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Gabriel Tapia, guitarrista panameño en la U. de Chile: “Democratizar la cultura es una responsabilidad social”

Gabriel Tapia, guitarrista panameño de visita en la U. de Chile
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"Los países están olvidando que un mundo sin arte es un mundo que se encamina a la violencia y a la guerra", señaló el guitarrista.
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El compositor defiende que el acceso al arte es una responsabilidad social que ayuda a construir comunidades más conscientes y menos materialistas.
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Frente al auge tecnológico, Tapia plantea que la esencia de la interpretación humana posee una carga espiritual que resulta inalcanzable para cualquier cálculo algorítmico.

Formado en el Conservatorio Nacional de Panamá y en el Conservatorio Superior Municipal de Música de Barcelona, Tapia ha consolidado una carrera que une la interpretación con la academia, ejerciendo la cátedra del instrumento en el Instituto Nacional de Música de Panamá desde 1976. Su versatilidad como compositor lo ha llevado a escribir obras para diversas formaciones, desde orquestas de cámara hasta piezas corales, destacando hitos como la grabación de su Concierto Panameño junto a la orquesta londinense Hogarth Strings y bajo el sello Sony Co.

Su paso por las aulas de la Facultad de Artes de la U. de Chile estuvo marcado por el intercambio directo con los estudiantes. Tras realizar una serie de clases magistrales, el músico destacó el nivel de la educación impartida. "Me encontré con un nivel altísimo, casi no había nada que corregirles en cuanto a técnica", reconoce Tapia. En esos encuentros, el maestro prefirió centrarse en la interpretación, invitando a las y los jóvenes a abordar la guitarra con la visión y la complejidad de un "director de orquesta".

Esta estadía en el país culminó con un recital de guitarra clásica en el auditorio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), actividad organizada junto a la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile (VEXCOM). Para Tapia, actividades como esta refuerzan su convicción de que la música debe habitar los espacios comunes y ser accesible para toda la comunidad. Sobre esto y más, conversamos en la siguiente entrevista en exclusiva para Visitantes.

- Usted comenzó a tocar guitarra a temprana edad, ¿qué recuerda de ese momento?

Empecé formalmente con un ukelele, pero lo cierto es que mi fascinación nació mucho antes. A los 5 años alguien rasgueó una guitarra frente a mí y quedé hipnotizado. Desde ese día, mi único pedido para Navidad siempre fue el mismo: mi propia guitarra. Fue una vocación que se manifestó muy temprano y que me ha acompañado siempre.

- Latinoamérica tiene tradiciones de guitarra muy fuertes. ¿Siente que existe una forma latinoamericana de tocar que nos diferencia del estilo europeo?

Hay mucha diferencia, aunque nuestros orígenes sean hispánicos y el flamenco esté en la base de lo que llegó desde España. Lo hermoso es cómo en cada país surgieron instrumentos propios: en Chile tienen el maravilloso guitarrón de 25 cuerdas -que espero conocer antes de irme-; en Puerto Rico está el cuatro; en Cuba el tres; y en Panamá tenemos nuestra guitarrilla. Todos nacieron de ese intento de nuestros pueblos por imitar la guitarra española a su manera, dándole una sonoridad y un alma propia a cada región.

- Su obra Concierto Panameño llegó a los estudios de la BBC de Londres. ¿Cómo fue esa experiencia de ver sus ritmos valorados en Inglaterra?

Fue fabuloso y, curiosamente, Chile tuvo mucho que ver. La encargada de cultura de la BBC en ese entonces era una chilena, Selma Ortiz. Ella escuchó el primer movimiento de mi concierto en una presentación y le impresionó tanto que me invitó a grabarlo en los estudios de la cadena. Fue muy significativo que una profesional chilena fuera quien le diera ese valor institucional a mi música en Europa.

- En un mundo fragmentado y en constante tensión, ¿qué rol cumple la música en la actualidad?

Los países están olvidando que un mundo sin arte es un mundo que se encamina a la violencia y a la guerra. El arte sirve para sensibilizar a las masas, para que la gente se componga frente a la miseria y sea más humana. Si nos apartamos de la creación espiritual, terminaremos en un mundo puramente materialista.

- Sobre ese punto, ¿cómo ve el avance de la inteligencia artificial en la música? ¿Siente que es una amenaza para los artistas?

Pienso que los artistas no debemos tener miedo del avance tecnológico. Al final del día, el arte verdadero surge del espíritu humano, de una necesidad de comunicar algo profundo. La inteligencia artificial, en cambio, nace de cálculos. Pero nosotros trabajamos con la expresión espiritual, y es ahí donde la tecnología encuentra un límite infranqueable. Podrán existir muchas herramientas potentes, pero el sentimiento y la esencia que un ser humano le entrega a la interpretación son irremplazables.

- ¿Por qué cree que es importante que la Universidad abra estos espacios culturales de forma gratuita a la comunidad?

Es fundamental, porque el arte no puede ser un privilegio de pocos; democratizar la cultura es una responsabilidad social. En Panamá, por ejemplo, los conciertos de la Sinfónica son gratuitos por política cultural, pero nos falta dar el paso que dio Venezuela con el plan del maestro Abreu. Ellos llevaron las orquestas a los pueblos más humildes y de ahí surgieron genios como Gustavo Dudamel. Cuando un país incentiva el arte desde la política pública, no solo forma músicos, sino que transforma vidas y combate problemas de fondo como la corrupción y la falta de sensibilidad. Acercar la excelencia artística a toda la comunidad, de manera abierta y gratuita, es una forma de construir una sociedad más humana y consciente.

- Finalmente, ¿qué mensaje le daría a las y los jóvenes que hoy se están formando en la música?

Mi consejo es bien exacto: la vida es una sola. Por eso, hay que ponerle toda la energía al concepto que uno tiene de su carrera y preguntarse: "¿Cuál es mi utilidad en este mundo? ¿Cuáles serán mis aportes a través de esta profesión?". Si sentimos la vocación, hay que entregarse. Yo estoy convencido de que cuando hay una pasión real por una carrera, Dios y la vida siempre apoyan esa entrega.