Clase Inaugural del Prof. Luis A. Riveros, Rector de la Universidad de Chile, en el Departamento de Ciencias Sociales y Filosofía del Liceo San Agustín.

(Transcripción)

Quiero contar primero por qué estoy acá. A mí me invitó un profesor del colegio que también fue profesor mío en la Universidad, y no es que sea muy viejo, es que entonces era muy joven, pero Herman Zepeda es todavía muy joven y hace ya algunos años fue mi profesor y como ustedes van a saberlo mucho más tarde, a los profesores siempre se les recuerda con cariño y uno nunca puede decirle que no a un profesor. Vine por eso y por el cariño que le profesamos muchos de los que fuimos sus estudiantes. Vine también porque al Rector de la Universidad de Chile le corresponde dentro de sus tareas el estar en contacto con los jóvenes, no sólo con los jóvenes universitarios. He venido a hablarles de la universidad, no como se hace hoy día propaganda de la universidad, ni a entregar folletos de colores; he venido a hablarles de lo que es la universidad en su concepto, y por qué uno va a la universidad. Voy a ocupar en esto no mucho tiempo, pero quiero dejarles un mensaje: a la universidad uno va a algo más que a ser un profesional.

En la mente de todos ustedes -que quieren estudiar en una buena universidad- está el hecho, la demanda innegable de querer ser un profesional. Uno quiere ser un médico o un ingeniero ambiental, un economista, un abogado; dependiendo de las particulares preferencias que uno tenga y de la particular idea acerca de la vida profesional y la vida entera. Siempre he creído a este respecto, sin embargo, que es muy difícil tomar una decisión de este tipo a los 17 años, creo -y me voy a referir a eso al último- que tenemos que cambiar sustancialmente la estructura del sistema universitario chileno para que sea de manera distinta.

En general uno va a la universidad y quiere ser profesional porque de esa manera uno se gana la vida, y efectivamente una buena universidad otorga un cartón en que certifica los estudios que uno ha hecho y con ese cartón uno puede ganarse la vida, vida que es cada vez más difícil, porque cada vez es más competitiva y demanda una cosa que hoy día también se pierde de vista. Las cosas están cambiando tan rápido, el conocimiento tiene un aceleramiento tan enorme, que cuando uno ya sale de la universidad empezó todo a cambiar de nuevo. Por lo tanto, nuestros médicos tienen que volver en promedio una vez cada tres años a cursos de especialización, porque algo nuevo salió; ya no sirven los medicamentos de antes, la forma de hacer cirugía ha cambiado, el instrumental se ha modificado, en fin, todo sufre grandes transformaciones. Lo mismo les pasa también a nuestros ingenieros, a nuestros economistas y a nuestros abogados: todo está cambiando permanentemente.

De manera que este concepto que era tan tradicional, que uno entra a la universidad y sale con un cartón para ganarse la vida, no es más así. Un buen profesional tiene que seguir yendo a la universidad a menos, por supuesto, que quiera estar en el montón, y no quiera ser de los mejores en lo que cada uno hace. Seguro que ustedes van a salir de un buen colegio, con un puntaje nacional y no van a quedarse con un cartón debajo del brazo y van a tratar de ser los mejores dentro de lo que se puede lograr.

Pero uno no va a la universidad solamente a eso, se ha perdido de vista que a la universidad uno también va a formarse como persona, y esa es una de las cosas que nosotros hemos reclamado más fuertemente hacia el interior de la Universidad. La pregunta es ¿la universidad debe ser una fábrica de profesionales en que entran en una especie de correa de producción jóvenes sin conocimiento y después de pasar por esta correa de producción en que uno le pone profesores, laboratorios, bibliotecas, al final de ese proceso sale un joven profesional? Nosotros creemos que la universidad es más que eso.

En primer lugar, porque la formación de un profesional no es solamente la incorporación de conocimientos, habilidades y destrezas para ejercer en el mercado, cosa muy importante que por lo demás en Chile hemos perdido de vista. Un profesional debe ser también una persona solidaria, con conciencia de su responsabilidad social. Un médico no es médico, ni puede ser médico solamente para atender pacientes y dar la boleta, el médico debe sentir compasión por los que sufren, por los que no pueden pagar el total de los servicios médicos que hoy día son, como ustedes deben saber, muy caros. Lo mismo un abogado o un ingeniero, a la universidad uno también debe ir a empaparse de la realidad de su país, la realidad de la sociedad, en que hoy muchos jóvenes que son menos afortunados que ustedes, no van a llegar nunca a la universidad y ni siquiera van a terminar la enseñanza media y que, por supuesto, van a vivir toda su vida mucho más pobres que ustedes.

