El Seminario Internacional “Desafíos de la edición universitaria desde instituciones públicas”, realizado en la Casa Central de la Universidad de Chile, permitió intercambiar experiencias y debatir sobre la responsabilidad de las instituciones públicas en la producción, edición y circulación del conocimiento en América Latina.
Entre las y los invitados internacionales estuvo Martha Patricia Castañeda Salgado, antropóloga, doctora en antropología e investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Actualmente, participa en la Coordinación para la Igualdad de Género de la misma institución como directora de Planeación, Vinculación y Proyectos Especiales.
En el encuentro, la académica participó en la mesa “El impulso del género y los derechos humanos desde la edición universitaria”, instancia en la que se abordó el impacto de la perspectiva de género en los catálogos universitarios, la legitimación de nuevos saberes y el potencial transformador de la edición pública. En esta entrevista concedida durante su visita, profundiza en la necesidad de incorporar la perspectiva de género no solo en los contenidos publicados, sino también en las prácticas, decisiones y relaciones que forman parte del trabajo editorial.
—¿Qué significa para usted participar en este tipo de encuentros y por qué considera importante fortalecer las redes de colaboración entre universidades latinoamericanas?
Es muy importante compartir las experiencias y ponerlas en diálogo, porque todas las personas aprendemos de las demás. Aprendemos así, en colectivo, escuchando. A partir de ese intercambio, una empieza también a elaborar sus propias ideas: “Eso está pasando”, “eso no nos ha pasado” o “¿qué haríamos si nos pasara?”. Esa posibilidad de conocer experiencias distintas es muy importante, sobre todo desde una perspectiva de revitalización de las academias latinoamericanas.
Actualmente, las academias están muy asediadas, con distintas intensidades y de diferentes maneras. Creo que el ámbito académico público en América Latina tiene que preservarse y nos toca un trabajo muy importante: contribuir a eso.
—¿Cómo pueden las editoriales universitarias públicas contribuir a que el conocimiento llegue más allá de los espacios académicos y dialogue con la sociedad?
Pienso que es muy importante contribuir, desde el lugar donde estamos, a que el derecho al conocimiento sea una realidad y que no permanezca solamente anunciado en alguna parte. A través de las publicaciones de libre acceso se puede acortar cada vez más la distancia que se ha establecido entre las universidades, los ámbitos académicos y aquello que eufemísticamente se llama “la sociedad”.
Creo que esa es una separación artificial que a veces suscribimos porque forma parte del discurso, pero, como siempre digo, si la universidad no es parte de la sociedad, ¿entonces de qué es parte? No solamente generamos conocimiento. También debemos contribuir a generar las condiciones para que todas las personas tengan acceso a él.
—En el contexto latinoamericano actual, ¿qué significa pensar una edición universitaria con perspectiva de género?
La perspectiva de género, si bien tiene modalidades locales, está muy generalizada. Tenemos problemas comunes por condición de género en distintas latitudes, y eso tiene mucho que ver con el carácter internacional e internacionalista del feminismo, tal como fue concebido desde el siglo XIX.
A veces esto se nos olvida por el peso de los modelos de los Estados-nación y de las fronteras, como si realmente se pudieran contener procesos sociales que las exceden y las desbordan. La perspectiva latinoamericana está vinculada con la perspectiva feminista, y esa relación es muy potente.
—¿La perspectiva de género debe sumarse como un elemento específico o atravesar todas las prácticas y contenidos del trabajo editorial?
Tenemos que quitarnos de la mente la idea de que la perspectiva de género fragmenta. Podemos entender que permite focalizar algunos problemas para atenderlos, pero sin abstraerlos del contexto ni del conjunto de relaciones en el que adquieren sentido ciertas prácticas y contenidos de género. Desde esa perspectiva, efectivamente tendría que estar presente en todo, no solamente como un elemento adicional que se suma al final del proceso.
—¿Qué voces, experiencias o conocimientos considera que continúan subrepresentados en las publicaciones universitarias? ¿Es necesario reconocer también otras formas de producir y transmitir conocimiento?
Hay que entender que existen grupos que están subrepresentados dentro de la propia universidad. Las mismas mujeres, si observamos por áreas y campos de conocimiento, se encuentran con espacios feminizados y otros profundamente masculinizados.
La pregunta es compleja porque tenemos que observar los distintos ordenadores de la diferencia y de la desigualdad, y cómo estos actúan e interactúan dentro del contexto universitario. También debemos entender que algunos grupos tienen especificidades epistémicas y culturales que no pasan necesariamente por el registro del libro impreso. Recurren a otras formas de registro, que los programas editoriales deben reconocer y validar cada vez más.
El valor de lo audiovisual, por ejemplo, es clave para muchas comunidades y hay que potenciarlo. A veces se piensa que estos formatos son únicamente para personas con problemas auditivos o visuales, o para comunidades monolingües, pero en realidad su alcance puede ser mucho más amplio.
Pensamos que la gente universitaria conoce leyendo y escribiendo, pero en realidad no sabemos cómo conoce. A veces hay que echar a volar la imaginación para entender que el libro escrito, impreso o publicado, ya sea en papel o en línea, es uno de los recursos posibles y que el trabajo editorial debe explorar otras posibilidades.
—¿Por qué sigue siendo necesario hablar de perspectiva de género y feminismos cuando muchas veces se considera que los avances ya están consolidados?
La perspectiva de género fue concebida como una herramienta para medir las desigualdades, entre ellas, la desigualdad de género. Cuando se dice que ya no es necesaria, debemos pedir la demostración de que efectivamente no lo es, que todo aquello que ha sido caracterizado como desigualdad de género ya no existe. Mientras haya una marca de desigualdad de género vigente, la perspectiva de género seguirá siendo necesaria.
—¿Qué mensaje transmitiría a quienes comienzan a participar en proyectos institucionales y académicos relacionados con el feminismo y la igualdad de género?
Diría que es muy importante leer a las feministas y escuchar a las feministas. Actualmente, muchos de esos registros también están en TikTok, en pódcast y en otras vías. Es importante adentrarse en la historia de los feminismos.
La historia nos muestra cómo se van planteando las demandas, las exigencias y los derechos; cómo se organizan las mujeres y los grupos sociales para colocar sobre la mesa sus necesidades. En ese sentido, la mejor crítica que puede hacerse es una crítica documentada. Si van a criticar el feminismo, que sea con los datos en la mano y no con la ideología en la mano.