Desde el 2010, el Fondo Valentín Letelier (FVL) se ha consolidado como una de las políticas institucionales clave de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile para fortalecer la vinculación con el medio. Con más de 80 iniciativas desarrolladas, este instrumento extensionista financia proyectos que articulan el conocimiento académico con las necesidades de los territorios, fomentando un trabajo colaborativo y bidireccional con comunidades a lo largo del país.
En esa línea, se inscribe uno de los dos proyectos liderados por la Facultad de Medicina entre las iniciativas ganadoras del FVL 2025: “Conocimiento y Emprendimiento con el fruto del calafate: Un Enlace entre Aysén y la Universidad de Chile”, cuya propuesta es fortalecer los procesos productivos de las bayas del arbusto calafate en Aysén, mediante la incorporación de conocimiento en nutrición, innovación y emprendimiento, promoviendo una relación de intercambio donde tanto la universidad como el territorio se enriquecen mutuamente.
La iniciativa surge también como respuesta a una demanda concreta desde las propias comunidades de Aysén, vinculadas a la recolección y comercialización del calafate. Fueron las personas recolectoras de esta baya comestible quienes manifestaron interés en conocer y apropiarse de estos saberes. Así, el equipo ha estudiado desde el 2011 las propiedades antioxidantes de este fruto y su potencial impacto en enfermedades crónicas, generando evidencia científica que ahora busca ser compartida más allá del ámbito académico.
El responsable del proyecto es Diego García, director de la iniciativa y académico del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina, junto a la académica de la misma unidad, Lissette Duarte. A ellos se suman otras y otros académicos que desarrollarán la iniciativa, como Francisca Concha, Andrés Bustamante y Bárbara Torres.
Son integrantes también las y los estudiantes de la carrera de Nutrición y Dietética, entre ellos Jimmy Acosta y Alison Valenzuela, así como otras y otros estudiantes participantes, como Carolina Verdugo, Geraldine Reiser, Tamara Pinto y Vicente Carreño. Este carácter triestamental refleja uno de los sellos del Fondo Valentín Letelier, integrando distintas miradas en el desarrollo de iniciativas con impacto público.
En conversación con el equipo, emergen temas clave como la necesidad de expandir el conocimiento científico hacia las comunidades, el valor de los saberes locales y la importancia de que la universidad se inserte activamente en los territorios. Asimismo, se destaca el rol formativo de estas experiencias para estudiantes y la oportunidad de generar impactos concretos en la calidad de vida de las comunidades, a través de procesos colaborativos y sostenibles.
- ¿Cuál es la principal motivación detrás de este proyecto?
Diego García: Nace de la necesidad de difundir lo que nosotros estamos haciendo de una forma más sostenida hacia la población en general, porque así también nos podemos retroalimentar y, ojalá, obtener más recursos para hacer más investigación. También buscamos levantar todo este conocimiento para involucrar a estudiantes y funcionarios que estén alrededor del calafate y, asimismo, beneficiar a las propias comunidades que viven directamente de su recolección a través de la forma en que nos vamos a conectar con ellas.
Lissette Duarte: También nace como una vuelta de mano o, quizás, como una forma de ayudarlos a que les vaya mejor con los productos que elaboran, porque ellos los vendían incluso antes de que nosotros investigáramos esto.
- ¿Por qué consideran que es importante que la Universidad de Chile esté presente en el territorio?
Lissette Duarte: Primero, porque esa presencia territorial real allá no existe. En general, casi todas las iniciativas de intervención se dan más a nivel de Santiago, que es lo que está más a la mano, lo más fácil. Creo que este proyecto es súper pertinente porque justamente va a abordar el fruto en el lugar donde se da y donde más se vende. Si bien aquí llegan algunas cosas de calafate, son las menos, por lo que en el fondo vamos al lugar donde más se consume. Creo que este proyecto permite que el investigador se acerque a la comunidad para contarle qué hace este fruto con el que trabaja.
- Si les preguntamos a ustedes, ¿qué es el Fondo Valentín Letelier?
