Pero detrás de este logro hay una historia que comenzó hace más de dos décadas, cuando un joven médico ecuatoriano llegó a Santiago con una maleta y el sueño de formarse en la Universidad de Chile. No podía imaginar entonces que aquella decisión marcaría el inicio de un camino que, en el futuro, conectaría dos continentes en una sala de operaciones.
El 29 de abril de 2026, la cirugía robótica dio un paso inédito en el mundo. En el Centro de Cirugía Robótica (CRC) de la Clínica Santa Bárbara, ubicada en la ciudad andina de Gualaceo, al sur de Ecuador, una paciente con obesidad mórbida fue sometida a un bypass gástrico mediante una intervención realizada simultáneamente desde dos continentes.
Mientras el doctor Jorge Bravo López dirigía la cirugía desde una consola robótica instalada junto a la paciente en Ecuador, el doctor Kuan Wang participaba en tiempo real desde la Universidad y Hospital de Harbin, en el norte de China, a 19.000 kilómetros de distancia en línea recta y con una diferencia horaria de trece horas. Ambos cirujanos controlaron de manera coordinada los brazos de una plataforma robótica Kangduo® (Sagebot-Latambot) de quinta generación, demostrando que la distancia ya no constituye una barrera para la cirugía altamente especializada.
La intervención estableció el récord de la telecirugía realizada a la mayor distancia registrada hasta la fecha. Aunque Ecuador y China se encuentran separados por 19.000 kilómetros en línea recta, la información recorrió aproximadamente 35.000 kilómetros a través de una compleja red de fibra óptica terrestre, cables submarinos y enlaces satelitales. Esta distancia prácticamente triplica la marca previamente reportada en una telecirugía entre Brasil y Kuwait. Además, el procedimiento constituye el primer bypass gástrico realizado mediante una plataforma Kangduo, tecnología que durante más de quince años ha sido utilizada principalmente en cirugía oncológica y procedimientos de alta complejidad en China.
“Más allá del récord, el procedimiento demostró que hoy es posible conectar especialistas ubicados en extremos opuestos del planeta para intervenir conjuntamente a un paciente con los niveles de precisión y seguridad que exige la cirugía moderna”, agrega el doctor Bravo.
Ingeniería para hacer posible lo inimaginado
Alcanzar este resultado requirió mucho más que un robot quirúrgico, dice el doctor Bravo. El principal desafío fue desarrollar una infraestructura de telecomunicaciones capaz de transmitir enormes volúmenes de información prácticamente en tiempo real.
“La cirugía robótica es extremadamente sensible a cualquier variación en la comunicación”, explica. “Los movimientos que realiza el cirujano deben reproducirse de forma instantánea en los brazos del robot. Para lograrlo era indispensable mantener una latencia inferior a 120 milisegundos, evitar prácticamente cualquier pérdida de paquetes de datos y garantizar una señal completamente estable durante todo el procedimiento. Por eso el desafío no era únicamente la separación geográfica entre ambos equipos, sino la capacidad de convertir miles de kilómetros en una fracción de segundo. Cada movimiento realizado por un cirujano debía reproducirse prácticamente de manera instantánea en los brazos del robot. Cada paquete de datos debía llegar íntegro. Cada milisegundo podía marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso”.
Para cumplir estas condiciones, el equipo diseñó una arquitectura híbrida de comunicación que combinó fibra óptica de alta velocidad con enlaces satelitales de distintas órbitas. La solución tecnológica fue desarrollada junto con Hispasat y Telconet por ingenieros de tres continentes liderados por el doctor Bravo, lo que permitió asegurar la continuidad de la comunicación incluso ante eventuales variaciones en la red terrestre.
Esta modalidad de transmisión constituye uno de los principales aportes científicos del proyecto, al demostrar la factibilidad de realizar telecirugía intercontinental mediante una red híbrida de múltiples capas de comunicación. Para esta proeza se usaron satélites de órbita baja (LEO), como los de Starlink, ubicados a 4.000 km; satélites de órbita alta (GEO), que orbitan a 40.000 km de la Tierra; y una red inteligente SD-WAN para dirigir el tráfico de datos con la menor latencia.
El proyecto recibió el nombre de Qhapaq Ñan, inspirado en la extensa red vial construida por el imperio inca para conectar gran parte de Sudamérica —el Tahuantinsuyo—. Así como los antiguos chasquis recorrían miles de kilómetros transportando mensajes entre postas, la información quirúrgica viajó a través de una sucesión de nodos tecnológicos distribuidos por distintos continentes. “Los incas conectaron un imperio mediante caminos de piedra”, reflexiona el doctor Bravo. “Nosotros conectamos continentes mediante caminos tecnológicos. Ambos recorren aproximadamente 35.000 kilómetros para unir personas separadas por enormes distancias”.
La paciente intervenida presentaba un índice de masa corporal de 47, además de diabetes mellitus e hipertensión arterial. Su evolución fue favorable y recibió el alta hospitalaria al día siguiente.
Una historia que comenzó en la Universidad de Chile
Sin embargo, la historia de esta telecirugía no comenzó en Ecuador ni en China, sino hace más de dos décadas, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, cuando el doctor Jorge Bravo era un joven médico ecuatoriano que soñaba con especializarse en la Casa de Bello.
