Aunque la participación de las mujeres en la diplomacia ha avanzado, aún persisten obstáculos que limitan su acceso a los cargos de mayor jerarquía y a los espacios de toma de decisiones.
Para visibilizar estos desafíos y reconocer su contribución a las relaciones internacionales y a la construcción de la paz, las Naciones Unidas establecieron en 2022 el Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia, que se conmemora cada 24 de junio.
En el marco de esta fecha, embajadoras y representantes de los servicios exteriores de Chile, Uruguay y Ecuador se reunieron en el Instituto de Estudios Internacionales (IEI) de la Universidad de Chile para compartir sus experiencias y reflexionar sobre el presente y el futuro de las mujeres en la carrera diplomática.
La actividad, organizada por el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile junto a la Asociación de Diplomáticas y Diplomáticos de Carrera de Chile (ADICA) y el Comité Permanente de Mujeres Diplomáticas de Chile (COMUDICA), fue moderada por María José Henríquez, directora del IEI, y reunió a representantes del mundo diplomático, académico y estudiantil.
El panel estuvo integrado por Ana Inés Rocanova, embajadora de Uruguay en Chile; Lotty Andrade, embajadora de Ecuador en Chile; Andrea Droppelmann, jefa de la División de Ciencia, Energía, Educación, Innovación y Astronomía del Ministerio de Relaciones Exteriores; y Aylin Joo, jefa de la División de América del Norte, Centroamérica y el Caribe de la Cancillería chilena.
Las cifras muestran que los avances siguen siendo insuficientes. Según señaló Lorena Guzmán, presidenta de COMUDICA, solo el 19% de las embajadas del mundo están encabezadas por mujeres. En Chile, ellas representan actualmente cerca del 30% del servicio exterior, una cifra muy superior al 5% registrado hace tres décadas, pero su presencia sigue siendo menor en los cargos de mayor jerarquía.
Estereotipos y redes que todavía limitan el liderazgo
Durante décadas, la diplomacia fue construida como un espacio predominantemente masculino. Aunque la incorporación de mujeres ha contribuido a transformar esta realidad, las expositoras advirtieron que aún persisten estereotipos sobre la forma en que deben ejercer la autoridad y las tareas que se espera que asuman.
Andrea Droppelmann advirtió que sobre las mujeres recae una exigencia contradictoria cuando llegan a puestos de liderazgo. “Tienes que ser firme, pero no tan firme para que no parezcas histérica; tienes que tener credibilidad y tomar decisiones, pero siempre dentro de ciertos márgenes”, explicó.
Aylin Joo recordó que, durante una destinación, un superior le pidió comprar sábanas y toallas para una residencia oficial y organizar un cóctel, en vez de asignarle inicialmente labores relacionadas con el trabajo diplomático para el cual había sido destinada. Para la diplomática, este tipo de experiencias demuestra cómo los estereotipos pueden invisibilizar las capacidades profesionales de las mujeres y relegarlas a tareas tradicionalmente asociadas a lo doméstico.
Ana Inés Rocanova abordó, por su parte, la expectativa de que las mujeres lleguen a los puestos de decisión para suavizar o maternalizar las posiciones institucionales. “Nuestra presencia no está para suavizar las decisiones, sino para producir decisiones de mayor calidad y más representativas”, sostuvo.
Además, la diplomática uruguaya relató que, en sus 28 años de carrera, nunca tuvo una jefa mujer. Su experiencia muestra cómo muchas diplomáticas se formaron bajo modelos de liderazgo ejercidos principalmente por hombres y, al asumir cargos de responsabilidad, debieron construir sus propias formas de dirigir equipos y tomar decisiones.
Junto con los estereotipos, las participantes identificaron barreras menos visibles, como las redes informales que influyen en la formación de equipos, los ascensos y las designaciones. La diplomática Rocanova señaló que todavía persiste “el círculo de hombres que recomiendan a otros hombres”, una dinámica difícil de advertir en las normas, pero que continúa afectando el acceso de las mujeres a determinados espacios de influencia.
De la conciliación a la participación efectiva
A las barreras informales que dificultan el acceso a cargos de liderazgo se suman las exigencias asociadas a la vida familiar. Durante el encuentro, la distribución desigual de las responsabilidades de cuidado fue identificada como uno de los principales obstáculos para el desarrollo profesional de las diplomáticas.
Andrea Droppelmann explicó que el peso de la crianza continúa recayendo mayoritariamente en las mujeres, especialmente durante etapas decisivas de sus trayectorias, como los concursos, las destinaciones en el extranjero o las postulaciones a cargos de mayor responsabilidad.
Frente a esta realidad, las expositoras coincidieron en que compatibilizar la carrera diplomática con la vida personal no puede depender únicamente de esfuerzos individuales. Para avanzar se requieren políticas de corresponsabilidad, permisos adecuados, protocolos contra el acoso y normas que reconozcan las distintas formas de familia.
La importancia de revisar las reglas institucionales fue ejemplificada por Lotty Andrade. La embajadora recordó que, cuando ingresó a la Cancillería ecuatoriana, existía una disposición que obligaba a uno de los integrantes de una pareja de funcionarios a renunciar si ambos contraían matrimonio. “Inicialmente, siempre renunciaba la mujer, incluso si tenía un cargo más alto”, explicó.
Para Andrade, este tipo de normas demuestra que las desigualdades también pueden reproducirse mediante disposiciones que aparentan ser neutrales. Por ello, destacó la importancia de reconocer los derechos conquistados, establecer límites y construir estrategias colectivas para transformar las prácticas discriminatorias. “Los derechos se ejercen”, remarcó.
La discusión también permitió situar estas transformaciones como una cuestión de representación. Para Aylin Joo, “que las mujeres, siendo la mitad de la población, no estén en posiciones de liderazgo ni en las mesas de decisión es un tema de justicia y de dignidad”.
La jornada concluyó con un llamado a pasar de una mayor presencia femenina a una participación efectiva en los espacios donde se define la política exterior. Para las expositoras, el desafío no consiste solo en incorporar más mujeres a la carrera diplomática, sino en asegurar que puedan acceder a cargos de liderazgo, influir en las decisiones y desarrollar sus trayectorias en condiciones de igualdad.