Durante sus años como estudiante de Física en la Universidad de Chile, Sohyoun Yun Cárcamo escuchó más de una vez que los exigentes cursos de su licenciatura serían fundamentales si algún día decidía continuar sus estudios en el extranjero. Entonces, entre pruebas, tareas y largas jornadas de estudio, no terminaba de creerlo. Años después, mientras cursaba su doctorado en Estados Unidos, descubrió que sus profesores tenían razón.
Hoy, a sus 28 años, esta egresada del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias forma parte de uno de los proyectos científicos más ambiciosos del planeta: el Observatorio de Neutrinos IceCube, un gigantesco detector instalado bajo el hielo de la Antártica que busca revelar algunos de los secretos mejor guardados del universo. Su principal impulsor, el físico belga Francis Halzen, Premio Nobel de Física 2026, recibió este reconocimiento por sus contribuciones decisivas al desarrollo del observatorio y al descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico.
Pero la historia de Sohyoun comienza mucho antes y bastante lejos del Polo Sur. Hija de padre coreano y madre chilota, nació en Santiago y pasó buena parte de su infancia en Chiloé, donde estudió hasta quinto básico. Su familia se trasladó posteriormente a la capital, donde terminó su educación escolar en el Liceo Carmela Carvajal de Prat, antes de ingresar a la Universidad de Chile.
Tras licenciarse en Ciencias con mención en Física, continuó su formación en la Universidad de Maryland, donde obtuvo su doctorado en 2025. Actualmente es investigadora posdoctoral de la Universidad Drexel, en Estados Unidos, y estudia los fenómenos que ocurren en el centro de nuestra galaxia.
Su trabajo ya está dejando huella. En septiembre de este año, IceCube dio a conocer un análisis científico desarrollado junto al Observatorio HAWC, encabezado por Sohyoun y el investigador Rishi Babu, que combinó observaciones de rayos gamma con doce años de datos de neutrinos. Aunque el estudio no encontró una señal estadísticamente significativa de neutrinos asociada a la región examinada, permitió establecer nuevos límites para orientar futuras investigaciones.
Desde Estados Unidos, la científica conversa sobre su trayectoria, la importancia de la formación recibida en la Universidad de Chile, el trabajo cotidiano junto a un Premio Nobel y las oportunidades que existen para las nuevas generaciones que sueñan con hacer ciencia.
De Chiloé a las aulas de la Universidad de Chile
- Tu historia tiene un recorrido bien particular. Naciste en Santiago, creciste en Chiloé y terminaste estudiando Física en la Universidad de Chile. ¿Cómo recuerdas ese camino?
Nací en Santiago. Mi papá es coreano y mi mamá es chilena, de Chiloé. Cuando tenía tres años nos fuimos a vivir allá y estuve desde prekínder hasta quinto básico. Después, mis papás se dieron cuenta de que, para tener una educación que me permitiera llegar a la universidad, teníamos que volver a Santiago. Estuve un año en el colegio El Vergel, en Providencia, y después en el Carmela Carvajal. De ahí entré a la Chile y luego me vine para acá. Ha sido todo muy rápido.
- ¿Siempre quisiste ser científica? ¿En qué momento descubriste esa vocación?
Me he preguntado lo mismo, porque hay gente que dice que siempre quiso ser astronauta, que siempre miraba las estrellas. Yo pasé por muchas etapas. Quería ser veterinaria porque veía La ley de la selva, después quería ser médico, quería ayudar a las personas y también hubo un tiempo en que quería ser detective.
Últimamente me he acordado mucho de las películas que veía cuando era niña, donde aparecían científicos tratando de predecir tornados o fenómenos relacionados con el cambio climático. Siempre me llamó la atención esa capacidad de modelar la naturaleza hasta el punto de poder hacer predicciones. No sabía en ese momento que eso era ciencia como tal, pero creo que siempre estuve interesada.
- Mirando hacia atrás, ¿qué importancia tuvo la Universidad de Chile en tu desarrollo como investigadora?
Para mí, pasar por la Universidad de Chile fue un paso fundamental. Siempre he reflexionado sobre si podría haber llegado hasta aquí de no haber estudiado ahí.
Cuando uno está empezando la carrera de Física, los profesores dicen que hay que aprender ciertas cosas porque van a servir después, por ejemplo, si quieres hacer un doctorado afuera. Y uno dice: "Ya, sí", pero no lo toma tan en serio porque está agotado y todo se ve muy cuesta arriba.
Ahora me doy cuenta de que esos ramos tan difíciles que teníamos en los últimos dos años de licenciatura, en la Facultad de Ciencias, eran exactamente los mismos que después tuve en mi doctorado en Estados Unidos. Pude avanzar en mi investigación porque no tenía que dedicar tanto tiempo a las clases, ya que había estudiado esas materias antes.
