Discurso del Prof. Luis A. Riveros, Rector de la Universidad de Chile, en Ceremonia de Entrega del Premio Amanda Labarca 1998, a la Prof. Dra. Sylvia Segovia.

(Transcripción)

Es motivo de gran satisfacción para el Rector de la Universidad de Chile la entrega del Premio Amanda Labarca 1998 a la destacada académica Dra. Sylvia Segovia. Constituye, desde luego, el reconocimiento a una brillante carrera académica, que ha marcado un hito de significativa trascendencia en nuestra Facultad de Medicina. Como ginecobstetra, docente e investigadora, exhibe un impresionante curriculum de más de 80 publicaciones científicas, habiéndose destacado como una profesora de la mayor excelencia a nivel de sus cátedras de pregrado y cursos de posgrado. Ha ocupado el cargo de Presidente de la Sociedad de Ginecología y Obstetricia, es miembro de la American Fertility Association y miembro de número de la Academia Chilena de Medicina. Es decir, ella es adornada por los atributos más esenciales de un académico de la Universidad de Chile en cuanto a producción intelectual, huella de significancia en la enseñanza y formación profesional, y lucimiento e impacto en el medio externo y científico, gozando del reconocimiento de sus pares.

Y es que el Premio Amanda Labarca está destinado, precisamente, a resaltar esos valores y ese significado de tanta importancia en la vida universitaria: la excelencia académica; un factor sin el cual nuestra Universidad de Chile no podría tener el impacto que efectivamente tiene a nivel nacional e internacional. El Premio y su entrega en este año a la Prof. Segovia, nos recuerdan que la misión institucional debe estar revestida de excelencia académica, cada vez más sólida, cada vez más reconocida como el alma misma de nuestra existencia y de nuestro deber como Institución. Es importante recordarlo cada vez, para hacer carne estos principios en el trabajo diario de nuestras unidades.

La Universidad de Chile existe como Institución nacional con la misión de crear y diseminar conocimiento para el desarrollo del país en todas sus dimensiones. Es decir, se trata de una Institución pública que tiene un compromiso de primer orden con las tareas de país, con los problemas que afligen a nuestra Nación, y que deben abordarse por medio de nuestra docencia, investigación y extensión. Esa es la Universidad de Chile que fue creada para Chile. Es la Universidad que se justifica en un medio complejo y preñado de indecisiones políticas y generalizaciones sobre política universitaria. Es la Universidad que se proyecta más allá de sus tareas profesionalizantes, y que se convierte en un centro de reflexión crítica sobre nuestra sociedad y sus problemas más acuciantes. Es la Universidad creada para pensar a Chile, y para proyectarse en el tiempo como la Institución que constituya la base verdadera de nuestros progresos como Nación.

Esa Universidad por la que luchamos, para la que deseamos una política consecuente y responsable en cuanto a la organización y el financiamiento del sistema universitario, no podrá sobrevivir ni tener el reconocimiento que el país le debe, si no cuenta con la mayor excelencia, el factor que ha caracterizado su vida entera al servicio de Chile.

Por eso la entrega de este Premio simboliza tanto de lo que anhelamos, de lo que queremos, de los que estamos tratando de lograr con la lucha por el reposicionamiento institucional. No queremos ser una Universidad que solamente compita con el amplio sector privado universitario, y donde nos podamos conformar con la obtención de resultados financieros satisfactorios. Nuestra vida institucional se justifica por factores que van más allá de eso, en el campo de la investigación y la extensión, en el impacto que tenemos que tener sobre todo el país, y en el liderazgo que tenemos que imprimir al mundo de la educación pública, particularmente de la educación universitaria estatal. La excelencia académica es una garantía de que permaneceremos relevantes y como una verdadera Institución de servicio para las necesidades de Chile y su pueblo, como nos dijera nuestro fundador.

Pero este Premio también se destina a otorgar reconocimiento al abnegado y esforzado trabajo de la mujer universitaria. No ha sido fácil para las más el lograr tales merecimientos, como los que hoy día mencionamos en la persona de la Dra. Sylvia Segovia, en un ambiente de discriminación abierta o encubierta; en el contexto de una sociedad que asigna roles y moldes atentatorios contra la libre realización de la mujer en su desempeño, particularmente cuando este tienen que ver con la sacrificada vida del estudio y la investigación académica. El Premio Amanda Labarca se abre camino en la Universidad contra muchas adversidades, sin pedir ninguna ventaja especial, y ateniéndose a las mismas reglas frente a sus pares masculinos, obteniendo merecimientos que en términos relativos son quizás de mucha mayor relevancia.

Amanda Labarca fue la líder, la maestra, la mujer universitaria que provocó un profundo impacto en nuestro hacer institucional. Llevó la Universidad de Chile hacia la comunidad nacional, la proyectó al país, como lo soñara y prometiera Valentín Letelier, y como lo practicara en el ambiente artístico y cultural don Juvenal Hernández. Ella proyectó el quehacer docente hacia el país, y puso a la Universidad en su rol correspondiente de madre y maestra de un pueblo ávido de conocimiento y educación.

Amanda Labarca es un símbolo de la Universidad que queremos. De lo que deseamos proyectar a las puertas del nuevo siglo. De la Universidad de Chile con que soñamos y en la que queremos comprometer a la comunidad universitaria, más allá de las sombras tristes del pasado y de las desconfianzas que siempre generan, desde dentro y desde fuera, quienes no comparten esa visión de Universidad-país, de Universidad-reflexión, de Universidad-aporte que tantos mayoritariamente visualizamos como la obra de tantos y tantas que, como Amanda Labarca, pusieron el empeño, la fe, el convencimiento, la excelencia y el trabajo necesario para avanzar.

Quizás sea el momento de hacer también el compromiso, en este día, frente a este Premio tan merecido, y en el recuerdo de Amanda Labarca, en orden a que logremos eliminar toda sombra de discriminación contra nuestras pares mujeres, para que la carrera académica y el desenvolvimiento docente y de investigación se base en las capacidades y las oportunidades reales para todos. Será este otro elemento que enarbolaremos firmemente para acerar nuestro compromiso con la Institución señera, ejemplar y de futuro que anhelamos construir con el esfuerzo de todos, por el futuro de Chile y de su juventud.

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