Investigación transgeneracional

Estudio U. de Chile revela que el consumo de edulcorantes altera la microbiota y el metabolismo hasta en los nietos

Estudio: Edulcorantes impactan la salud hasta en la tercera generación
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Investigación transgeneracional del INTA y las Facultades de Medicina, Ciencias Sociales y Ciencias Veterinarias.
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“Observamos cambios en la microbiota intestinal en los consumidores, en sus hijos y nietos”, explicó Francisca Concha Celume.
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“Las decisiones alimentarias de hoy sí pueden influir en la salud intestinal y metabólica de la descendencia”, advirtió Martin Gotteland.
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“Es muy llamativo ver efectos en segunda generación”, señaló Francisco Pérez-Bravo.
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“Colaboré velando por las buenas prácticas experimentales, en el marco de la bioética animal”, indicó Ricardo Olivares Pérez-Montt.
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Diseño experimental del estudio. Ratones de la generación parental (F0) recibieron agua, sucralosa o stevia durante 16 semanas, mientras que sus descendientes F1 y F2 fueron seguidos sin exposición directa a estos edulcorantes para evaluar posibles efectos intergeneracionales. Figura del paper publicado en Frontiers in Nutrition.

La sucralosa y la stevia suelen presentarse como alternativas al azúcar, pero una nueva investigación de la U. de Chile abre preguntas sobre sus efectos más allá del consumo inmediato. Publicado el 9 de abril en la revista Frontiers in Nutrition, el paper "Artificial and natural non-nutritive sweeteners drive divergent gut and genetic responses across generations" analizó en un modelo murino cómo el consumo parental de estos edulcorantes no nutritivos puede impactar la microbiota intestinal, la producción de ácidos grasos de cadena corta y la expresión de genes asociados a inflamación y metabolismo.

El hallazgo central del estudio es que la sucralosa mostró efectos más intensos y persistentes que la stevia, incluso en generaciones que no tuvieron exposición directa. La primera autora del trabajo, Francisca Concha Celume, profesora asistente de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile y afiliada en el paper al Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina, explica que el equipo observó "cambios en la microbiota intestinal en los consumidores, en sus hijos y nietos".

"La microbiota intestinal participa en la digestión, produce vitaminas y metabolitos beneficiosos, regula el sistema inmunológico y actúa como barrera frente a patógenos. Cuando su composición se altera, estas funciones pueden verse comprometidas", señala la investigadora. Y agrega que los cambios detectados "fueron más pronunciados con la sucralosa que con la stevia", junto con una menor concentración de ácidos grasos de cadena corta, compuestos clave para modular la inflamación, la barrera intestinal y el metabolismo.

La académica enfatiza además que estos efectos no aparecieron bajo un escenario extremo. "Los observamos frente a un consumo habitual, sin superar la ingesta diaria admisible (IDA). Es decir, no estamos hablando de un consumo excesivo, sino de cantidades que están dentro de lo que actualmente se considera seguro", afirma.

La advertencia, añade, no se limita al endulzante que una persona agrega al café o al té. "Los edulcorantes no nutritivos están presentes tanto en los sobrecitos o gotitas que agregamos a las bebidas calientes como en una amplia variedad de productos, como bebidas zero o light, jugos, yogures, cereales, entre otros. La cantidad total que una persona consume corresponde a la suma de todas estas fuentes", plantea. En nuestro país, donde estos ingredientes tienen una fuerte presencia en alimentos y bebidas disponibles en el mercado, ese punto adquiere especial relevancia.

Sucralosa, stevia y efectos que persisten

Martin Gotteland, profesor titular del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina e investigador del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la U. de Chile, sitúa estos resultados en un contexto más amplio. "Este estudio se enmarca en el uso creciente de edulcorantes no calóricos en alimentos y bebidas, en reemplazo parcial o total de la sacarosa, y, en consecuencia, en el mayor consumo de estos aditivos en la población chilena", explica.

Sobre uno de los hallazgos más llamativos del trabajo, Gotteland sostiene que las decisiones alimentarias de hoy sí pueden influir en la salud intestinal y metabólica de la descendencia, aunque ese efecto depende de factores como la duración de la exposición, la etapa de la vida, los antecedentes genéticos y el entorno. "Este fenómeno puede ocurrir a través de la epigenética, es decir, la modificación de la actividad de los genes sin alterar la secuencia del ADN. Dietas altas en azúcar, alimentos ultraprocesados y edulcorantes no calóricos pueden modificar la expresión de ciertos genes relacionados con el metabolismo, la inflamación o la regulación del apetito", explica.