Diego García: Siento que es un deber social de la universidad hacer esa difusión y, como bien decíamos antes, esto parece ser algo muy significativo en esa línea. Es de las cosas más concretas que hay y que sirven para impactar de lleno en una comunidad, más allá de todo lo que nosotros podamos hacer en términos de salir en la prensa o buscar espacios para hablar de lo que estamos haciendo.
Lissette Duarte: No hay otro fondo igual para este fin. Nosotros postulamos a un Fondecyt, en el que puedes destinar una parte muy pequeña de tus recursos a hacer difusión, versus el fondo completo. Creo que las oportunidades de postular a algo que financie justamente la extensión son dos en este momento.
Diego García: Este es un instrumento de la Universidad. Por la Universidad, para la gente. Entonces, ese peso es el que yo le he tomado ahora y me he sentido parte de ello.
- ¿Por qué para ustedes como estudiantes es importante ser parte de un proyecto que se vincula con el territorio?
Jimmy Acosta: Mi objetivo, básicamente, es vincular los conocimientos que voy adquiriendo en la carrera, en este caso relacionados con la nutrición y la salud, con la comunidad. Así se puede generar un impacto en las personas, aportar a mejorar su estilo de vida, asesorar, dar charlas e impactar en el día a día.
Alison Valenzuela: Este proyecto, en realidad, es una oportunidad muy importante porque el fin es muy altruista. Lo que nosotros queremos hacer es compartir cosas que sabemos para fortalecer algo que está ocurriendo en un área muy lejos de nosotros, a la que no tenemos mucho acceso, y donde quizá tampoco tengan tanto conocimiento sobre lo que hacen realmente. Es una instancia muy importante en la que podemos divulgar mucho conocimiento. Vamos a hacer todo lo posible para que la gente pueda conocer bien esto, para que, si elaboran un producto, cuenten con la mejor información nutricional posible, tengan el conocimiento y puedan hacerlo bien.
Jimmy Acosta: Darle una identidad al alimento, algo que es producido localmente en el país y que en un futuro podría ser exportado.
- ¿Cuál es el aporte que creen ustedes puede tener esta relación tan simbiótica entre distintos estamentos?
Jimmy Acosta: Pueden ser las miradas. Por ejemplo, nosotros somos más jóvenes en todo lo relacionado con las redes sociales; podemos ir difundiendo y también aportar ideas a los profesores. Esa complementariedad entre estudiantes, profesores y profesionales puede generar un mayor impacto en lo que queremos lograr con este proyecto.
Alison Valenzuela: Yo creo que es una relación muy simbiótica, porque ambos nos beneficiamos: los profesores y nosotros como estudiantes, porque ganamos una experiencia increíble. Aprendí cosas que nunca pensé que existían, porque cuando entré a la carrera yo pensaba que era solo estudiar, leer, titularte y listo.
Pero tener esta instancia de participar en proyectos nos da una mirada mucho más amplia de los campos que tiene la nutrición, que no es solo hacer una consulta ni saber cuánto aporta un alimento, sino que también se puede aplicar de una manera muy distinta a la tradicional.
- ¿Por qué trabajar con el calafate?
Diego García: En la génesis, las enfermedades crónicas tienen un componente de estrés. Seguramente han escuchado hablar del estrés oxidativo, que de repente aparece en los matinales. Yo me formé trabajando en eso y en buscar herramientas que combatan ese estrés oxidativo, pensando en frenar enfermedades crónicas.
Da la casualidad de que el calafate es la fruta nativa que consumimos aquí en la región y que más contenido de antioxidantes tiene por gramo. Además, la calidad de los antioxidantes que contiene está muy ligada a ese poder antioxidante, y nosotros estamos enfocados específicamente en la obesidad. Entonces, fue una cosa de buscar dentro de los frutos nativos el que mejor calzaba.
Nos ha ido bastante bien en términos de investigación, pero hay un tema súper importante acá: está al sur, está lejos, y no hemos dejado de insistir porque somos el equipo de investigación que trabaja en calafate. Somos reconocidos en eso.
