Desde las plantas que habitan el desierto hasta las presentes en los bosques templados y en ecosistemas insulares, Chile posee una flora nativa marcada por su diversidad y alto nivel de endemismo. Sin embargo, conocer cuántas de estas especies están efectivamente protegidas y qué parte de su historia evolutiva está representada en el sistema de conservación sigue siendo un desafío para enfrentar la pérdida de biodiversidad.
Esta pregunta fue abordada por el estudio “Gaps in the conservation of phylogenetic diversity in the Chilean vascular flora”, publicado en la revista Biodiversity and Conservation. El trabajo fue liderado por el Dr. Federico Luebert, profesor titular y académico del Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales Renovables de la Facultad de Ciencias Agronómicas, y contó con la colaboración de investigadores, curadores y responsables de colecciones de distintas instituciones del país.
La investigación se desarrolló en el marco del proyecto Fondecyt Regular N°1230598, “Protecting plant genetic resources in an era of change: Phylogenetically informed evaluation of the ex situ conservation of the useful native flora of Chile”, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID).
El estudio analizó dos estrategias de resguardo: la conservación in situ, que protege las especies en sus hábitats naturales, como parques nacionales, reservas y monumentos naturales, y la conservación ex situ, que se desarrolla fuera de estos ambientes mediante bancos de semillas, jardines botánicos, arboretos y parques botánicos.
A partir de una base de datos de 4.466 especies nativas, el equipo identificó cuáles están presentes en alguna unidad de conservación, cuáles permanecen fuera de la red y cuántas cuentan con más de un lugar de resguardo. El análisis incluyó información de 50 unidades in situ y 23 colecciones ex situ. “El principal diagnóstico es que la diversidad filogenética, en proporción, tiende a estar mejor conservada que la riqueza, es decir, que el número de especies. Pero también hay un porcentaje significativo de especies que falta por conservar”, señala el académico.
Más que contar especies: conservar historia evolutiva
Para evaluar el estado de la flora chilena, el equipo utilizó dos métricas complementarias. “Una de las métricas analizadas fue la riqueza, es decir, cuántas especies están conservadas. La otra es la diversidad filogenética, que corresponde a la proporción del árbol de la vida que representa un conjunto de especies”, explica Luebert.
En términos simples, no es lo mismo proteger numerosas especies estrechamente emparentadas que conservar plantas provenientes de ramas evolutivas diferentes. Algunas representan linajes únicos y con pocos parientes cercanos, por lo que su desaparición también supondría perder una parte relevante de la historia evolutiva del país.
Los resultados muestran que la combinación de conservación in situ y ex situ representa el 62,5% de la riqueza de especies y el 73,1% de la diversidad filogenética de la flora vascular chilena. En total, 2.793 especies están presentes en al menos una de las unidades analizadas.
Pese a estas cifras, una de las principales limitaciones del estudio está en la información disponible sobre las áreas protegidas. De las 108 unidades consideradas dentro del sistema estatal analizado, solo 50 contaban con datos sobre su flora y, en algunos casos, los catastros eran parciales. “Tenemos un conocimiento muy parcial de cuáles son las especies presentes en las áreas protegidas de Chile. Hay áreas protegidas que no han sido adecuadamente investigadas desde el punto de vista de su flora”, afirma.
Por esta razón, los porcentajes obtenidos no constituyen una fotografía definitiva. A medida que se desarrollen nuevos inventarios botánicos, podrían identificarse especies protegidas que actualmente no figuran en los registros. “Las estimaciones que tenemos aquí son necesariamente un mínimo, porque una vez que se investiguen estas áreas y se conozcan mejor las especies que ahí ocurren, vamos a tener información de que hay más especies protegidas de las que aparecen en este estudio”, agrega.
La falta de información no solo dificulta conocer el alcance real de la red, sino también detectar qué especies necesitan mayor atención. Sin catastros completos y actualizados, resulta complejo evaluar si las plantas amenazadas mantienen poblaciones viables o requieren medidas específicas de manejo.
Una red resiliente, pero con especies sin respaldo
La conservación de la flora adquiere especial relevancia frente a amenazas como los incendios, el cambio climático, la degradación de ecosistemas, las invasiones biológicas y el cambio de uso del suelo. Estas presiones se cruzan, además, con una distribución territorial desigual de las áreas protegidas.
Según plantea el investigador Luebert, gran parte de estas unidades se concentra en la zona sur, mientras que Chile central presenta una menor representación, pese a albergar una parte importante de la diversidad vegetal del país. “La mayor diversidad de plantas está concentrada en Chile central, que es donde hay una mayor presión de actividades humanas y donde hay una menor concentración de áreas protegidas”, sostiene.
“Una de las líneas de importancia que tiene la conservación ex situ es que permite conservar especies que no están conservadas in situ. Pero también permite tener un resguardo de los recursos genéticos con que contamos en el país para estudios y futuros desarrollos”, agrega el investigador.
Esta complementariedad es relevante porque el estudio detectó que la mayoría de las especies protegidas se encuentran en una sola unidad de conservación. Aunque la pérdida individual de muchas unidades tendría un efecto limitado sobre los porcentajes generales, para determinadas plantas podría significar desaparecer completamente de la red. “A pesar de que el sistema es resiliente en cierto modo, es frágil en el sentido de que muchas especies están presentes solamente en una unidad de conservación, ya sea in situ o ex situ. La mayoría, de hecho, lo está solamente en una. Esto significa que si esa área desaparece, esa especie se pierde del sistema de conservación”, advierte Luebert.
Entre las unidades más relevantes destaca el Banco Base de Semillas de Vicuña del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, que realiza el mayor aporte individual a la riqueza y diversidad filogenética conservada ex situ. En la conservación en ambientes naturales, sobresale el Parque Nacional Archipiélago Juan Fernández, cuya flora reúne numerosas especies amenazadas y linajes únicos.
Si bien el estudio entrega una primera evaluación nacional que integra las áreas protegidas con bancos de semillas y colecciones vivas, también permite reconocer las especies que todavía requieren protección o un segundo respaldo. “No se trata solamente de tener la mayor cantidad de especies conservadas, sino también de que estas especies no estén resguardadas en una sola área de conservación”, concluye Luebert.
Referencia del estudio
Villanueva, D., Espinoza, T., Zúñiga-Acevedo, P., Pañitrur-De la Fuente, C., Ascanio, R., Cisternas, M., Díaz, A., Escobar, I., Hahn, S., Ilijic, I., Mujica, M. I., Musalem, M., Naulin, P., Niculcar, R., Ossa, I., Perez-Díaz, R., Pertuzé, R., Valentino, R., Valenzuela, C. S., Véliz, J., Videla, J., Vidal, O., López, A., Rojas, L., Saez, M., Hechenleitner, P., Penneckamp, D., Salazar, E., Sanhueza, H., Valverde, G., Magni, C. R., Forest, F., Scherson, R. A. & Luebert, F. (2026). “Gaps in the conservation of phylogenetic diversity in the Chilean vascular flora”. Biodiversity and Conservation, 35:60.