El investigador agrega que, si esos cambios ocurren en células germinales o durante el embarazo, pueden transmitirse. "La microbiota intestinal también es un factor importante. Es moldeada por la dieta y por el consumo de ultraprocesados y de edulcorantes no calóricos. Padres con una microbiota alterada pueden transmitir una comunidad microbiana menos diversa a su descendencia. Esto influye en los procesos de digestión, la inmunidad y el riesgo metabólico del niño", detalla. Por eso, añade, aunque la descendencia no esté expuesta directamente a la sucralosa, puede heredar señales biológicas modificadas a través de la epigenética, la microbiota y el ambiente prenatal.

En esa línea, Gotteland adelanta un antecedente que el equipo sigue investigando: "En un estudio reciente, aún no publicado, conducido en mujeres embarazadas en Santiago, observamos que todas consumían edulcorantes no calóricos y que era posible encontrar sucralosa en su líquido amniótico y/o leche materna". 

Francisco Pérez-Bravo, director del INTA y profesor titular del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina, sitúa los resultados en un marco complementario. "Este tipo de estudios se enmarcan en lo que denominamos medicina transgeneracional y en este caso en particular es muy llamativo ver efectos en segunda generación, efecto conocido como 'imprinting' y que está siendo estudiado para otros múltiples estímulos ambientales", explica.

Sobre la diferencia entre sucralosa y stevia, Pérez-Bravo sostiene que "las vías de metabolización de ambos edulcorantes son diferentes", lo que podría ayudar a explicar la mayor persistencia de la sucralosa en este modelo. A ello suma una advertencia cotidiana: "Un aspecto importante a destacar es la sobrecarga, es decir, cuánto edulcorante se consume durante el día, considerando tanto el que agregamos conscientemente al té o café como el que sumamos a través de alimentos procesados o ultraprocesados que ya vienen con un edulcorante determinado".

Gotteland profundiza en esa diferencia. "La sucralosa es un edulcorante no calórico sintético obtenido mediante la cloración de la sacarosa, siendo por lo tanto considerado un compuesto organoclorado. Por el contrario, los glucósidos de esteviol, conocidos como stevia, son compuestos naturales aislados de la planta Stevia rebaudiana", explica. A su juicio, esa diferencia es relevante porque "varios estudios han mostrado que la sucralosa ejerce un efecto prooxidante en células en cultivo y en animales, mientras la stevia ha mostrado consistentemente efectos antioxidantes". Eso, señala, podría contribuir a explicar por qué la sucralosa tuvo efectos más persistentes y disruptivos que la stevia.

Concha Celume explica, además, que no todos los endulzantes deben analizarse como si fueran equivalentes. "Actualmente existe una gran variedad de endulzantes con diferente naturaleza química, lo cual implica que se absorben y metabolizan de forma distinta. Por lo tanto, los efectos en el organismo dependen del tipo de endulzante", advierte. "En nuestro estudio, los efectos fueron más pronunciados con la sucralosa que con la stevia, pero ambos generaron cambios en la microbiota intestinal, aunque de naturaleza diferente", añade.

El trabajo también detectó alteraciones leves en la respuesta a la glucosa, sobre todo en machos de las generaciones F1 y F2 del grupo expuesto a sucralosa. Para Pérez-Bravo, eso abre nuevas preguntas para la investigación en salud metabólica. "Las respuestas metabólicas asociadas a dimorfismo sexual no son nuevas en la literatura. Se puede deber a diferencias hormonales, aspectos fisiológicos, genéticos y epigenéticos. Es un dato importante de analizar y que, mirado a largo plazo, confirma el concepto de nutrición personalizada o medicina de precisión", indica.

Junto con llamar la atención sobre estos resultados, el equipo insiste en la necesidad de leerlos con cautela. "Este es un estudio básico que suma evidencia importante, pero que debe ser tomado con cautela, ya que el modelo murino permite iluminar ciertas respuestas", señala Pérez-Bravo. "Los edulcorantes, desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, siguen siendo seguros; sus impactos en obesidad y metabolismo siguen siendo controversiales y, en el caso particular de la microbiota intestinal, existe evidencia contundente que detalla que ellos pueden alterarla", agrega.

La investigación fue desarrollada por Francisca Concha Celume; Francisco Pérez-Bravo; Fabien Magne, profesor asociado del Programa de Microbiología y Micología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina; Ricardo Olivares Pérez-Montt, profesor adjunto del Departamento de Patología Animal de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias; y Martin Gotteland, profesor titular del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina e investigador del INTA, quien figura junto a Concha Celume como autor de correspondencia del artículo.

Desde la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias, el profesor Ricardo Olivares Pérez-Montt explicó que su aporte se concentró en el material y método del trabajo, "velando por las buenas prácticas experimentales, en el marco de la bioética animal", en un estudio aprobado por el CICUA U. de Chile. La participación de investigadores e investigadoras de distintas unidades de la U. de Chile permitió, así, abordar el problema desde la nutrición, la biomedicina, las ciencias sociales y la bioética animal.