Cuenca del río Huasco

Estudio U. de Chile releva la importancia de incorporar valores sociales y culturales en la gestión ambiental

Estudio U. de Chile destaca rol de valores sociales en la gestion ambiental
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El estudio muestra que el agua en la cuenca del río Huasco no solo es valorada por su uso agrícola, sino también por su vínculo con la identidad, la memoria y la vida comunitaria del territorio.
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“La política pública tiene que dialogar con valores complejos en distintos territorios. Si no dialoga con esos valores, los conflictos son inminentes”, señala Claudia Cerda, académica de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza.
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Afiche de convocatoria utilizado durante el trabajo de campo en la cuenca del río Huasco. Crédito: Manuela Montero.
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“Hay una cultura detrás, una identidad”, dice Iñigo Bidegain sobre los valores sociales asociados a la agricultura tradicional en la cuenca del río Huasco.

En una zona semiárida marcada por la escasez hídrica, la actividad agrícola, la minería y los efectos del cambio climático, la cuenca del río Huasco representa mucho más que un territorio productivo. Para quienes la habitan, este valle también sostiene vínculos sociales, prácticas tradicionales, identidad cultural y formas de vida construidas en torno a la naturaleza.

Así lo plantea el estudio “Ecosystem services values and motivations in the Chilean Atacama region”, publicado en la revista Discover Sustainability y desarrollado por la Dra. Claudia Cerda, académica de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, junto a Iñigo Bidegain, académico asociado de la Universidad de las Américas, ambos integrantes del Grupo de Investigación Ecología, Naturaleza y Sociedad (ECONAS).

Específicamente, el estudio se enmarca en el enfoque de servicios ecosistémicos, es decir, los beneficios que la naturaleza entrega a las personas. A diferencia de enfoques tradicionales centrados principalmente en su valor económico o instrumental, este estudio propone una mirada más amplia, orientada a comprender los vínculos sociales, culturales y territoriales que las comunidades establecen con su entorno. 

“Los servicios son todos los beneficios que la naturaleza brinda a las personas. El desafío es que siempre se han valorado económicamente, es decir, hemos estimado la importancia económica de estos beneficios, pero nos hemos dado cuenta de que valorarlos económicamente es necesario pero absolutamente insuficiente”, explica la profesora Cerda.

Más allá del agua: identidad, cultura y territorio

Para desarrollar el estudio, el equipo entrevistó a 201 residentes de la cuenca del río Huasco. Donde, en vez de utilizar conceptos técnicos como “servicios ecosistémicos”, se preguntó por las “cosas buenas” que el valle ofrece a las personas y sus comunidades. Esta decisión metodológica permitió que los habitantes expresaran, desde su propia experiencia, qué elementos consideran relevantes en su relación con el territorio.

Los resultados muestran que el agua para la agricultura fue el beneficio más mencionado, con un 60,9% de las respuestas. También destacaron la recreación, el agua potable, los alimentos derivados de la agricultura tradicional y las dimensiones culturales, como la identidad y el sentido de pertenencia

Uno de los principales aportes del estudio es mostrar que estos beneficios no se limitan a la utilidad material de la cuenca. Según explica el investigador Bidegain, incluso actividades como la agricultura involucran dimensiones que van más allá de la producción o el sustento económico. “Cuando hablamos de un servicio ecosistémico, como puede ser el alimento que nos brinda la agricultura, lleva detrás muchos valores que no son puramente instrumentales. No es solamente que sustentan un sueldo o los productos que se generan, sino que también hay una cultura detrás, una identidad”, explica.

El investigador ejemplifica esta dimensión con prácticas cotidianas del valle, como las reuniones en torno al río o el cuidadoso intercambio de semillas entre mujeres, acciones que no responden únicamente a fines productivos, sino también a la transmisión de conocimientos tradicionales y al fortalecimiento de las relaciones entre vecinos. “Esas múltiples dimensiones quedan subvaloradas muchas veces en las valoraciones económicas o excluidas de las valoraciones biofísicas”, agrega.

Desde esta perspectiva, la investigación distingue distintos tipos de valores asociados a la naturaleza que explican por qué las personas destacan unos servicios por sobre otros: los instrumentales, vinculados a la utilidad de un servicio; los intrínsecos, relacionados con la importancia de la naturaleza por su propia existencia; y los relacionales, que emergen de los vínculos entre personas, comunidades y territorio en torno a algunos servicios ecosistémicos.

Para la Dra. Cerda, esta mirada permite comprender mejor los conflictos socioambientales, especialmente en zonas donde conviven presiones productivas, escasez hídrica y fuertes vínculos comunitarios con el entorno. “Cuando afectas esos vínculos negativamente, puedes destruir el tejido social de una comunidad, y ese tejido social puede ser clave para conservar”, advierte la académica.

Aporte para la política pública y la toma de decisiones ambientales

El estudio plantea que incorporar la voz de las comunidades no solo permite comprender mejor los territorios, sino también fortalecer la toma de decisiones ambientales. En ese sentido, los investigadores advierten que muchos conflictos surgen cuando unos valores prevalecen por sobre otros, dejando fuera dimensiones culturales, comunitarias o territoriales que son centrales para quienes habitan los espacios.

“Lo relevante y el aprendizaje que nos queda es entender que la política pública tiene que dialogar con valores, y con valores que son complejos en distintos territorios. Si no dialoga con esos valores, los conflictos son inminentes”, plantea la profesora Cerda.

La académica agrega que uno de los desafíos actuales es avanzar desde la identificación de valores locales hacia su incorporación efectiva en los procesos de decisión. Hay que trazar desde lo local hacia la política pública. El desafío es cómo escalar estos valores a los procesos de toma de decisión, especialmente cuando no llegan a métricas económicas o biofísicas”, señala.

Aunque la investigación se desarrolló en la cuenca del río Huasco, sus autores sostienen que la metodología puede ser aplicada en otros territorios afectados por disputas ambientales, crisis hídrica o actividades productivas.

Para el equipo, este tipo de estudios permite avanzar hacia una gestión ambiental capaz de reconocer que cada territorio expresa valores, vínculos y conflictos propios.