Originario de Gualaceo, una ciudad de aproximadamente 40.000 habitantes ubicada en la provincia del Azuay, conoció durante sus años de estudiante a cirujanos ecuatorianos que habían realizado estancias formativas en la Universidad de Chile con el doctor Juan Eduardo Contreras, académico del Departamento de Cirugía Oriente de nuestro plantel. “Aquellos profesionales regresaron con nuevas habilidades, una visión distinta de la cirugía y un enfoque profundamente innovador”, recuerda el especialista. Esa experiencia despertó en él la convicción de que su futuro profesional debía construirse en la Universidad de Chile.
Con esa idea llegó a Santiago hace veintitrés años, lleno de ilusiones y propósitos. No fue un camino sencillo ni fácil debido a los cupos restringidos para ingresar al programa de especialización, señala. Primero, realizó un año de capacitación en el Hospital del Salvador, donde conoció al doctor Contreras, uno de los pioneros de la cirugía laparoscópica en el país; posteriormente, obtuvo el primer lugar en el proceso de selección para la residencia de Cirugía General, lo que le permitió elegir como sede el Departamento de Cirugía Oriente. Tras completar la especialidad, realizó un fellowship en cirugía laparoscópica en la misma universidad y, por último, continuó perfeccionándose en cirugía digestiva, bariátrica y robótica en Chile, Brasil, España y otros centros internacionales.
Su vínculo con la Facultad de Medicina no terminó al concluir la residencia. Impulsado por los doctores Contreras y Carlos Carvajal —entonces director del Departamento de Cirugía Oriente—, postuló e ingresó como académico de la Universidad de Chile, desarrollando una importante labor docente y de entrenamiento quirúrgico en el laboratorio de cirugía experimental, hoy Centro de Entrenamiento en Habilidades Quirúrgicas. “Mi mayor sueño era estudiar en la Universidad de Chile”, recuerda. “Nunca imaginé que terminaría siendo profesor de la misma institución. Gran parte de lo que hoy soy y somos como equipo comenzó aquí”.
Democratizar la cirugía robótica en Latinoamérica
Convencido de que la innovación solo adquiere verdadero sentido cuando mejora el acceso de las personas a una atención de calidad, el doctor Bravo ha impulsado durante los últimos años diversos proyectos orientados a reducir las brechas tecnológicas en la región.
Desde esa convicción, fundó la Colaboración Latinoamericana de Cirugía Robótica (COLCIR), una red internacional que promueve la formación de especialistas, la investigación colaborativa y el acceso equitativo a la cirugía robótica en América Latina.
Junto con COLCIR y Sagebot, fabricante del robot Kangduo, participó además en la primera telecirugía multiconsola del mundo, realizada en Estrasburgo durante el Congreso Mundial de Cirugía Robótica, conectando simultáneamente Francia, China y Kazajistán para intervenir a un mismo paciente.
El nuevo hito alcanzado será presentado en julio durante el Congreso Mundial de la Society of Robotic Surgery (SRS), en Miami, donde el doctor Bravo expondrá tanto los resultados clínicos como el modelo tecnológico desarrollado para hacer posible esta intervención.
Sin embargo, para el académico, el verdadero significado del proyecto trasciende el logro científico. “La telecirugía no solo representa una nueva tecnología. También puede convertirse en una herramienta para disminuir las inequidades en salud. En el futuro, un cirujano altamente especializado podrá operar desde Santiago a un paciente ubicado en Arica, Punta Arenas o cualquier otro lugar donde exista un robot conectado de forma segura. Ese es el verdadero potencial de esta tecnología”.
Su visión contempla la creación de los “Anillos Tecnológicos Quirúrgicos”, una red latinoamericana de centros robóticos interconectados, capaces de compartir conocimiento, asistencia quirúrgica y formación especializada entre distintos países, lo que permitiría que la experiencia de un especialista beneficiara a pacientes ubicados a miles de kilómetros de distancia. “Y, por qué no, el día de mañana conectarnos a redes europeas o asiáticas formando una red global cuyo propósito será llevar la mejor salud del mundo a donde más se necesita”, dice entusiasmado el doctor Bravo.
El futuro ya comenzó
Para el doctor Bravo, sin embargo, la verdadera transformación no está en las máquinas, sino en las personas. Por ello, este hito también plantea un desafío para las universidades y los centros de formación de especialistas. “La tecnología solo tiene sentido cuando acerca oportunidades a quienes antes no las tenían”. Este futuro, añade, exigirá nuevas generaciones de cirujanos, ingenieros, especialistas en telecomunicaciones, científicos de datos y universidades capaces de formar profesionales para disciplinas que hace apenas unos años parecían pertenecer al terreno de la ciencia ficción.
En este escenario, la Universidad de Chile aparece nuevamente como un actor fundamental. “Hoy hablamos de profesiones que todavía se están construyendo. La telecirugía dejó de ser una idea futurista para convertirse en una realidad. Eso abre enormes oportunidades para la investigación, la innovación y la formación de nuevas generaciones de cirujanos. Sería muy significativo seguir fortaleciendo esta colaboración con nuestra institución, porque esta historia comenzó aquí”.
Así, 23 años después de llegar desde Ecuador, el académico dice que “el récord mundial alcanzado en abril no solo representa un avance tecnológico para la cirugía robótica; también es el resultado de una cadena de formación, colaboración académica y visión de futuro que comenzó en las aulas y pabellones de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y que hoy proyecta su impacto hacia toda Latinoamérica y el mundo”.