Discurso del Prof. Luis A. Riveros, Rector de la Universidad de Chile, en Ceremonia de lanzamiento del libro "Mismidades", del Prof. Marino Pizarro Pizarro.

(Transcripción)

El Rector por protocolo siempre cierra los actos, pero he pedido hablar primero para decir también, como lo ha hecho Agustín Squella, lo que pienso de este trabajo y él ha terminado precisamente con lo cual yo quería comenzar. El título de esta obra se refiere a aquello con lo cual se hizo uno mismo, es decir, se refiere a la identidad personal y creo que al leerla uno tiene finalmente que coincidir que no hay mejor título, porque en lo que ella se contiene es la selección enorme de trabajos que se han incluido en este libro en el que tuve también el grato honor de ser el autor del prólogo. Se refleja lo que es Marino Pizarro en toda su diversidad, en toda su creatividad, en toda su expresión como hombre, como académico, como amigo, como hermano de tantos y de tantas que lo queremos y lo apreciamos y muchas veces leyendo lo que aquí está, nos parece estar tomándonos un café con el autor; tocando una gama de temas que es extraordinaria y prueba una gran versatilidad, pero al mismo tiempo, ideas de gran profundidad. Uno muchas veces encuentra que existe mucha versatilidad, pero que a veces podemos navegar muy por encima de las ideas sin penetrar con profundidad suficiente. Creo que aquí la combinación representa a una persona que no sólo ha tenido la iniciativa de pensar y de crear en tantos temas distintos, sino que al mismo tiempo de pensarlo profundamente y, por lo tanto, en cada uno de sus artículos comunicar un mensaje de cada uno de ellos, en los cuales uno puede sacar su propia conclusión, porque el autor no nos trata de convencer en general en sus artículos, nos trata de exponer cuales son las visiones que rodean a cada uno de los temas que él aborda.

El mensaje que se alienta a través de todos los artículos que aquí se incluyen es un mensaje personal. Es Marino Pizarro, para quienes lo conocemos es como escucharlo; es su opinión muchas veces dura, pero generalmente es la opinión amplia de quien ha tenido una larga vida universitaria y de quien ha tenido una larga disposición en su vida a escuchar las ideas de otros con una visión impregnada en una profunda tolerancia.

Creo que una de las cosas que yo más he tratado de aprender de la vida de Marino Pizarro es esa tolerancia que muchas veces es impaciente, una tolerancia dispuesta a sentarse y a escuchar ideas que probablemente uno odiaría, pero que quizás uno necesita también digerir para poder incorporarlas al propio acervo de las ideas personales. Lo que se refleja muy bien acá, porque se trata de problemas muchas veces candentes, en los cuales la pluma puede correr con ligereza para expresar reacciones fuertes, ideas que probablemente ocultan un alto sentido de sesgo y de sectarismo. Pero el autor se cuida, presenta sus ideas con un sentido de amplitud, y siempre con la humildad de que estas son sus ideas y probablemente hay otras, que también pueden estar en plena competencia con las mismas. En estos días en que nuestros jóvenes tan poco saben, tan poco han aprendido de nuestra desastrosa educación, la gran lección que queda después de leer esta obra es saber escuchar para poder aprender.

Se destaca, sin ninguna duda, la formación humanista del autor. Hijo del liceo público y de la Universidad de Chile -lo mejor de la clase media que dio a este país los mejores años de su educación-, de su sistema político y de su desarrollo. ¿Qué temas se abordan acá? Él aborda los temas de juventud, de sociedad. Los perfiles, donde innegablemente uno de los que más impresiona por su descripción tan transparente es el perfil de Juvenal Hernández, pero también el de Moisés Mussa, el del ex rector Eugenio González, el de Gómez Catalán, el de Germán Tenderini. También nos habla aquí de valores, de educación y de pertenencias, que es el conjunto de artículos que probablemente reflejan más el contenido personal del autor: sus inquietudes, sus ideas, sus sufrimientos, sus sueños, sus esperanzas.

