La Universidad de Chile ya cuenta con una primera versión de un documento de orientaciones institucionales para el uso de la inteligencia artificial generativa en sus aulas. El documento Integración crítica de la inteligencia artificial generativa (IAG) en la docencia universitaria fue presentado el martes 3 de noviembre por la vicerrectora de Asuntos Académicos, profesora Ulrike Kemmerling, durante la segunda jornada de la 8va Semana de la Docencia, dedicada este año a las tensiones y desafíos que esta tecnología plantea a la universidad como institución pública.
Elaborado a partir de una consulta a 40 integrantes de la comunidad universitaria, entre académicas, académicos, estudiantes, funcionarias y funcionarios de distintas unidades, el documento se ancla en el Modelo Educativo de la Universidad y fue concebido como una base para que cada facultad, departamento y claustro lo discuta y lo adapte a su disciplina.
"La inteligencia artificial generativa en el contexto de la docencia universitaria no es un problema tecnológico, sino que es una pregunta formativa. La pregunta no es qué inteligencia artificial generativa uso, sino por qué la uso, con quién, para qué", planteó la vicerrectora. Precisó que no se trata de una receta única, sino de una versión 1.0 que se irá actualizando con los aportes de las unidades.
Charla introductoria
La jornada comenzó con la charla introductoria "Inteligencia Artificial en Chile: de la visión estratégica a los desafíos de su regulación", a cargo del profesor Juan Domingo Velásquez, académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, quien participó en la elaboración de la Política Nacional de Inteligencia Artificial y ha apoyado al Congreso en la discusión del proyecto de ley sobre la materia. El profesor Velásquez abogó por una regulación habilitante y no basada en el temor: "La innovación no la puedo frenar porque sienta temor frente a un avance tecnológico (...) El marco normativo tiene que permitir lo bueno, regular lo malo e impedir lo feo".
Juicio humano, transparencia y equidad
Las orientaciones sitúan las decisiones pedagógicas y el juicio humano en primer lugar. "La inteligencia artificial no es autor ni coautor. Es una herramienta. Somos nosotros los responsables", afirmó la profesora Kemmerling, quien llamó a declarar cómo y para qué se usa, empezando por el cuerpo docente: "Si yo no lo declaro, ¿cómo le voy a exigir a mi estudiante que lo declare?".
El documento propone resguardar los datos personales y promover la equidad en el acceso, planteando que no se debe obligar a las y los estudiantes a utilizar cuentas personales en plataformas comerciales de terceros sin ofrecerles condiciones o alternativas adecuadas. También propone evaluar procesos más que productos, con portafolios, casos y desempeños anclados en problemas reales, y advierte que los detectores de IA no bastan para establecer una infracción académica.
Durante el conversatorio posterior, la directora del Departamento de Pregrado de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos (VAA), Andrea Greibe, destacó que más del 80% del estudiantado que ingresó este año utiliza IAG, e instó a no abordar el vínculo educativo desde la desconfianza: "Es preocupante que nuestra relación pedagógica parta de la sospecha respecto al estudiantado".
Por su parte, el director del Departamento de Postgrado y Postítulo de la VAA, Leonardo Sáenz, destacó el rol de profesoras y profesores guía en las tesis: "No se puede castigar si uno informa (...) porque si no, ningún estudiante va a querer informar".
Un punto de partida
Durante la jornada, distintos asistentes valoraron el documento como un punto de partida. "Es complejo, lo discutimos día a día con los académicos, en los consejos, cómo poder convivir con esto que llegó para quedarse", reconoció Erika Kania, directora de la Escuela de Pregrado de la Facultad de Ciencias Agronómicas. "El mensaje a los profesores es que hay que adaptarse (...) Los estudiantes la van a ocupar".
En esa línea, Ingrid Galaz Paredes, académica de la Unidad de Biomatemáticas de la Facultad de Medicina, valoró que el texto "genera unas orientaciones claras para que nos podamos guiar". Además, hizo hincapié en la necesidad de mantener el espíritu crítico: "Es súper importante verificar (...) qué es real y qué no es real, porque la IA te puede engañar mucho".
Asumir este nuevo escenario también tiene sus propios obstáculos. Camilo Lara, integrante del Centro de Enseñanza y Aprendizaje (CEA) de la Escuela de Pregrado de la Facultad de Economía y Negocios, señaló que "la transición de una cultura del miedo hacia una cultura de las posibilidades de la IA está difícil", y que "el salto requiere un poquito de riesgo, de apoyo y de aprendizaje también, desde la docencia".
Más allá del desafío tecnológico, para María Beatriz Fuentes, docente del Programa de Bachillerato, "la inteligencia artificial no trae nada nuevo, sino poner en el centro los antiguos problemas de la formación", como la equidad, la inclusión y el sentido social. Esta mirada fue compartida por su colega Ana Moraga, asesora pedagógica del programa, quien celebró "escuchar a una vicerrectora que pone al estudiante al centro y que pone al aprendizaje al centro".
Experiencias en el aula
La jornada continuó con el panel "Explorando experiencias emergentes en la integración de IA generativa en los procesos de enseñanza y aprendizaje en la Universidad". Este espacio, moderado por el jefe de Gabinete de la Rectoría, Carlos Rilling, permitió que académicos y estudiantes de postgrado compartieran cómo ya usan estas herramientas en la práctica.
Durante la conversación quedó claro que el desafío es transversal. "La alfabetización en inteligencia artificial no puede reservarse a carreras técnicas (...) Este mundo necesita editores, necesita personas con criterio humano", planteó Andrea Hoare, académica de la Facultad de Comunicación e Imagen. En una línea similar, Pablo Quiroga, académico y subdirector de Pregrado de la Facultad de Medicina, puso el acento en la responsabilidad: "Si diagnostico mal porque usé IA, la culpa no es de la IA, sino de que yo no tuve la capacidad o el conocimiento para filtrar esa información".
Desde la perspectiva del acompañamiento estudiantil, Valentina Tapia, estudiante de postgrado de la Facultad de Ciencias Sociales y asesora de escritura, relató que cuando le preguntan cómo "humanizar" un párrafo, la conversación cambia de foco: "¿Qué de humano hay en ti? ¿Qué idea le diste tú?".
Precisamente sobre este dilema de la autoría y la transparencia, Nicolás Palacios, estudiante de postgrado de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas, valoró la primera versión del documento de orientaciones: "Son súper importantes para encauzar y no decir que usarla es malo. Usarla es bueno, trae ventajas, pero si yo lo declaro, también soy consciente de hasta qué punto soy autor de esas propias ideas".
Como una forma de seguir recogiendo este tipo de evidencias, al cierre del panel, la profesora Greibe anunció que durante noviembre el Departamento de Pregrado aplicará, vía correo institucional, una encuesta sobre la experiencia de estudiantes y docentes con la IAG, para orientar el trabajo que viene.