Este 6 de noviembre se celebra el Día de la Antártica en Chile, hito establecido por el ex Presidente Pedro Aguirre Cerda cuando definió los límites del Territorio Chileno Antártico en 1940. En el marco de esta conmemoración, especialistas de la Casa de Bello se refirieron a la importancia de la Antártica en la generación de conocimiento y su relevancia para el cuidado del medioambiente.
En 1948, se creó la base General Bernardo O´Higgins, uno de los centros de investigación científica en la Antártica más antiguos del país. Posteriormente, en 1991, se fue consolidando el rol investigativo en el Continente Blanco con la instalación de la Estación German Chilean Antarctic Receiving Station (GARS), la segunda de este tipo en el territorio. El mismo año, a través del Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente firmado en Madrid, se designó a la Antártica como reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia, normativa que entró en vigencia en 1998.
Según relata el académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile e investigador del Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE), Luis Valentín Ferrada, la Casa de Bello ha participado en las iniciativas científicas desde la primera expedición de ciencia oficial del país realizada en el verano de 1946.
Instituto Milenio BASE: un aporte para la conservación de la Antártica
La Universidad de Chile cuenta con relevantes compromisos e iniciativas en materia científica para la protección y conservación de la Antártica, entre ellos, el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos, (BASE), liderado por académicos y académicas del plantel. Este centro de excelencia está conformado por once investigadores e investigadoras principales, y nueve miembros asociados, además de un número importante de científicos jóvenes en diversas etapas de formación.
El académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y director del Instituto Milenio BASE, Elie Poulin, explica que el Continente Blanco es un foco de interés para la investigación y conservación medioambiental, ya que es una de las últimas zonas prístinas del planeta. “Nuestro planeta es el único que tenemos y obviamente tenemos que cuidarlo, como uno cuida el patio de su casa, porque es donde uno vive, donde a uno le gusta vivir. Es totalmente indisociable del bienestar humano tener un planeta saludable”, sostiene.
La directora alterna de este centro es la profesora Julieta Orlando, también académica de la Facultad de Ciencias de la U. de Chile, quien enfatiza la importancia de cuidar este territorio. “La Antártica es el corazón de nuestro planeta azul, aquel que bombea corrientes oceánicas que nutre a los océanos del mundo, y que interactúan con especies conocidas por la ciudadanía como los pingüinos, al igual que con biodiversidad poco percibida pero fundamental para los ecosistemas microorganismos, como insectos, crustáceos, peces, entre otros”.
En la misma línea, plantea que “somos parte de la Antártica y ella incide en nuestro país y el resto del planeta, por lo que debemos conocer más del continente y su biodiversidad, para así quererlo y protegerlo”.
Investigaciones que relevan lo imperceptible
Científicos y científicas del Instituto Milenio BASE han realizado diversos aportes al conocimiento del pasado, presente y futuro de la biodiversidad antártica y subantártica, considerando no solo los organismos más carismáticos y conocidos. Un ejemplo de ello lo constituye el estudio “Diversidad de comunidades microbianas y genes implicados en la emisión de óxido nitroso en suelos antárticos impactados por animales marinos”. Investigar la biodiversidad imperceptible de este ecosistema, “conocer sus patrones de distribución, sus interacciones con otros organismos, sus actividades metabólicas y cómo todas estas características se ven afectadas por los cambios ambientales es fundamental para entender integralmente el funcionamiento de los ecosistemas”, afirma la profesora Orlando.
Agrega, en esta línea, que los microorganismos podrían contribuir a mejorar o mitigar el cambio climático debido a su papel en la emisión y consumo de potentes gases de efecto invernadero como el óxido nitroso y el metano. Además, establecen interacciones simbióticas con otros organismos, contribuyendo a la fisiología de plantas, animales e incluso otros microorganismos, por lo que su afectación podría tener consecuencias drásticas sobre otros componentes de la biodiversidad.
Finalmente, la académica explica que “contribuir a una visión unificada del estudio de la biodiversidad, independientemente del tamaño de los individuos, permitirá hacer propuestas de conservación más robustas para enfrentar escenarios de cambio actuales y futuros".