Pero cerca de la mitad del libro está dedicado a los temas de juventud, de valores y de educación y, por lo tanto, uno no puede sino concluir que el libro fue escrito por un educador. Y debo aquí rescatar esa defensa y ese postulado tan transparente del autor respecto al valor de la educación pública. Yo creo que es tan importante hoy día hablar de educación pública, es tan importante hoy volver a reseñar que no hay país integrado sin una educación realmente integrada, en donde no exista una educación más mala para los más pobres y donde la educación no se considere solamente como un instrumento de mercado, como también lo ha dicho aquí Agustín Squella, o el autor, que en varias de sus ponencias nos habla de lo que significa la educación como proceso, como una fase de socialización, pero también como un instrumento de política pública, cuando todos soñamos con un país que quiere alcanzar etapas que probablemente nuestros abuelos no soñaron en lo material.
Vemos que en lo humano estamos tan atrás, vemos que con los jóvenes hoy día hay problemas que nos frustran tanto y que están allí en los indicadores, no sólo en los que resultan directamente de la medición de los resultados de la educación, sino aquellos también indirectamente, que nos muestren que hay más de un 50% de entre todos los adultos que somos analfabetos funcionales. Ese es el país que tiene sueños de ser un tigre o de ser un jaguar, de alcanzar un salto que permita mañana tener mayor equidad y tener otros sueños. Yo creo que Marino Pizarro aquí resalta que no hay sueños de país posible, si no hay una educación que también sea posible en igualdad de condiciones para todos. No hay tampoco proyecto de país posible sin Universidad pública como ésta, que enfrente su misión, no pensando todos los días en correr por los pasillos del Congreso para poder recuperar unos pocos pesos, sino en cómo puede hacer mejor su trabajo académico, en cómo puede mejor cumplir con su labor nacional y en cómo puede responder mejor las inquietudes y necesidades de la juventud chilena. Creo que los artículos que aquí incluye Marino Pizarro son extraordinariamente importantes para subrayar eso que a veces se nos olvida tanto.

También quiero decirles que este libro tiene la significancia de, al ser publicado por la Editorial Universitaria, poder decir que estamos haciendo el primer lanzamiento de un libro de la Editorial luego que hemos logrado sacarla de su quiebra. Tiene tanto valor, porque eso significa rescatar algo que ha sido importante para la cultura nacional. La Editorial Universitaria nunca fue creada, ni pensada, ni nunca debió haber sido administrada para convertirse en un negocio. Fue un instrumento para poder desarrollar y llevar cultura a la gente, a los estudiantes, al país. Cuando la Universidad de Chile tomó la decisión de rescatar a la Editorial de donde estaba, fue una decisión pensada sobre la base de lo que significa la Editorial para la Institución, pero también para el país, y yo debo decir que no es casual que esto haya ocurrido con este libro. Marino Pizarro estuvo a cargo del directorio de la Editorial durante todo este largo y complejo proceso de los últimos meses, y afrontó una tarea con la misma responsabilidad que cuando llegó también al cargo de la Prorrectoría para defender lo que todavía quedaba de Universidad. Es muy importante que en los momentos difíciles hayan siempre hombres que estén dispuestos a jugar sus energías por aquellas causas en que las creen y, por lo tanto, este libro también refleja el homenaje que la Universidad y la Editorial Universitaria le deben a su autor por el empeño, por el tiempo, por el esfuerzo en una tarea difícil, que muchos al comienzo dijeron que era imposible o quizás inviable, pero que los hechos han demostrado que era la única alternativa posible para esta centenaria Institución, respaldar a su Editorial.

Marino ha mostrado entonces en este libro también el hombre que es, el defensor de la Universidad de Chile, el que ha estado siempre aquí en los momentos buenos y en los momentos malos. Se lo dije una vez cuando tuve la oportunidad de hacerle entrega, con mucho orgullo, de la Medalla Rector Juvenal Hernández. Marino Pizarro es la persona a quien siempre uno tiene que llamar en las tardes desconsoladas cuando parece ser que nada ha funcionado en el día, porque es la persona que siempre tiene una palabra amable, un consejo útil, una experiencia insustituible que a uno le da fuerzas y que le hace confiar en el amigo y en el maestro.

Este libro muestra al defensor de la educación, pero también, como lo ha dicho Agustín, es el hombre que muestra aquí su sufrimiento por la pérdida de Elena, y yo creo que cuando uno lee y relee ese particular escrito uno no puede sino concluir que es una enseñanza; la enseñanza de cómo con hombría se debe enfrentar la adversidad.

Quiero terminar mi comentario simplemente leyendo el último párrafo de mi prólogo, que creo que refleja grandemente todo lo que yo podría decir sobre esta obra. "Al concluir la lectura de su obra se exacerba un reafirmado respeto por el gran humanista y el magnífico ser humano. Versatilidad, comunicación, enseñanza, bella expresión de verdad y de profundo sentimiento, eso y mucho más es lo que Marino Pizarro postula por medio de su obra".

"Lo constituye un desafío, pues en lo simple que ella es se oculta la complejidad de quien trata de deshojar el botón para permitir florecer al hombre despojado de sus no esenciales; limpio y transparente, enriquecido con la gran lección de haber sabido siempre escuchar para poder saber. La lectura de esta obra ha de servir a todos como una opción de meditación, que cada cual pondrá en la perspectiva de su propia problemática, pero que todos han de respetar como una prueba de perfección".

Muchas gracias.

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