- ¿Fue entonces cuando dimensionaste el nivel de la formación que habías recibido?
Sí. A veces uno piensa que la formación en Chile quizás no es tan impactante como estudiar en Harvard, por ejemplo, pero sí lo es. Mis compañeros del doctorado me preguntaban cómo había logrado hacer una tarea o sacarme determinada nota, y yo les decía que había tenido esa clase en tercer año de pregrado, que ya sabía esas cosas porque las había aprendido en Chile.
Ahí empecé a sentirme mucho más orgullosa de ser chilena y de haber pasado por la Universidad de Chile. Nosotros tuvimos esas clases al mismo nivel.
También fue muy importante la formación en programación. Cuando quise entrar a un grupo de investigación me preguntaron si sabía programar y en qué lenguajes. Como ya había aprendido eso durante la licenciatura, pude comenzar a trabajar inmediatamente. No tuve que aprender desde cero. En su momento fue muy difícil, incluso hacía las tareas llorando, pero después disfruté muchísimo mi doctorado.
Investigar el universo junto a un Premio Nobel
- Hoy formas parte de IceCube, el observatorio liderado por Francis Halzen. Para quienes no conocen el proyecto, ¿qué estudian exactamente?
IceCube es un detector de neutrinos. Los neutrinos son partículas muy pequeñitas, que no tienen carga eléctrica y que casi no interactúan con la materia. Por eso son muy difíciles de detectar.
Estos neutrinos pueden viajar distancias cosmológicas prácticamente sin interactuar con nada. Entonces, traen información desde lugares muy lejanos del universo. Eso es súper importante para la astronomía y para estudiar procesos que no podemos reproducir en los laboratorios de la Tierra, porque involucran energías distintas.
El observatorio utiliza más de cinco mil sensores de luz instalados a gran profundidad en el hielo antártico. Cuando un neutrino interactúa con la materia, puede producir partículas que generan destellos luminosos. A partir de esas señales, los equipos científicos intentan reconstruir su trayectoria y determinar de dónde provino.
- ¿Y cuál es tu trabajo específico dentro de este enorme proyecto?
Yo estudio el centro de nuestra galaxia. Durante mi doctorado trabajé con rayos gamma, que son luz de muy alta energía, y estudié el centro de la galaxia de distintas formas.
Después, cuando me integré a IceCube, quise seguir investigando lo mismo. Pensé: si podemos observar rayos gamma, ¿podemos ver neutrinos también? Como ambos pueden producirse en los mismos procesos, uno puede utilizar lo que ha observado con rayos gamma y preguntarse si también es posible encontrarlo en los datos de neutrinos.
Es una pregunta súper fundamental en astrofísica. Hemos detectado partículas que vienen del espacio con energías enormes, que jamás podríamos alcanzar con los aceleradores que tenemos en la Tierra. Pero todavía hay un misterio: ¿dónde se aceleran esas partículas? Una de las hipótesis es que el agujero negro que está en el centro de nuestra galaxia podría estar relacionado con esos procesos. Eso es lo que queremos comprender.
- Francis Halzen acaba de recibir el Premio Nobel de Física. ¿Cómo es trabajar con alguien que ha alcanzado el máximo reconocimiento científico?
Es muy cercano. Uno podría pensar que, por tener una trayectoria tan importante y por su genialidad, sería una persona más distante, pero para nada. Siempre está muy interesado en todo y es muy agradecido del trabajo de las personas.
En el fondo, él tuvo la idea del observatorio, pero no es posible hacer algo así solo. Se necesita un grupo gigante de ingenieros, científicos y personas que operan la maquinaria. Y él reconoce todo eso.
Me han preguntado si no me molesta que solamente él aparezca nombrado con el Nobel. La verdad es que no, porque sin su idea inicial esto no existiría. Él pensó en este proyecto y ha tenido que hacer un trabajo enorme para conseguir financiamiento y mantenerlo funcionando.
- ¿Qué significó para ti que ese trabajo fuera reconocido con un Nobel?
Yo jamás pensé que iba a trabajar en una colaboración tan grande. Uno ve en las películas a los científicos trabajando solos, encerrados frente a una computadora o una pizarra, pero la ciencia no funciona así.
Cuando se anunció el premio me hizo reflexionar sobre lo que estaba haciendo. A veces uno está tan metido en su trabajo, leyendo diez mil veces el mismo artículo, que pierde la perspectiva de su importancia. Y de repente alguien viene y te dice que lo que estás haciendo es extraordinario.
El resultado del Nobel me hizo darme cuenta de que esto no es algo tan lejano. Yo nunca pensé que podía pasar tan cerca de mí. También me hizo recordar que mi trabajo es importante.
- ¿Cuáles son los próximos grandes desafíos científicos de IceCube?
