El apellido Fujimori sin duda causa polémica en un país como Perú, que aún recuerda los efectos del gobierno de Alberto Fujimori (28 de julio de 1990 -21 de noviembre del 2000), que estuvo marcado por la actuación de guerrillas como Sendero Luminoso, y por numerosos casos de abusos a los Derechos Humanos.
Sin embargo, eso no ha impedido que la hija del gobernante, Keiko Fujimori, sea la favorita -luego de lograr una ventaja de más de 20 puntos en la primera vuelta- para ganar el balotaje que se realizará este 5 de junio, superando al candidato Pedro Pablo Kuczynski por más de cinco puntos porcentuales.
El profesor Gilberto Aranda del Instituto de Estudios Internacionales aseguró que el alto número de indecisos podría alterar el resultado previsto, en una elección que consolidaría la imagen de retroceso de la centroizquierda a nivel regional.
Todas las encuestas auguran un triunfo de Keiko Fujimori ¿De qué manera ha podido la candidata desmarcarse de la carga que implica ser hija de Alberto Fujimori?
Aún hay un porcentaje importante de indecisos -un 5por ciento además de un 12 por ciento que votaría en blanco o nulo- y ellos van a decidir la elección del domingo. Pero manteniéndose las cosas así tenemos un probable triunfo de Keiko, quien ha remontado el anti-fujimorismo desmarcándose del elemento que más siembra dudas respecto al gobierno de su padre, que es el tema de los Derechos Humanos.
En esta materia ella establece diferencias con su papá, aunque en todos los otros elementos se podría decir que es una reedición del fujimorismo, con tintes neoliberales de apertura del mundo y un énfasis en el discurso anti delincuenca, excepto en el tema de los DD.HH., donde ha tenido mucho cuidado en condenar aquellos hechos de lesa humanidad en donde está envuelto la figura paterna, me refiero a cuestiones como la masacre de La Cantuta.
En todo lo demás es parte de la tradición fujimorista, con un aura mesiánica, de derecha popular o populista, con un hiperliderazgo donde recoge votos en los sectores más precarios de la sociedad en el anillo periférico que rodea Lima y las grandes ciudades, llegando incluso a conquistar parte de la votación de los sectores indígenas de la Sierra.
Su ventaja se ha mantenido a pesar de estar envueltos varios de sus colaboradores en denuncias de financiamiento irregular o ilegal
No la han afectado porque se trata de denuncias hechas en el marco del debate electoral y todavía no están plenamente comprobados, aunque hay algunos bastante complicados. Hablamos de 11 congresistas electos por Fuerza Popular, el bloque que apoya a Keiko, y hay que ver si estas denuncias hacen algún sentido entre los indecisos que pueden decidir la elección.
Es una cuestión delicada, que amerita investigación, pero Keiko lleva la ventaja de manera indiscutida aunque no hay que olvidar que en Perú la opinión pública es altamente volátil en períodos de campaña.
Pedro Pablo Kuczynski recibió el apoyo del Frente Amplio pero no ha sido capaz de reeditar la fuerza de la antigua alianza antifujimorista, ¿qué diferencia esta elección de la anterior en la que Keiko perdió?
Primero hay que constatar que el eje anti-fujimorista se mantiene pero se ha ido desdibujando. Se preserva porque hay sectores de la izquierda que no quieren por ningún motivo un nuevo Fujimori, e incluso están dispuesto a votar por un candidato de la derecha tradicional como Kuczynski.
Lo que diferenciaría esta elección de la pasada es que en esa oportunidad se enfrentaban dos candidatos con halo mesiánico, un nacionalista como Humala y la derecha populista de Keiko, disputando el voto entre los sectores populares. Hoy son dos candidatos de derecha: la centro derecha representada por Kuczynski, un tecnócrata que suscita adhesiones menos firmes que un liderazgo mesiánico como Keiko de una derecha populista.
El partido del actual presidente de Perú, Ollanta Humala, no presentó candidato para esta elección ¿A qué se debe esta situación?
Este tipo de fenómenos no es tan poco común en Perú, ha pasado antes con el APRA que fue un partido con gran arraigo en la historia del país y ahora prácticamente no tiene respaldo. Perú tiene una alta volatilidad política en su electorado, que pasa de un cerrado respaldo a un referente político al rechazo porque a pesar de que es un Estado y una sociedad que ha crecido mucho en los últimos años en los índices económicos, los niveles de desigualdad social son muy profundos aún y eso desencanta al electorado.
¿Qué efectos podría tener a nivel regional un gobierno de Keiko Fujimori?
El fortalecimiento del eje alianza pacifico con un tinte liberal y de apertura al mercado. Yo diría que en Sudamérica la fractura entre gobiernos ideológicamente dispares se va a profundizar, las placas tectónicas de la política regional se están desplazando hacia el centro y la derecha y sería la confirmación de una cierta declinación de la centro izquierda en el electorado de la región.
¿Cómo podría afectarse la relación entre Perú y Chile?
Cuando hablamos de las conductas políticas de los gobernantes de los países vecinos siempre hay cierta incertidumbre, una cosa es el discurso o la propaganda electoral y otra es cuando están frente al Estado. En años pasados parte de la clase política chilena respaldó a Alejandro Toledo, quien luego posicionó en la opinión pública peruana la demanda en La Haya por el límite marítimo, por lo tanto cualquier apuesta que haga Chile tiene una dosis de incertidumbre.
Teniendo claro esto, hay que decir que seguimos con la réplica del gobierno paterno, Keiko se puede entender en el plano del pragmatismo comercial con Chile y llevar a cabo una política similar a la chilena de conexión con los mercados mundiales, particularmente los asiáticos, y al mismo tiempo siguiendo los lineamientos de política exterior de su padre puede intentar algún tipo de diálogo con Chile en cuestiones como el del hito 1. Pero siempre hay dosis de incertidumbre, porque Chile y Perú tienen una historia que los hace de alguna manera mirar al pasado para tomar decisiones políticas hacia el presente y el futuro.