"Siempre tuve el sueño de estudiar en la U. de Chile, desde que salí de cuarto medio", reconoce en medio de la entrevista con Prensa U. de Chile, Ignacio Terán Yáñez, estudiante de tercer año de la carrera de Ciencias Agronómicas, quien lleva un tiempo desarrollando –mediante encuestas aplicadas a sus demás compañeros y compañeras de la Facultad ubicada en el Campus Antumapu– una Radiografía Estudiantil, con la cual logró hacer una caracterización de pregrado y descubrir, por ejemplo, las razones del rezago estudiantil.
“Estando en 2024 en la Universidad de Chile me fue súper bien, entonces, como no tuve que dar exámenes, decidí aprovechar mi tiempo y entender por qué algunos compañeros se iban o se atrasaban con sus ramos”, afirma. Atraído por esta situación, decidió aplicar, en 2025, una encuesta que le permitió entender las razones detrás del ausentismo universitario.
¿El resultado? La distancia y el tiempo diario destinado a movilización. “Esta información se la entregué a los cuatro candidatos a decano de la Facultad”, dice. Asimismo, plantea que, como paso siguiente, está la solicitud de un estudio de factibilidad arquitectónica del terreno para la construcción de una “posada” o residencia universitaria.
Ignacio ingresó a la Universidad Diego Portales a los 18 años para estudiar Ingeniería Comercial. Sin embargo, se dio cuenta de que no era lo que realmente quería para su futuro. Se salió de la carrera y comenzó a trabajar, dado que tiene un hijo y, por ende, una responsabilidad que tuvo que asumir siendo adolescente.
Fue así como logró reunir recursos, pero vino la pandemia. Decidió emprender junto a su madre para instalar un vivero en la casa. Ese fue el gatillante de su amor por las plantas, la vida al aire libre, el cuidado de la naturaleza y, como él mismo asegura, por la Agronomía.
Finalmente, decidió ingresar nuevamente a estudiar. Lo hizo en 2021, pero económicamente no fue posible seguir con la carrera. Esperó y logró cumplir su sueño. “La tercera es la vencida”, dice entre risas, ahora que lleva tres años en Antumapu, donde “puedo ahora continuar con mis estudios y estar cien por ciento enfocado en mi proceso formativo”, asegura.
- ¿Qué te motivó a ingresar a la Universidad a estudiar?
Cuando salí del colegio entré a Ingeniería Comercial en la Universidad Diego Portales porque no me alcanzó el puntaje para la U. de Chile. Fui papá. Mi hijo se llama Nicolás y tiene 15 años. Me pasó que desde los 14 años soy responsable de un hijo y de su mantención. Además, tuve malas notas en el colegio, por eso no logré entrar a la Chile.
- ¿Por qué Ingeniería Comercial?
Solo por recomendación familiar, no por vocación. Estuve como dos años y me terminé saliendo. Luego me puse a trabajar en eventos.
- Y ¿qué hacías ahí?
Partí como montajista decorativo con una productora que se llama “Globox” y pude tener experiencia en eventos como Lollapalooza.
- ¿Cuánto tiempo estuviste?
Como dos o tres años, pero después en producción de eventos estuve como ocho años en total. Los últimos seis fueron más de eventos autogestionados. Me independicé.
- Y ¿cómo llegas a la Agronomía?
Debido a la pandemia, mi rubro desapareció por las medidas sanitarias y, junto a mi madre, Nelti Yáñez –ella vive en la comuna de Macul–, emprendimos un humilde y pequeño vivero de plantas de interior.
Lo instalamos en la casa, teniendo pocos metros cuadrados. También vendíamos alimento para mascotas. De esta manera nos ayudábamos. Diría que en ese momento me interesé por las Ciencias Agronómicas. Me puse a averiguar sobre el Campus Antumapu, una facultad que está por cumplir 150 años y tiene origen en el Instituto Agronómico de Chile de Quinta Normal, que fue el primer centro educativo formativo del país, por lo cual mi carrera es la primera de la historia del país.
Todo esto fue entre 2020 y 2021.
- ¿Dirías que descubriste tu pasión?
Sí, y descubrí la paz que te da una planta. Si tú la observas bien, tiene cambios, movimientos a lo largo de los días y de las semanas. Te da una paz convivir con ellas.