El punto está en que si a uno debiera darle eso lo mismo o no. Nuestra respuesta es que a la universidad no le puede dar lo mismo, y sobre todo a la Universidad de Chile por su particular historia que representa en la sociedad. Nosotros nos enorgullecemos mucho de tener estudiantes pobres y estudiantes ricos, estudiantes que tienen muchas formas de ver el mundo, que provienen de familias muy distintas, que tienen distintas sensibilidades, porque así es la sociedad y a nosotros eso nos gusta, porque así nuestros estudiantes se forman en contacto con la realidad. Nada sacamos con tener una universidad por allá arriba, lejos del mundo de verdad, en que los nuevos profesionales salen completamente desvinculados de la realidad del país. Uno lo que ve allí entonces es un futuro de mayores desencuentros, de mayores enfrentamientos, de mayor sufrimiento a nivel de nuestra sociedad. Nosotros creemos que nuestros profesionales deben formarse en un contexto mucho más profundo que ser simplemente buenos repasadores de libros.

Pero hay otro elemento que todavía es más profundo. Nosotros sostenemos que la universidad también es para humanizar, porque nuestra sociedad ha ido perdiendo de vista el hecho de que el hombre, la persona, debe ser el fin último de las cosas, y no como en las doctrinas más materialistas, que nos colocan como un instrumento para otras cosas. Esa manera de percibir al hombre en la sociedad es parte importante de la formación universitaria.

Si uno toma de las universidades tradicionales, así llamadas, las 4 ó 5 primeras, por cualquier indicador que ustedes quieran: el ingreso de la PAA es uno de ellos, la cantidad de publicaciones que realizan sus profesores, que es otro, la cantidad de investigación o la cantidad de estudios de posgrados que tienen; cualquiera, estas se comparan muy bien con buenas universidades en el mundo y, por supuesto, en el número uno con las distintas universidades latinoamericanas y de eso nos sentimos muy orgullosos, porque a pesar de todos los problemas que hemos tenido, las universidades chilenas siguen siendo de excelente calidad.

Pero nuestras universidades están organizadas en una especie de túnel. Uno entra al túnel, por ejemplo, a estudiar derecho y tiene que salir abogado o si no devolverse para no estudiar nada o para estudiar otra cosa. Y una primera pregunta es ¿estamos realmente preparados para tomar esa elección a los 17 ó 18 años? Creo que no, y cada vez menos preparados, tomando en cuenta que la oferta universitaria tiene que cambiar notablemente. Hoy día ya hay ingenieros ambientales y la pregunta es si hace 5 años atrás sabíamos lo que era un ingeniero ambiental. Todos sabemos lo que es un abogado, un ingeniero civil o un médico, pero todas estas profesiones están cambiando, se está diversificando el país, el mundo, por decirlo de distintas maneras, la misión de la formación profesional debe ser muy distinta, por lo tanto, cada vez que terminemos la enseñanza media no vamos a saber bien qué es lo que es cada cosa; y, segundo, nunca vamos a saber bien para qué es lo que servimos.

Fíjense ustedes lo que me pasó a mí, estudié un año derecho y no me gustó el derecho, porque ahí recién descubrí que el derecho significaba memorizar. Me retiré de la Escuela de Derecho y decidí estudiar historia; la historia me gustó mucho, terminé y me siento muy orgulloso de ser profesor de historia. Pero posteriormente, cuando empecé a pensar en la necesidad de un posgrado, descubrí -teniendo que llegar a un posgrado en economía- de que mis ventajas comparativas totalmente claras estaban en matemáticas; o sea, recién después de 5 ó 6 años de haber salido de la universidad, descubrí que mis mejores potencialidades estaban en las matemáticas, donde yo, profesor de historia, le podría enseñar a varios de mis colegas economistas e ingenieros cosas más o menos intrincadas en las matemáticas; y de hecho, lo que hoy día enseño en la universidad son estadísticas económicas, que son los cursos difíciles en la Escuela de Economía. ¿Por qué nunca nadie me dijo eso antes? Porque este sistema no está preparado para responder esas preguntas, porque en este túnel uno entra a estudiar para profesor de historia y sale como profesor de historia, o tiene que devolverse, generalmente con la cara larga del papá, porque hay que comenzar de nuevo.

