Con ese antecedente, este 8 de abril la cantata volvió a presentarse en el mismo recinto de su primera interpretación, convocando a un masivo público en el histórico templo. La presentación se realizó en homenaje a los cincuenta años de la institución que desempeñó un rol fundamental en la defensa de los derechos humanos y que fue liderada en esa época por el cardenal Raúl Silva Henríquez.
La obra, encargada por el propio cardenal para inaugurar el simposio en un contexto de graves violaciones a los derechos fundamentales, contó en ese entonces con la música de Alejandro Guarello y textos del sacerdote Esteban Gumucio. En su estreno, fue interpretada por el Grupo Ortiga, con la narración del actor Roberto Parada, la dirección coral de Waldo Aránguiz y la dirección orquestal de Fernando Rosas.
En sus palabras, la Rectora Devés agradeció la invitación para que la Universidad de Chile se sumara al homenaje señalando que "nos permite reiterar nuestros valores y ser más profundamente de Chile". "Es emocionante que los jóvenes de hoy canten nuevamente a los jóvenes de ayer, muchos de los cuales están hoy aquí presentes, y especialmente a esos otros y otras que perdieron la vida defendiendo sus ideales. Estoy segura de que la interpretación de la Cantata y el homenaje a la Vicaría acompañará a nuestras y nuestros estudiantes a lo largo de sus vidas. Y es así como educamos", señaló. "Que esta Cantata sea no solo un homenaje, sino también un compromiso con la verdad, con la justicia y con la paz, que sembrado con humildad y valentía siga creciendo entre nosotros", agregó.
El presidente del directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad, Javier Luis Egaña, destacó el carácter profundamente simbólico de la ceremonia, recordando a quienes formaron parte de la institución. “Fueron años muy difíciles. Es muy emocionante encontrarse con tantos que estuvieron en esas primeras horas, defendiendo a tantos chilenos y chilenas, y también recordar con cariño a los funcionarios que ya partieron”, señaló.
Asimismo, evocó el origen de la obra y su vínculo con la Catedral Metropolitana. “Fue en esta misma iglesia donde se interpretó por primera vez la Cantata de los Derechos Humanos, en 1978, en una catedral llena de velas que iluminaron esas letras y esa música”, recordó, subrayando que “una de las actividades más sentidas por los trabajadores era volver a escuchar esta cantata en este lugar”.
El cardenal y arzobispo de Santiago, Fernando Chomali, valoró el rol histórico de la Iglesia como espacio de acogida y protección, refiriéndose al trabajo que realizó la Vicaría de la Solidaridad. “Muchos llegan al Arzobispado y me dicen: ‘déjeme recorrer esta casa, porque aquí nos sentíamos seguros y llenos de esperanza’. Eso emociona profundamente y habla de una Iglesia que es madre, que acoge sin preguntar por la filiación política ni por la vida personal de quienes buscan amparo”, señaló.
Asimismo, hizo un llamado a asumir un compromiso activo con el prójimo, evocando la parábola del buen samaritano. “Hoy necesitamos urgentemente ser buenos samaritanos. No basta con no hacer el mal; estamos llamados a hacer el bien, incluso hasta el extremo, como aquel hombre que, siendo despreciado en su tiempo, fue capaz de acoger, cuidar y hacerse cargo del otro”, afirmó.
Una de las asistentes al encuentro fue Mónica Araya Flores, cuya familia fue víctima de la dictadura, entre ellos, su padre, el exparlamentario y detenido desaparecido, Bernardo Araya Zuleta. “Han pasado 50 años y agradezco que recuerden a nuestros familiares. Eso, para nosotros, es muy importante porque no se ha perdido la memoria; y la memoria es fundamental”, expresó.
El público asistente, por su parte, agradeció este histórico encuentro, en que la nueva puesta en escena honró aquella presentación que, en un acto de profundo impacto simbólico y cultural, se inscribió en la historia de la música chilena y en la del compromiso con los Derechos Humanos. La cantata, que ya había sido interpretada en enero de este año en el Teatro Nacional Chileno, volvió a resonar ahora en la Catedral Metropolitana, reforzando su vigencia como una obra que mantiene viva la memoria y el llamado a la defensa de la dignidad humana.