Una planta lo único que te pide es agüita, un macetero o un sustrato de buena calidad, y lo que te entrega es alimento, por un lado, en la producción vegetal. También te entrega aire fresco, humedad para tu hogar, puras cosas positivas, y tú lo único que tienes que hacer es cuidarla y no contaminarla.
Cumplir un sueño: ingresar a la U. de Chile
Ignacio Terán reconoce que hizo un trabajo minucioso, recolectando información sobre resultados de la Universidad, revisando mallas, formación y experiencia de sus académicos y académicas. Actualmente, estudia con gratuidad y realiza dos ayudantías.
También trabaja en la Biblioteca de Antumapu. “Estoy en el turno AM de la extensión horaria porque la biblioteca funciona de 9:00 a 18:00, pero voy a la biblioteca de 07:00 a 09:00 de la mañana para que los estudiantes puedan estudiar en ese horario y tener acceso a los computadores públicos”.
Pero eso no es todo. Además, es beneficiario de la beca BAE que entrega la U. de Chile, lo que le permite recibir recursos que destina para sus gastos mensuales y para su hijo.
- ¿Cómo llegas a la U. de Chile?
Averiguando netamente en rankings. Además, siempre tuve el sueño de estudiar en la Chile, desde que salí de cuarto medio, pero digamos que, por mis bajas notas y por el contexto en que fui padre joven, el puntaje no me alcanzó.
Tuve que estudiar fuertemente para la PAES, en la cual tuve solo una respuesta mala en Matemáticas y tres malas en Historia, alcanzando 961 y 925 puntos, respectivamente. Estuve en el Preuniversitario de Campus Norte Eloísa Díaz.
- Y quedaste...
Entré en 2021, pero por temas económicos no pude seguir. Ahorré durante dos años y lo volví a intentar. Fue así como en 2024 pude continuar con mis estudios y estar cien por ciento enfocado en mi proceso formativo.
- ¿Qué dijo tu mamá cuando entraste a la Universidad?
Estaba súper contenta porque la Universidad de Chile es la más prestigiosa y con más tradición del país.
- ¿Tienes hermanos?
Sí, una hermana, que es Ingeniera Comercial de la U. Diego Portales, eso explica mi elección inicial (ríe). Es mayor que yo en tres años, se llama Angelina Terán.
- ¿Cómo han sido estos años?
Súper buenos. Me fui a vivir a La Pintana para estar cerca de la Universidad y estar 100% enfocado en mi proceso formativo. Como ya tenía una vida adulta y tenía un equilibrio económico, no vi a la Universidad como la oportunidad de obtener un título para conseguir trabajo, sino como una acción para mejorar mi vida.
En realidad, lo que me llevó a estudiar fue lo académico. Empecé a estudiar de manera autónoma, pero llegué a un cierto límite que no podía avanzar si no tenía maestros que me guiaran. La educación autodidacta tiene cierto límite.
- ¿Te sientes satisfecho con la decisión que tomaste?
Sí, muy buena porque Antumapu es un lugar donde hay mucha comunidad entre estudiantes, funcionarios y académicos.
- ¿Cómo te ves tú en diez años más? ¿Qué te ves haciendo?
He pensado mucho en ser académico de mi propia facultad. Según me han explicado mis profesores, cerca del 80% de los que hacen clases como académicos en Antumapu son exalumnos del campus, entonces lo veo como una buena oportunidad. Actualmente igual tengo una pequeña, pequeñísima carrera docente en la Universidad, en mi rol de ayudante de Matemáticas I y II, uno de los ramos que más reprueban los estudiantes de primer y segundo año.
- Si tuvieras que describir en una frase o una palabra tu paso por la U. de Chile, ¿cuál sería?
El Campus Antumapu es maravilloso para estudiar, tiene muchas áreas verdes. Tiene una gran cantidad de laboratorios. Lo describiría como un disfrute y retroalimentación constante porque es demasiado linda la Universidad, hay muy buenos académicos.
Hoy tengo una perspectiva muy distinta que es aprovechar el camino y el proceso. Lo que uno puede lograr por los demás, mientras hace algo para uno, es súper importante. No es simplemente ir a buscar el título para encontrar un buen trabajo, sino cómo tú te puedes formar como persona para ayudar más a los demás gracias a tu paso y formación por la U. de Chile.