“Si está la opción, yo lo voy a hacer”, recuerda Nury.
En la lista de espera para un trasplante, avanzar significa empeorar. Nury Morales, de 33 años, llevaba meses viendo cómo su madre se deterioraba a la espera de un trasplante hepático. Hospitalizaciones cada vez más recurrentes, molestias insoportables y complicaciones que no cedían llegaron a un punto cúlmine: su ingreso a la UCI en diciembre de 2025. El equipo médico tuvo que reevaluar la situación y abrir una posibilidad distinta: un trasplante con donante vivo. Nury no dudó y aceptó darle parte de su hígado a su mamá. Este acto de amor no solo le salvó la vida a quien una vez se la dio, sino que las convirtió en protagonistas involuntarias de un nuevo hito para nuestro Hospital.
La madre de Nury padecía un daño hepático crónico de origen metabólico que había ido avanzando durante años. “Empezó con esteatosis, que derivó en una esteatohepatitis, la cual finalmente progresó hacia un daño hepático crónico con el desarrollo de diversas complicaciones: ascitis refractaria, encefalopatía recurrente y peritonitis bacterianas espontáneas a repetición, todas las cuales requirieron manejo hospitalario, con ingresos cada vez más frecuentes en nuestra institución”, explicó el Dr. Carlos Mandiola, cirujano que realizó el trasplante.
Sin embargo, el mayor problema no era el diagnóstico en sí, sino su posición en la lista. El puntaje de gravedad de la madre de Nury era bajo, lo que significaba una espera prolongada y un deterioro continuo. Por ello, el Dr. Mandiola les ofreció una alternativa poco frecuente en el país: “Un procedimiento de alta complejidad que representa una modificación técnica del trasplante hepático habitual. Consiste en utilizar como injerto una porción del hígado obtenida de un donante vivo, que tiene que cumplir ciertas características clínicas, médicas y anatómicas que posibiliten la donación. En ese contexto, se abrió la posibilidad de estudiar algún donante dentro de su grupo familiar para una cirugía de donación de hígado y su hija no solo se ofreció, sino que cumplió con todas las características requeridas”.
Para el equipo médico, esta no fue una idea improvisada, sino un objetivo que los cirujanos Carlos Mandiola y Jaime Castillo, jefe del equipo de Cirugía Hepatobiliopancreática y de la Unidad de Trasplantes, llevaban años construyendo. “Pude realizar un periodo de formación para aprender respecto al procedimiento en Seúl, Corea del Sur, específicamente en ASAN Medical Center, uno de los centros más prestigiosos en este campo y uno de los que realiza la mayor cantidad de este tipo de procedimientos en el mundo. En poco más de 30 años llevan más de diez mil casos y efectúan alrededor de 500 trasplantes hepáticos con donante vivo anualmente. Por lo tanto, el aprendizaje obtenido y la exposición a variados tipos de casos en un equipo de trasplante de altísimo volumen permiten adquirir la experiencia y pericia técnica para poder desarrollarlo en forma segura”, comentó el Dr. Mandiola.
El regreso del Dr. Mandiola al Hospital ocurrió un año antes de la llegada de este caso. Por lo tanto, cuando esta posibilidad se volvió una realidad para la madre de Nury, el desafío fue trasladar ese conocimiento a todo el personal. “Había que preparar adecuadamente al equipo médico que nos apoya. Lo ideal es pensar muy bien la cirugía para no caer en improvisaciones durante el procedimiento. Nos reunimos constantemente para proyectar la cirugía e hicimos varias simulaciones, ejecutando ciertas etapas del proceso, lo que hizo que finalmente todo se desarrollara de manera muy natural”.
Tras más de 12 horas de cirugía, ambas mujeres salieron de pabellón sin mayores complicaciones y hoy avanzan en su recuperación. Aún procesando lo vivido, Nury destaca el acompañamiento del equipo: “¡Qué increíble que justo el año pasado el doctor Mandiola estuvo especializándose en este tema y que este año ya haya podido realizar la cirugía! Uno no siempre se topa con doctores que tengan este tipo de calidad humana, que te expliquen todo súper bien y se tomen el tiempo de decirte cada detalle. Mi mamá estuvo desde diciembre hospitalizada acá y todos me preguntaban sobre ella. Esa preocupación por el paciente es muy valorable”.
Ley 21.621: una puerta que se abrió a tiempo
La madre de Nury siempre se atendió en el Hospital Dipreca por su previsión de salud, así que la primera vez que escucharon del Hospital Clínico Universidad de Chile fue en el consultorio. “Desde Dipreca nos comentaron que podíamos acercarnos al consultorio de Independencia y desde allá hicieron la derivación para que mi mamá se pudiera atender acá vía Ley HCUCH. Lo hicimos sin imaginar que esa ley nos iba a cubrir todos los gastos del trasplante. Son políticas públicas que se agradecen cuando uno las tiene que utilizar. Que un familiar esté enfermo ya es una carga potente y tienes que sumarle todo el tema económico. Nos ha cambiado la vida porque el proceso es agotador”, comentó Nury.
La Ley 21.621 es una normativa que articula al Hospital con la red pública nacional para tres comunas del país, facilitando que pacientes de Independencia, Renca y Tiltil accedan a distintas prestaciones. “Este es un hospital universitario público, no una clínica privada. Por lo tanto, los recursos siempre son un poco más limitados. Para nosotros fue sumamente importante tener el respaldo de la ley porque pudimos hacer los estudios necesarios con mayor holgura. Creo que, para las personas cubiertas por la ley, esta es tremendamente beneficiosa, ya que pueden acceder a terapias que siguen siendo excepcionales en nuestra realidad, pero a nosotros nos gustaría que fuera más extendida y fluida. Somos el primer centro público universitario que cuenta con este recurso y eso es sumamente importante”, dijo el Dr. Castillo.
Finalmente, ambos doctores reflexionan sobre la relevancia que este hito tiene para la salud nacional, para la institución y para ellos en lo personal. Ambos coincidieron: “Hay hitos personales e institucionales. En lo personal, estamos tremendamente orgullosos y agradecidos por esta posibilidad de hacer algo que para nosotros es muy desafiante, pero muy reconfortante. Uno se siente orgulloso: yo terminé y a uno se le caían las lágrimas. Creo también que, dentro de lo institucional, este es un hito más de una institución que está llena de hitos. Por ejemplo, el profesor Csendes es Premio Nacional de Medicina, y el primer trasplante renal se hizo acá también. Así que probablemente este es un hito más que, a lo mejor, cuando ya no estemos acá, seguirá escrito en alguna pared y eso es reconfortante”, concluyó el Dr. Castillo.