Las universidades tampoco tienen un sistema de intercambio que permita que el estudiante de sociología que descubre que en realidad quiere estudiar kinesiología pueda hacerlo, excepto que salga, de la PAA de nuevo y vuelva a comenzar. Estos túneles en los cuales yo estudié son tremendamente especializados, porque un estudiante de derecho estudia el 95% de sus cursos de derecho, lo cual aparentemente está muy bien, pero hoy día las empresas, el Estado, los organismos internacionales, requieren también un abogado que tenga noción de otras cosas: un abogado tiene que saber un poco de economía, un poco de estadística, de ciencia política, de relaciones internacionales, de temas de cultura. Bueno, eso es un poco los abogados que están produciendo las universidades chilenas hoy día, y ¿qué va a pasar con eso? Porque lo mismo sucede con los ingenieros o con los médicos, el 95% de los cursos son de la respectiva especialidad. Estamos bien, pero lo que pasa es que se pierde de vista la formación en otras cosas que hoy día pasan a ser muy importantes. Los médicos tienen que saber de ética y de valores, pero también tienen que saber de economía, de finanzas, un poco de derecho, para tener una idea de cuáles son los derechos de los pacientes. Esa formación que hoy día es fundamental para un profesional no la estamos entregando adecuadamente.

Por último, hay otra observación más, que ustedes van a entender: es el sistema de selección a la universidad. La PAA creo que es el mejor sistema de selección disponible. Si no hay PAA, habrá otra prueba, probablemente menos potente que ésta en su capacidad predictiva, o bien no habrá ninguna prueba. Entonces, seleccionamos con tarjetas de recomendación o como se lo dije a un periodista alguna vez, seleccionemos por los saldos en la cuenta corriente; los que tienen más saldo en la cuenta corriente de los papás entran, y los otros quedan fuera. Pero la PAA con todo lo criticada que es todos los años es un buen sistema predictor del comportamiento dentro de una universidad. Pero no puede ser realmente un elemento discriminador en términos de las potencionalidades intelectuales de cada uno de ustedes; o sea, no sabe realmente la PAA decirnos si ustedes van a ser un buen letrado o un buen matemático, porque esta prueba está fundamentalmente diseñada para medir aptitudes para la universidad en general, y las pruebas específicas en realidad son tan específicas que prácticamente las estamos dejando de lado. Las pruebas de química, de biología, de física en realidad sirven como un ingrediente, pero no son fundamentales.

Hoy día necesitamos un nuevo sistema universitario. Creo que los estudiantes de la universidad deben estar dos años en un programa único para todos, hago notar esto porque este cambio lo estamos estudiando conjuntamente con la Universidad Católica, pensando ponerlo en funcionamiento en el año 2004. De manera que todos los estudiantes tengan los mismos cursos por áreas, es decir, de las áreas médicas tendrán un conjunto de cursos comunes y el resto de las áreas, por ejemplo, otro conjunto de cursos comunes. ¿Qué serán esos cursos comunes? Bueno, tendrán que ver con todas esas cosas que necesitamos saber hoy día, todos necesitamos saber algo de biología, de derecho, de estadística, de historia, de sociología, de modo que eso constituya la base de ese fundamento selectivo de la universidad. ¿Qué ventaja tiene para la universidad? Que los puede seleccionar mucho mejor.

Hoy día nosotros tenemos en las universidades, las dos universidades más grandes, un programa que se llama Bachillerato. Lo hemos estado observando, llevamos cuatro años de estudiantes que ingresan, tienen cursos comunes en todas las disciplinas y posteriormente se van a las carreras y en ellas pueden ser reconocidos varios de estos cursos para que puedan seguir.

Hemos descubierto con esto, en primer lugar, que los estudiantes pueden seleccionar mejor. Piensen ustedes que el 40% de los estudiantes que pasan por el Bachillerato cambian la elección que habían hecho originalmente, o sea, los que creían que podían ser arquitectos, en realidad descubrieron que no, y que ellos quieren ser abogados, porque se pusieron dentro de la universidad y en contacto con la universidad.

En segundo lugar, mejoran su formación general, porque es cierto que enseñamos matemáticas bien en nuestros colegios, pero la verdad es muchas veces que las matemáticas que se necesitan en la universidad requieren de ciertas especializaciones. Mejor digamos esto, cursos básicos para todos los estudiantes, independientemente que quieran ser abogados, sociólogos, psiquiatras, y lo mismo con las otras formaciones, sobre todo con las formaciones humanísticas.

