Convivencia

Especialistas U. de Chile analizan la violencia escolar y entregan claves para abordarla

Expertos U. de Chile analizan violencia escolar y proponen cómo abordarla
Este miércoles se promulgó la Ley sobre convivencia, buen trato y bienestar de las comunidades educativas, la que permitirá, entre otras cosas, detectores de metales.
Este miércoles se promulgó la Ley sobre convivencia, buen trato y bienestar de las comunidades educativas, que permitirá, entre otras medidas, el uso de detectores de metales.
Alejandra Mohor, investigadora del CESC, asegura que la medida de los detectores de metales “no ha mostrado resultados en la reducción de los delitos".
Alejandra Mohor, investigadora del CESC, asegura que la instalación de detectores de metales "no ha mostrado resultados en la reducción de los delitos".
Paulo Barraza, investigador del CIAE, cree que “el foco no debe ponerse en castigar al estudiante, sino en comprender la red de relaciones en la que emerge su conducta".
Paulo Barraza, investigador del CIAE, plantea que "el foco no debe ponerse en castigar al estudiante, sino en comprender la red de relaciones en la que emerge su conducta".
El profesor Pablo Valdivieso señala que es fundamental “tener ojo, estar observando el comportamiento de los estudiantes, no solamente en el ámbito académico".
El profesor Pablo Valdivieso señala que es fundamental "observar el comportamiento de los estudiantes, no solamente en el ámbito académico".
El psiquiatra Juan Pablo del Río que los casos de violencia en entornos escolares son "episodios potencialmente traumáticos".
El psiquiatra Juan Pablo del Río señala que los casos de violencia en entornos escolares son "episodios potencialmente traumáticos".
La directora del IE, Macarena Silva, añade además que “no todo hecho de violencia (dentro de un colegio) es un problema de convivencia escolar”.
La directora del IE, Macarena Silva, añade además que “no todo hecho de violencia (dentro de un colegio) es un problema de convivencia escolar”.

Las y los estudiantes de Calama han salido a marchar, esta vez por su seguridad, luego de que un hecho de violencia provocara la muerte de una inspectora y dejara en riesgo vital a otras dos personas. Este hecho, que está siendo investigado por la justicia, ha levantado las alertas por la violencia escolar, que se suma, aunque en un contexto diferente, al lanzamiento de una bomba molotov este martes en el liceo Lastarria en medio de una protesta. 

En medio de todo esto, este miércoles se promulgó la Ley sobre convivencia, buen trato y bienestar de las comunidades educativas, la que permitirá, entre otras cosas, “recursos tecnológicos”, como detectores de metales, para identificar armas u objetos similares. Sin embargo, Alejandra Mohor, investigadora del Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana (CESC) de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, asegura que la experiencia comparada de la instalación de estos dispositivos “no ha mostrado resultados en la reducción de los delitos en o alrededor de establecimientos educacionales; no ha mostrado resultados positivos en la reducción de los delitos en o en torno a los recintos educacionales, más bien, algunos estudios lo que muestran es un aumento de la inseguridad percibida por los propios estudiantes”. 

“Estos pórticos o detectores de metales ocuparían un lugar como un símbolo que estigmatiza la situación de violencia en los establecimientos y no contribuye a la reducción de la violencia que ocurre al interior de ellos”, señala Alejandra Mohor, quien asegura que “el abordar los problemas de violencia en los establecimientos educacionales, al igual que en otras formas de comunidades, pasa por mejorar las condiciones de convivencia y cómo se gestionan los conflictos al interior de esto”.

“Las estrategias de resolución pacíficas de conflicto, los círculos de paz y otros dispositivos de esa naturaleza han mostrado de manera más sistemática poder alcanzar resultados en hacerse cargo y disminuir la violencia en los recintos educacionales”, agrega la investigadora del CESC.

El profesor Paulo Barraza, académico del Instituto de Estudios Avanzados en Educación e investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la U. de Chile, añade que “el foco no debe ponerse en castigar al estudiante, sino en comprender la red de relaciones en la que emerge su conducta. La violencia es expresión de una historia de interacciones donde el estudiante no se ha sentido reconocido o respetado. Por ello, las medidas deben orientarse a reconstruir vínculos: generar espacios de escucha genuina, favorecer la responsabilización sin humillación y ofrecer experiencias de convivencia donde pueda recuperar su legitimidad. Expulsar o etiquetar solo profundiza el problema. La transformación real ocurre cuando cambia la emoción desde la cual el estudiante actúa”.

