prevenir las formas más graves de tuberculosis en la infancia, como la meningitis tuberculosa y la tuberculosis miliar. “Es muy importante vacunar a los recién nacidos, porque esta vacuna evita formas graves que pueden afectar a los lactantes”, enfatiza.
En el caso de niños y niñas, el entorno familiar adquiere una relevancia central, ya que habitualmente la tuberculosis infantil se asocia al contagio desde un adulto cercano. “Si hay un niño enfermo de tuberculosis, necesariamente hay un familiar cercano enfermo de tuberculosis”, explica Zepeda, quien recalca la importancia de estudiar de forma dirigida al núcleo familiar para identificar la fuente de contagio y evitar nuevos casos.
La doctora Dabanch coincide en que el mayor riesgo en Chile continúa concentrándose en los contactos intradomiciliarios, es decir, en personas que viven o comparten espacios cerrados con un caso confirmado. A ello se suman otros grupos de mayor vulnerabilidad, como personas en situación de calle, privadas de libertad, con VIH, con consumo problemático de alcohol y drogas, población extranjera, adultos mayores, pacientes diabéticos y personas pertenecientes a pueblos indígenas.
Para el doctor Rivera, este escenario confirma que la tuberculosis no puede abordarse únicamente desde una perspectiva biomédica, sino también desde sus determinantes sociales. “Si en los estudios se comparan los mapas de pobreza y hacinamiento con los de tuberculosis, la coincidencia sería muy alta”, sostiene.
Tratamiento y seguimiento oportuno
Pese a su gravedad potencial, la tuberculosis es una enfermedad prevenible y curable. El Dr. Rivera destaca que en Chile existen tratamientos eficaces, con altas probabilidades de curación, pero advierte que uno de los principales desafíos sigue siendo la adherencia terapéutica. “El tratamiento dura al menos seis meses, considera varias drogas y, por eso, es fundamental que sea supervisado y gratuito, para asegurar que los pacientes lo completen correctamente”, explica.
La Dra. Dabanch agrega que el país cuenta con una trayectoria consolidada en el abordaje de esta enfermedad: "Chile dispone desde hace décadas de un programa de tuberculosis con experiencia en pesquisa precoz y tratamiento, y la terapia antituberculosa se entrega de forma universal, independiente del sistema previsional de salud de cada persona".
Un desafío vigente para la salud pública
Los tres especialistas coinciden en que la tuberculosis continúa siendo un problema de salud pública que exige atención sostenida. Tras la pandemia, además, se observó un repunte asociado a la interrupción de controles, diagnósticos y tratamientos.
“No es una enfermedad erradicada. Sigue presente en Chile y quisiéramos que su prevalencia fuera menor”, advierte Zepeda.
En ese contexto, el llamado es a no minimizar esta grave enfermedad y consultar frente a síntomas persistentes, completar los tratamientos indicados, vacunar a los recién nacidos y estudiar oportunamente a los contactos de casos confirmados son acciones fundamentales para reducir la transmisión y prevenir secuelas.