Hasta ahora sabemos que vienen neutrinos desde nuestra galaxia, pero todavía no tenemos suficiente resolución para decir exactamente de dónde provienen. Es como tener una imagen borrosa. No sabemos si estamos viendo muchos objetos distintos que emiten neutrinos o si es una emisión más extendida.
Necesitamos muchos años de datos y también mejorar el detector. Mientras más grande sea, mayor es la probabilidad de detectar estas partículas y de reconstruir la dirección desde la que llegan.
Es un trabajo muy complejo, porque no vemos directamente el neutrino. Detectamos la luz que producen otras partículas cuando el neutrino interactúa con el hielo. Después tenemos que reconstruir todo lo ocurrido. Es casi como un juego de detectives.
Los desafíos de una carrera científica internacional
- Llegaste a Estados Unidos en 2021. ¿Qué fue lo más difícil de continuar tu carrera lejos de Chile?
Creo que lo más desafiante fue la vida cotidiana. La cultura es muy distinta y cosas tan simples como ser adulto funcionan de otra manera. El sistema de salud, los seguros, todos los trámites. Tenía que aprender esas cosas mientras me acostumbraba a hablar otro idioma durante todo el día.
Al principio llegaba con dolor de cabeza después de mis clases. Y también fue muy difícil estar lejos de mi familia. A veces me la pasaba llorando y tenía que almorzar por videollamada con mi mamá porque sentía que ya no podía más.
Pero lo más gratificante ha sido darme cuenta de que todo lo que hice valió la pena. Que podía construir una carrera que tenía sentido y que podía hacer ciencia de impacto internacional.
- También has destacado la importancia de que más mujeres participen en la ciencia. ¿Qué les dirías a las niñas que hoy sueñan con convertirse en investigadoras?
Que se atrevan. Tienen las mismas o más capacidades que cualquier otra persona. En la ciencia se necesitan muchas mentes distintas y eso es algo que he aprendido mucho acá.
Se valora mucho la diversidad, porque necesitamos personas con distintas experiencias e ideas. La ciencia también es algo muy creativo. No puedes tener ideas nuevas si tienes a muchas personas pensando exactamente de la misma manera.
He tenido la oportunidad de trabajar con mujeres científicas extraordinarias, que tienen un impacto muy grande. Me encantaría que en Chile hubiera más y que las niñas nunca tuvieran que preguntarse si una carrera es para hombres o para mujeres. Eso no debería existir.
- ¿Y qué les dirías a los estudiantes de Física de la Universidad de Chile que hoy sueñan con participar en investigaciones de alcance mundial?
Que se atrevan y que confíen en su formación. Yo dudé muchísimo de mí y dudé mucho de mi formación. Ahora me da un poco de vergüenza decirlo, porque estoy muy orgullosa, pero en ese momento pensaba: "¿Qué le va a importar a alguien que venga de Chile?".
Por eso les diría que confíen en lo que están aprendiendo. Los profesores tenían razón. Esos ramos tenían que ser así de difíciles para que después, en el doctorado, las cosas fueran mucho más fáciles.
A veces en Chile nos ahogamos mucho en las tareas, las pruebas y el trabajo, y nos olvidamos de levantar la vista para ver qué más hay. El Premio Nobel me recordó que podemos estar mucho más cerca de estos grandes descubrimientos de lo que pensamos.
Una ciencia en la que todas las personas pueden participar
Más allá de su propia trayectoria, Sohyoun destaca que los grandes avances científicos no dependen exclusivamente de investigadores especializados. IceCube desarrolla también iniciativas de ciencia ciudadana, como Name That Neutrino, que permite a personas de todo el mundo colaborar en la clasificación de señales detectadas por el observatorio.
- ¿Cómo puede una persona que no es científica contribuir a un proyecto tan complejo como IceCube?
Tenemos un proyecto de ciencia ciudadana donde subimos datos de los eventos que detectamos y enseñamos a las personas a reconocer distintos tipos de señales. Cualquier persona puede participar, no necesita tener conocimientos científicos.
Cuando muchas personas clasifican esos datos, se puede llegar a un consenso que nos ayuda a interpretar las señales. Es muy interesante porque, aunque hoy tenemos herramientas de aprendizaje automático muy avanzadas, todavía hay cosas que las personas podemos hacer muy bien.
Para mí eso demuestra que no debemos subestimar el poder del cerebro humano. Sin tener conocimientos científicos especializados, las personas pueden hacer un aporte muy importante a un experimento de alcance mundial.
Y concluye con una invitación a mirar la investigación desde otra perspectiva:
Me gustaría que todos tuvieran una visión más abierta de la ciencia. Que no se queden solamente con el titular de un descubrimiento, sino que intenten comprender lo que hay detrás. Y que busquen oportunidades para participar, porque hay muchas. A veces uno piensa que contribuir a algo de impacto internacional no es posible, pero sí lo es.