La directora del Instituto de Estudios Avanzados en Educación (IE), Macarena Silva, añade además que “no todo hecho de violencia (dentro de un colegio) es un problema de convivencia escolar”. La académica asegura que, eso sí, que “el derecho a estar seguros en la escuela no puede transarse. Los niños, las niñas, los profesores, las profesoras tienen que estar seguros en el colegio. Eso no se transa”.

“Hay algunas situaciones en las que se rompe alguna norma de convivencia y se puede dar la opción de restituir. En el caso de Calama, aquí lo que hay que cuidar es a la comunidad escolar. El trauma de la comunidad escolar que sufrió esta situación. En un caso así, el derecho a la educación se tiene que dar en otro lugar, en un recinto donde se decida que este joven tiene que continuar”, sentenció la profesora Silva.

Mejorar la comunicación y la convivencia

Sobre si existe o no un aumento en la violencia escolar, el académico Paulo Barraza señala que lo que ha ocurrido es que se ha “deteriorado la convivencia”. El profesional explica que “lo relevante no es si hay más episodios o si son más graves, sino comprender que estos reflejan un quiebre en el respeto mutuo. Cuando los estudiantes no se sienten vistos, escuchados o legitimados, aparece la violencia. Por tanto, el problema central no es la cantidad de violencia, sino la calidad de las relaciones que la escuela está generando”.

En esta misma línea, el académico de la Facultad de Ciencias Sociales, Pablo Valdivieso, señala que es fundamental “tener ojo, estar observando el comportamiento de los estudiantes, no solamente en el ámbito académico, de las notas, sino también de su comportamiento y, en ese sentido, tener la capacidad de prever probables situaciones de violencia que se están generando o de maltrato o de acoso escolar, etc., que hagan necesario intervenir antes que este tipo de situaciones se produzcan”.

Qué debe hacer el establecimiento tras un hecho de violencia 

El profesor Pablo Valdivieso asegura que lo primero que debe hacer el colegio, en un caso como el de Calama que terminó con una persona fallecida, es “hacer el duelo, es decir, tiene que preparar las condiciones psicosociales para que la comunidad procese esta situación, eso es fundamental”. 

“En un clima inseguro, es muy difícil educar, por lo tanto los colegios tienen que construir espacios seguros en lo afectivo, en lo físico, en todos los aspectos”, indica Valdivieso, apuntando al trabajo que los establecimientos deben hacer día a día para mejorar la convivencia de la comunidad. “El rol del colegio, de todo establecimiento educacional, es generar una formación integral-humana y esa formación integral implica que enseñemos a aprender, a convivir pacíficamente con otros, esa es parte de las tareas de la escuela”. 

Por su parte, el académico del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Infancia y Adolescencia (DEPSIA) de la Facultad de Medicina, Juan Pablo del Río, añadió que cuando un establecimiento vive un caso de violencia escolar, lo primero es entender que “estamos frente a episodios potencialmente traumáticos, agudos, y es esperable una reacción de estrés de toda la comunidad, pero cada integrante de la comunidad lo puede ir viviendo de forma distinta”. 

“Con el círculo directo que tenía contacto con cualquiera de las personas involucradas habría que hacer una contención inmediata, más estructurada, dar espacios de conversación, hacer preguntas dirigidas, mientras que con el círculo que está más lejos, que no es del entorno inmediato, no tiene sentido hacer intervenciones excesivamente dirigidas, sino que más bien lo que hay que reforzar, que más bien es el punto central, son dos cosas, primero que el colegio sigue siendo un lugar seguro y esto es un trabajo diario, y segundo, que en este lugar seguro hay espacios, hay personas dispuestas a acompañarte”. 

 “¿Cómo hacer ver que el colegio es un lugar seguro? Retomando la rutina, pero acompañados, seguir con los objetivos que nos habíamos planteado sin hacer como si nada hubiera pasado, pero sí retomando la rutina lo más rápido posible porque eso da una estructura y da un sentido de seguridad a todos los alumnos de la comunidad escolar”, dice el doctor Del Río, añadiendo que es importante que los colegios tengan una línea comunicacional abierta para evitar los rumores y las noticias falsas.