Por ejemplo, uno de los resultados más indirectos o de mediano y largo plazo del proyecto puede ser que aquellos proyectos que necesitan financiamiento logren obtenerlo, y que podamos tener una mayor masa de calafate para desarrollar más iniciativas y que las innovaciones asociadas no se caigan por falta de materia prima.
- ¿Qué actividades se vienen para el proyecto?
Lo primero que vamos a hacer es un catastro de información respecto de las personas que trabajan en torno al calafate. Para esto contamos con la ayuda de una investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales de nuestra universidad, que es antropóloga. Con ella vamos a realizar un curso de vinculación con el medio del que es encargada. Después de que tengamos la primera remesa, vamos a coordinar un viaje junto a la profesora Francisca Concha y un grupo de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales para ir al territorio y hacer un catastro sociocultural con las personas que trabajan en torno al calafate, específicamente con las recolectoras.
Esto, para conocerlas bien, saber quiénes son, cuáles son sus motivaciones para trabajar con este fruto, ya sean económicas, sociales, etcétera, y a partir de ahí articular las siguientes actividades, que serán de capacitación de distinta índole. Habrá capacitación sobre etiquetado nutricional y sobre compuestos bioactivos que contiene el calafate, entre otros beneficios. En estas actividades participan activamente estudiantes de la carrera de Nutrición y Dietética de la Facultad de Medicina. También contaremos con la ayuda de funcionarios de nuestro Departamento, quienes nos ayudarán a realizar análisis de composición nutricional de productos producidos en la región.
Hay otra cosa relevante: colaboramos con el Ecosistema de Innovación en Ciencias de la Salud de la Facultad de Medicina, que se llama OPENICS, y ellos también nos van a apoyar en la realización de capacitaciones en innovación y emprendimiento para las personas que trabajan. Además, contaremos con apoyo de la Ilustre Municipalidad de Aysén y del Instituto Forestal (INFOR) de la Sede Patagonia.
- ¿Por qué la Universidad de Chile tiene que seguir haciendo extensión en los territorios?
Lissette Duarte: Yo creo que no basta con concentrarse, como profesora investigadora, en hacer clases, investigar, descubrir cosas o comprobar supuestos que una tenía, sino que también existe un rol social como profesora investigadora y como parte de una universidad cuyo sello está en eso. Es ir allá y devolver la mano, repartir conocimiento y ayudar en lo que ellos quieran que los ayudemos, porque en realidad todo esto nace también de una percepción de lo que nosotros creemos que necesitan como ayuda, pero falta también preguntarles qué quieren ellos.
- ¿Algo que agregar?
Alison: Yo quería agregar que el conocimiento no puede concentrarse solamente en el privilegio de estar en una sala escuchando a alguien que sabe mucho. Entonces, tener estas instancias que nos permiten compartir las cosas que sabemos y masificarlo a muchas más personas le va a hacer bien tanto a la gente, porque va a saber más, como a nosotros, porque nos vamos a ir con ese sentimiento de que pudimos hacer algo por las personas.
Jimmy Acosta: Además, el entorno igual influye mucho, entonces compartir todos estos conocimientos influye demasiado. Y algo que se destaca de la Universidad de Chile es que puede compartir con la comunidad.
- ¿Cuál es el impacto que podría tener este proyecto?
Diego García: Hay muchas investigaciones, en vías de desarrollo, que pueden morir si no son debidamente canalizadas, difundidas o conectadas de alguna manera. Aunque uno postee un paper en Instagram, no va a llegar igual. El Fondo Valentín Letelier es el brazo de la Universidad que nos capacita para poder hacer ese contacto con lo que creemos que puede ayudar a la población.
Y en esa vuelta de mano que tiene que ver con nuestro proyecto, con devolverle un poco a Aysén de lo que nosotros nos hemos beneficiado, lo que se perdería si este proyecto no existiera —o si no existieran otros proyectos Valentín Letelier— es esa capacidad de dar cuenta de lo que se hace en la Universidad y aplicarlo en un territorio para realmente poder mejorar la vida de las personas.