Bélgica Castro, fundadora del Teatro Experimental de la U. de Chile

"La Universidad tiene un compromiso de formar artistas de calidad"

Desde Temuco llegó a la capital para estudiar Pedagogía en Castellano en la década del 30 en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Hija de la educación pública y gratuita, arribó a un lugar donde el teatro despertaba gran interés en los jóvenes, motivo por el cual los estudiantes conformaron el Centro de Arte Dramático del Instituto Pedagógico.

Fue en el camino que este grupo se encontró con la agrupación teatral “Lex” de la Facultad de Derecho, quienes bajo la dirección de Pedro de la Barra formaron el Teatro Experimental de la U. de Chile, hoy Teatro Nacional Chileno (TNCH), cuyo hito fundacional comenzó a conmemorarse este 22 de junio con el estreno de la obra “El Avaro” de Moliere, en la versión del dramaturgo Benjamín Galemiri.

Bélgica lleva su nombre porque su padre, un anarquista español, decidió denominar a sus hijos con nombres especiales, relacionados a momentos, lugares y episodios. “Mi hermano mayor se llamaba Floreal porque nació en el verano, una de mis hermanas se llamaba Alegría, la otra se llamaba Soledad y yo, como había una terrible situación en Europa y Bélgica fue un país que tuvo un buen comportamiento, mi papá me puso Bélgica para que mi vida fuera bien”.

Y así ha sido. La artista que hoy tiene 94 años continúa actuando tal como lo hiciera en los inicios de su carrera que coincide en sus albores con los 75 años del TNCH, del cual fuera parte del grupo fundador, mismo que se planteó la labor artística marcada por el compromiso con el público, lo que quedó explicitado en un manifiesto que contemplaba la difusión del teatro clásico y moderno; originar la necesidad de un buen teatro; el Teatro Experimental como escuela; y la presentación de nuevos valores y el rol educativo de este arte.

Sus 75 años en las tablas coinciden con los 75 años del TNCH, ¿Cómo es que se encontró con este arte?

Empecé a hacer teatro cuando era alumna del Instituto Pedagógico. Venía de Temuco a estudiar para ser profesora de Castellano, entonces estudié y terminé pero jamás hice una clase porque ya había empezado a hacer teatro desde ese momento. De ahí en adelante el teatro fue para mí lo mejor.

¿Qué repercusiones tuvo este hito fundacional del teatro a nivel universitario?

Éste era dirigido por una persona muy especial, que era Pedro de la Barra. El Teatro Experimental empezó en ese momento y significó mucho para el país, ese cambio tan radical de hacer obras de teatro con otros sentidos. Fue una cosa muy importante.

¿Qué precedente marcó este hito del 22 de junio de 1941 cuando ustedes hicieron esa obra en el Teatro Imperio?

Era primera vez que se hacía un teatro para el público. El Teatro Experimental empezó a inventar temas e hizo una cosa muy importante que era que el público considerara lo que estaba viendo, que era lo que nos decían a nosotros, que teníamos que mejorar al público, que los que escribían las obras tenían que estar comprometidos con lo que se estaba haciendo. Como si uno fuera una profesora y estuviera mejorando la calidad de vida de quien estaba oyendo.

El Teatro Experimental era justamente hacer una experiencia, eso nos lo decía a cada rato Pedro de la Barra, y yo me comprometí en esa forma y siempre cuando hago teatro tiene que ser una cosa positiva, tiene que ser algo que mejore al público, algo de calidad.

Ha participado en más de cien montajes, ¿hay alguno que usted recuerde con más cariño?

Las cosas más recordadas han sido las que ha escrito Alejandro [Sieveking] porque han sido cosas muy buenas, como “La Remolienda”, que es una obra que se sigue haciendo. Cuando se estrenó en 1965 estuvo dirigida por Víctor Jara, quien era un genio para dirigir.

¿Por qué hoy el teatro sigue siendo su forma de comunicarse?

Porque me gusta mucho, lo encuentro fantástico, tal vez porque uno está de verdad ahí, en vivo, junto al público, comprometiéndose con el público, es eso lo que me pasa. Estoy contenta de hacerlo. Mientras pueda, lo haré, estoy convencida de eso. Si tú puedes hacerlo, aunque tengas 120 años, hazlo.

Finalmente, pensando que la cuna del teatro está alojada en nuestra universidad, ¿qué deber le queda como institución pública en este sentido?

La Universidad tiene un compromiso de formar artistas de calidad, que lo que hagan sea sólido, bueno, que todo lo que hagan signifique cosas para el espectador, que lo haga pensar, eso lo tengo metido en la cabeza. 

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