¿Por qué nos interesa también esto? Porque esa es la forma de poder entregarles a los profesionales nuevos, del futuro, una formación humanística sólida en términos de cursos de cultura, curso de humanidad, cursos de arte, ¿por qué no? Para que los ingenieros y los físicos, todos ellos, que se consideran en líneas tan duras, tengan un poquito el corazón más frente a la realidad que se presenta en nuestro país y en Latinoamérica.

Hay otro elemento más. Nosotros todavía estamos formando profesionales en Chile, y en general para un país con sus fronteras cerradas, pero en el país que ustedes van a trabajar no va ser un país de fronteras cerradas para los profesionales. Estas cosas que hoy día se discuten en los periódicos si vamos a permitir o no que ingresen médicos de otras partes, lo más probable es que en el futuro los médicos chilenos puedan trabajar en cualquier parte, y los médicos de otras partes puedan trabajar acá. También los ingenieros, los abogados, los sicólogo y ¿por qué no?, si la globalización está yendo a esa realidad, entonces nosotros tenemos que preparar a nuestros estudiantes para esa realidad que tiene que competir con canadienses, coreanos, argentinos o tienen que ir a otros países a competir, porque el que va a ser abogado o ingeniero comercial o ingeniero civil va a tener que ir con estas empresas que los emplean donde tengan sus oficinas. O sea, un mundo completamente distinto, y si el mundo es distinto, la universidad tiene que ser distinta, tiene que cambiar, para humanizar más a sus profesionales, pero también para hacerlos más eficientes en el desempeño futuro. De manera que estas son las razones por las cuales la necesidad de humanizar más a nuestros profesionales también se vincula a este proyecto de cambio total en la forma en que estamos formando profesionales.

Y otro elemento más. Hoy día para cualquier profesional como decía hace poco, se necesita tener los posgrados. El Presidente de la República ha mencionado el tema de los posgrados en innumerables ocasiones. En la actualidad en Chile hay una subproducción de posgraduados, que son la gente que tiene que hacer la investigación que el país necesita para poder progresar; por lo tanto, debemos tener más doctorados en Chile, sobre todo los doctorados en líneas tan importantes como biología, física, química, ciencias sociales, etc.

Uno de los esquemas organizativos en la universidad permitirá que puedan salir mucho mayor número de doctorados de nuestras universidades, lo cual permite además distinguir, o permitirá distinguir con más claridad, lo que son buenas universidades de lo que son instituciones de educación superior que, legítimamente, no tienen el componente importante de la investigación y de la formación de posgrados como parte de lo que hacen.

De manera, jóvenes, que ustedes van a llegar pronto a la universidad, van a encontrar muchos de estos cambios caminando y ninguno de ellos todavía consolidados, pero lo que sí es cierto, es que independientemente a lo que cambie en la universidad, es muy importante, primero cambiar uno mismo. Si uno cree que va a la universidad solamente a sacar un título para posteriormente recuperar la plata que invirtió, esa es una manera no sólo egoísta, sino que poco pertinente hacia una universidad. Uno naturalmente debe tener la ambición legítima de que le vaya bien en la vida, pero no les quepa duda el hecho de que a uno le vaya bien en la vida no es suficiente, si a otros les está yendo muy mal. Ustedes en el colegio han aprendido de solidaridad, han aprendido los conceptos de la compasión, de tener un espíritu fraternal, de poder compartir; eso es muy importante llevarlo a un terreno concreto, cuando uno estudia, se perfecciona, eso es lo único que va a permitir que en Chile podamos tener una sociedad más humanista. A lo mejor nunca vamos a ser una sociedad totalmente igualitaria, pero sí una sociedad más humanista, en que podamos compartir los deseos y las aspiraciones de otros y en la medida que seamos profesionales para hacer eso, creo que estaremos cumpliendo con el anhelo de ser profesionales y además de ser seres humanos capaces de compartir, de entregar, capaces de solidarizar: esa es la misión de la universidad; por lo menos de las grandes universidades.

Lo que nosotros queremos inculcar en los jóvenes son valores que hoy día se están perdiendo en muchas partes, valores que se han venido desmenuzando, se han ido cayendo producto de la vida moderna, de las presiones, del poco tiempo de los padres para estar con uno; producto de las múltiples y absurdas tentaciones que existen en lo que se supone que son cosas alegres y entretenidas como la droga y el alcohol. Hemos estado perdiendo, y todos de alguna manera, directa o indirectamente, sufrimos en carne propia por no formar personas distintas, personas de verdad. Creo que la universidad tiene esa misión.

Muchas gracias.

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