A unos 50 minutos de Santiago se encuentra la Reserva Nacional Lago Peñuelas de Conaf, en la región de Valparaíso. El recinto cuenta con más de 9 mil hectáreas de superficie y dentro de su flora destacan diversos tipos de especies: quillay, peumo, litre, boldo, molle, trevo y espino, entre otras.
Actualmente, esta diversidad de especies nativas atraviesa un proceso de resistencia ante los severos eventos de sequía de la última década. Este fenómeno hizo que los integrantes del Laboratorio de Restauración de Bosques de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la U. de Chile (FCFCN) concentraran sus esfuerzos en levantar preguntas de investigación que permitan entender los mecanismos para fortalecer la resiliencia del bosque esclerófilo, una de las formaciones vegetales más amenazadas que hay en Chile producto del cambio climático.
“Este proyecto (Fondecyt Regular N.º 1252046) tiene como objetivo buscar estrategias que nos permitan recuperar la capacidad reproductiva de árboles semilleros, que han sido afectados severamente por un periodo prolongado de sequía que hubo entre los años 2010 y 2022”, explica el vicedecano y profesor asociado de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la U. de Chile, Juan Ovalle.
¿Cómo logran esto? El especialista explica que el primer paso es “identificar aquellas especies —boldo, quillay y peumo— que se vieron más fuertemente afectadas por la sequía y cuya capacidad de producción de semillas, por lo tanto, es urgente recuperar para mantener estables los procesos de regeneración del bosque”.
Realizada esta labor, agrega: “Comenzamos por aplicar podas de vástagos para poder balancear la biomasa del árbol y, de esa manera, poder rejuvenecer la planta y recuperar los niveles de producción de semillas que tenían previo a la megasequía. El efecto que buscamos con este manejo silvicultural es aumentar la cantidad de frutos y mejorar la calidad de esos frutos y, con eso, garantizar una mayor provisión de semillas para los programas de restauración con estas especies”.
Trabajo a largo plazo: se extenderá por cuatro años
Dirigido por el profesor Juan Ovalle, el Laboratorio de Restauración de Bosques busca generar conocimiento científico de excelencia, formar nuevas generaciones de investigadores y profesionales y transferir soluciones concretas al sector público y privado. Este proyecto es el puntapié inicial para las labores de investigación que proyectan por varios años.
“Elegimos la Reserva Nacional Lago Peñuelas porque precisamente tiene un bosque esclerófilo en un buen estado de conservación, pero que fue fuertemente afectado por la sequía, de acuerdo con el análisis de imágenes satelitales que pudimos revisar durante la última década”, dice el especialista.
Asimismo, Paula González, ingeniera forestal de la U. de Chile y coordinadora del Laboratorio de Restauración de Bosques, explica que “son diez parcelas las que tenemos proyectadas en este sector, de 500 m², las cuales están identificadas con estacas, lo que nos permite visitarlas y monitorearlas con frecuencia de aquí en adelante, pensando en un estudio de largo plazo”.
Y añade que este trabajo en terreno les permitirá “tener una fotografía del bosque de este año, porque vamos a poder ir comparando en distintas épocas del año y durante cuatro años que dura este proyecto”.
Este trabajo —explica González— permitirá caracterizar cada una de las especies arbóreas, su altura, diámetro, junto con su potencial de producción de semillas y, por ende, de una nueva generación de individuos. Para esto, González y el equipo integrado por la Dra. Ana Fernández, ingeniera forestal de la U. de Chile y posdoctorante del Laboratorio, y los estudiantes de pregrado Ignacio Adasme y Diego Flores toman muestras de cada una de las especies, miden y registran los elementos contenidos dentro de las parcelas marcadas.
Semillero para el futuro
Fue en marzo de este año que realizaron la primera visita a la reserva. A mediados de septiembre, instalaron las 10 parcelas, que les permitirán monitorear y trabajar con las especies presentes. Ahora, queda esperar la maduración de los frutos y la dispersión de sus semillas para iniciar el proceso de colecta. Así lo explica el profesor asociado de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza, Juan Ovalle: “Una vez que la colecta de semillas haya culminado (después de la temporada de verano), iniciaremos el proceso de propagación de plantas en el vivero de la Reserva Nacional de Peñuelas, como también en el vivero Antumapu de la U. de Chile”. En otras palabras, no solo potenciarán los árboles del lugar, sino que producirán nuevos individuos para enriquecer el bosque, dado que estas nuevas plantas serán plantadas una vez que hayan finalizado su periodo de crecimiento en vivero, el cual puede tomar uno o dos años.
“Estamos pensando que para 2029 vamos a poder contrastar el desempeño de esas plantas en el campo, en términos de tasa de crecimiento, sobrevivencia, desempeño fisiológico frente al estrés, de manera de poder evaluar si la poda y la fertilización tienen un efecto en la calidad de la planta”, apunta el profesor Ovalle.
Finalmente, los especialistas explican que la idea es retornar esas plantas al lugar donde se hizo la colecta de manera de tener plantas bien adaptadas a la procedencia donde se obtuvo la semilla. “Por lo tanto, las plantas producidas en los viveros van a retornar acá a la Reserva Peñuelas a través de un programa de reforestación que va a aportar al objetivo del plan de reforestación de Conaf”, dice la ingeniera Paula González.