Su interés por la música comenzó cuando era muy pequeño y gozaba con el folclor, sobre todo con la guitarra. De ahí a comenzar a tocar melodías en su casa fue un solo paso. Como la pasión por la música fue creciendo, en octavo básico ingresó al Liceo Experimental Artístico y a la edad de 15 años ya sabía a qué se quería dedicar el resto de su vida. Su deseo era ser guitarrista clásico. ¿Dónde estudiar? Para Gonzalo López, la decisión fue sencilla: “buscaba el mejor lugar y donde estuvieran los mejores profesores. El solo hecho de postular a la Facultad de Artes de la Universidad de Chile significaba estudiar con los grandes maestros que han forjado toda la escena musical. Y, en particular, mi interés era estudiar con Luis Orlandini, quien es —hasta el día de hoy— un renombrado guitarrista chileno con presencia internacional. Él conoce muy bien la actualidad de la guitarra. Entonces, estudiar con una persona que tuviera conocimientos muy actuales del instrumento era para mí una prioridad”. Además de Luis Orlandini, Gonzalo tuvo la oportunidad de conocer el trabajo de Premios Nacionales como Carmen Luisa Letelier, Miguel Letelier, Fernando García y Cirilo Vila. Para el músico, este acceso a maestros que provienen de una élite intelectual de la creación y que sustentan una gran línea formativa representa un valor insustituible que “solo está en la Universidad de Chile”.
Estudiar en la Facultad de Artes entre 2010 y 2016 fue descubrir una familia. “Era una buena época, la Facultad siempre ha sido un universo estudiantil muy pequeño. Rápidamente uno hace amistades con intérpretes, compositores y estudiantes de la Licenciatura en Sonido, porque además de ser una facultad pequeña, el único espacio de conversación que teníamos era la entrada a la facultad, que es un pasaje peatonal. Entonces, se daba la sensación de ser una pequeña familia que estaba siempre junta”. Muchos de esos jóvenes hoy tienen destacadas carreras, como los intérpretes en guitarra clásica Alexis Vallejos y Mauricio González, actualmente en Bélgica.
El sello U. de Chile: hambre de conocimiento
“Todos los que fueron de mi generación, incluso después de haber concluido los estudios, se mantuvieron con hambre por el conocimiento”, destaca y explica que el horizonte que siempre le mostraron en la facultad fue muy amplio. “La universidad nos dio mucho ímpetu para seguir perfeccionándonos, sabíamos que solo estudiar una carrera no era suficiente, había que perfeccionarse y perseguir una carrera con ambición y con mucho espíritu”. Este riguroso impulso formativo y la sólida base teórica recibida en armonía y teoría fueron los motores que lo empujaron a explorar nuevos lenguajes más allá de la guitarra clásica y adentrarse en el mundo de la dirección orquestal.
El tránsito hacia la dirección comenzó casi simultáneamente con sus estudios en la Universidad de Chile. “En el proceso de mis estudios como intérprete, siempre tuve interés en ir más allá de la guitarra clásica: explorar la música de cámara, la música contemporánea, la música nueva. Y siempre me interesó la dirección orquestal sin saber qué era exactamente. Me interesaba la música desde un punto de vista, quizá más intelectual, pero no sabía si era la composición lo que quería hacer (...) Estando en una facultad que tiene una orquesta, que enseña todos los instrumentos de la escuela clásica, comencé a descubrir este mundo de la dirección orquestal cuando ya estaba casi terminando mis estudios. Me di cuenta de que tenía todas las herramientas para explorar eso; es decir, tenía un conocimiento base, sabía de teoría, sabía de armonía, etc. Tuve la fortuna de tomar algunos cursos gratuitos de dirección y de ahí en adelante fue una avalancha que me llevó hasta acá”, describe entusiasmado.
Director técnico
Gonzalo López describe el rol del director de orquesta como el de un DT en un equipo de fútbol. “Todo gran equipo necesita un director técnico. El talento individual de un futbolista es tremendamente importante para su desempeño, pero en el equipo el talento individual está al servicio de un objetivo más grande, que es ganar los partidos. La persona que se encarga de organizar la estrategia para lograr un buen resultado es el director de orquesta. Esa es la persona que está encargada de analizar toda la cancha, que sería la partitura, y saber plantear de una manera estratégica el objetivo, que es lograr el mejor resultado musical”.
Desde este planteamiento se entiende que escuchar una misma composición musical de manos de distintos directores es totalmente diferente. “La orquesta confía plenamente en las decisiones que toma el director para lograr un objetivo, ya sea hacer una interpretación muy romántica o una versión muy clásica, que podría llamarse más conservadora. La diferencia está en que cada director puede hacer su propia propuesta. Hoy en día tenemos a personas como el director griego Teodor Currentzis, que tiene propuestas súper atrevidas, a tal punto que se atreve a hacer cambios en la partitura. Y también otros directores que buscan hacer una interpretación históricamente correcta, es decir, recrear la interpretación tal como se hacía en la época, al punto que no usan la trompeta moderna, sino la del siglo XVIII si es necesario, por ejemplo. La propuesta del director cambia los resultados y por eso es tan interesante escuchar distintas versiones, porque la imaginación del artista ofrece una cantidad de posibilidades que son casi infinitas. Por eso una obra como la Quinta Sinfonía de Beethoven, que todo el mundo conoce, se sigue grabando hasta el día de hoy y tocando una y otra vez, porque siempre se va a poder renovar con una visión interpretativa”.
Un punto de inflexión fundamental en este rol ocurrió en 2018, año en que fue convocado por la orquesta de cámara Solístico de Santiago para dirigir la final de un concurso nacional de interpretación. La sinergia y el excelente resultado musical con la agrupación derivaron en nuevas invitaciones y consolidaron esta veta profesional. Uno de los frutos de esta propuesta profesional se materializa durante este mes de junio en el Bled Contemporary Music Festival 2026, en Eslovenia. “Mi participación como director nace por un proceso formativo, por una residencia artística. En ese tiempo comencé a profundizar en la dirección y en el trabajo con compositores de música nueva. Tuve mucho diálogo con compositores de distintas partes del mundo, acompañado, naturalmente, por un equipo de profesores”. Al final, ellos hicieron una selección de sus estudiantes y cursaron cartas de invitación para participar en el Bled Contemporary Music Festival, organizado por el instituto esloveno ABCBA, dedicado a la investigación musical, entre otras cosas, y donde se muestran las obras que se han trabajado durante este último año, explica.
- ¿Qué esperas de esa experiencia?
Afianzar lazos con miras a un trabajo colaborativo con esta institución y dar un cierre a todo este trabajo —que ha sido la residencia artística— con un producto concreto: las grabaciones en vivo y los estrenos de música nueva. Eso es importante en el quehacer del intérprete: acercarnos a la música nueva, tener estrenos y ganar experiencia.