La actividad estuvo encabezada por la coordinadora del Área de Español para Extranjeros, Claudia Flores Figueroa, académica del Departamento de Lingüística, quien realizó un recorrido por la historia del programa y propuso una relectura de su temporalidad, sus orígenes y su significado institucional. Al recordar los primeros cursos impulsados en los años noventa y la figura del profesor Patricio Novoa, primer coordinador y fundador de este espacio, destacó que esta trayectoria antecede incluso la fecha formal de conmemoración. “Hoy no celebramos 30 años, sino, en rigor, 35 años de trayectoria”, señaló, enfatizando que la historia del Área no se reduce a una cronología administrativa, sino que expresa una construcción colectiva sostenida en el tiempo, vinculada a la apertura internacional de Chile, a las transformaciones migratorias del país y a la consolidación de la enseñanza del español como un campo académico, pedagógico y socialmente comprometido.
En su intervención, Claudia Flores enfatizó que el desarrollo del Área no puede entenderse únicamente como la consolidación de una oferta académica, sino como la configuración de un proyecto académico y pedagógico con impacto social. Desde sus inicios, marcados por cursos pequeños y experimentales en un Chile aún distante de los circuitos internacionales, hasta su actual consolidación con el postítulo para la formación de docentes de español, el programa ha transitado hacia una comprensión compleja de la enseñanza de nuestra lengua. “Enseñar español no es una práctica neutral; es una práctica profundamente humana, social y política”, afirmó.
Este desplazamiento ha implicado, subrayó, superar una concepción instrumental de la lengua para situarla en el plano de los derechos. En el contexto de los actuales procesos migratorios, la enseñanza del español adquiere un sentido decisivo: “la lengua deja de ser una herramienta y se convierte en un derecho”, sostuvo, vinculando directamente el trabajo del Área con la inclusión social, el acceso a la educación y la participación en la vida pública. En esta línea, destacó el trabajo con personas migrantes y refugiadas, así como la colaboración con organismos del Estado, para promover una política de inclusión lingüística y educación intercultural.
Las palabras de la coordinadora fueron recogidas y profundizadas por las autoridades académicas invitadas. La directora del Departamento de Lingüística y senadora universitaria, Soledad Chávez Fajardo, situó la enseñanza del español como lengua extranjera en una tradición histórica de larga duración, evocando el Diálogo de la lengua de Juan de Valdés como uno de los primeros antecedentes de esta práctica. Su intervención permitió inscribir la experiencia del Área en una genealogía humanista que vincula lengua, reflexión y transmisión de saberes.
Por su parte, el académico y exdirector del Departamento de Lingüística, Abelardo San Martín, valoró el rol del programa en el desarrollo de la disciplina y en la proyección pública de la Universidad. Destacó que se trata de un espacio que ha logrado articular “la excelencia académica con el compromiso social, alejándose de una visión mercantilista de la enseñanza del español y orientándose, en cambio, a la resolución de problemas sociales urgentes”. En este sentido, definió la enseñanza de la lengua como un acto de solidaridad, especialmente cuando se dirige a comunidades en situación de vulnerabilidad.
Desde una perspectiva más amplia, el exrector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi Véjar, abordó el lenguaje como una dimensión constitutiva de la experiencia humana. Su reflexión enfatizó el carácter del lenguaje como espacio donde se inscriben la memoria, la historia y la identidad, destacando el papel de la Universidad de Chile en la transmisión de estos contenidos a estudiantes provenientes de diversas realidades culturales. Enseñar español, sostuvo, implica necesariamente transmitir una experiencia histórica situada, en la que convergen las particularidades del contexto chileno.
Al finalizar, el director de la Academia Chilena de la Lengua y académico del Departamento de Lingüística, Guillermo Soto Vergara, desarrolló una defensa del español como lengua de alcance global y como patrimonio cultural compartido. En su intervención, relevó tanto su expansión histórica como su capacidad de articular comunidades diversas, al tiempo que reconoció el valor del trabajo desarrollado por el Área. En ese marco, destacó explícitamente la labor de las académicas Claudia Flores y Rosa Bahamondes como figuras clave en la consolidación de este proyecto académico.
La ceremonia incluyó además la exhibición de una pieza audiovisual que reconstruyó la historia del programa a través de testimonios de estudiantes y docentes, así como una presentación musical a cargo del Ensamble Creciendo, reforzando el carácter colectivo y multidimensional de una conmemoración que reunió a estudiantes internacionales, docentes y exdocentes de español, estudiantes y egresados del Diploma de Postítulo en Enseñanza de Español como Lengua Extranjera (ELE), académicas y académicos del Departamento de Lingüística, estudiantes de pregrado y docentes de Educación para Personas Jóvenes y Adultas (EPJA), así como la presencia de académicas especialistas en ELE de otras universidades.
A tres décadas de su creación -o a treinta y cinco años si se atiende a su desarrollo efectivo-, el Área de Español para Extranjeros se proyecta como un espacio estratégico para la Universidad de Chile. Tal como se reiteró en la jornada, su contribución excede el ámbito de la enseñanza de lenguas: se trata de un espacio académico, social y cultural que articula formación, investigación y extensión en torno a un principio fundamental: la construcción de puentes entre lenguas, culturas y trayectorias de vida.
En palabras de Claudia Flores, “se trata de una comunidad: estudiantes, profesores y equipos de trabajo que han hecho de este espacio un lugar vivo, dinámico y significativo. Una comunidad que se proyecta en nuevas generaciones que encuentran en la enseñanza del español un camino de desarrollo académico y profesional, y que se comprometen con los problemas del país porque entienden la misión de la universidad al servicio del país y sus problemáticas. En momentos donde el bienestar público, social y ciudadano se ve amenazado, saben que serán ellos y ellas quienes tomarán la posta de esta responsabilidad para construir una sociedad mejor”.