Luego del lanzamiento de la publicación, ayer en el Complejo Universitario VM20, el académico e investigador del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, prof. Cristóbal Bywaters se dio el tiempo para conversar sobre el trabajo investigativo que hizo para dar vida al trabajo que tituló “Chile's struggles for international status and domestic legitimacy. Standing at the Liberal Order's Edge", publicado en la prestigiosa serie New International Relations de la editorial Routledge.
-En primer lugar, ¿qué le motivó a explorar un tema sobre el cual ya se ha investigado bastante, pero entiendo que desde enfoques más tradicionales?
-Todo nació de una pregunta que me hice cuando estaba haciendo mi tesis de Magíster, revisando los discursos del 21 de mayo. Me di cuenta de que la única idea que se repetía entre 1990 y 2009 era que Chile era respetado en el mundo.
Esta era la idea que trataban de transmitir los presidentes a las audiencias domésticas. Y me quedé pensando en por qué pasa esto. Frecuentemente hemos hablado de la política exterior de Chile en términos de prestigio. Eso es parte del discurso oficial y también desde el punto de vista académico y del discurso político sobre nuestro lugar en el mundo.
Pese a esto, desde mi punto de vista, este tema no se había profundizado. De ahí la idea de investigar qué significaba la idea de ser respetados afuera y cuáles eran sus motivaciones e implicancias. Justamente, en paralelo, descubrí la literatura sobre “estatus internacional”, la cual ha estado a la vanguardia de la teoría de las Relaciones Internacionales desde más o menos 2014. Yo me acerqué a estos temas en 2016 y 2017. Y llama profundamente la atención que incluso hoy día continúa siendo uno de los temas más debatidos dentro de las Relaciones Internacionales.
Entonces, espero que este libro no sea solo una contribución para quienes buscan comprender mejor la política exterior de Chile, sino también para comprender mejor el “estatus internacional” como fenómeno social y un aporte que realiza también el Instituto a debates de vanguardia en la disciplina a nivel mundial.
-En su trabajo introduce un concepto nuevo al hablar de “gestión del estatus internacional”. ¿Puede explicar en qué consiste?
-Sí, yo lo que planteo es que el “estatus internacional” no es solo un fenómeno de nivel externo, como pensaríamos generalmente los estudiosos de la política exterior, sino que tiene una dimensión doméstica. No se trata únicamente de la estrategia que los Estados buscan proyectar o que despliegan a nivel internacional, sino también un manejo de expectativas y narrativas sobre el “estatus internacional” simultáneamente a nivel interno o nacional. En ese sentido, la gestión del estatus es un “juego de dos niveles”, como diría el politólogo Robert Putnam.
Lo que me pregunto en el libro es por qué pasa esto y cuál es la función que cumple internamente. Este fenómeno, en el cual intuitivamente pensaríamos que se manifiesta solo a nivel externo, también lo proyecto internamente, pero con beneficios dispares para la población en general. Y es que no todas las personas reciben con la misma intensidad los beneficios del estatus internacional. Los principales beneficiarios, argumento, son las élites políticas y, en particular, las élites de política exterior. ¿Y por qué? Porque se vincula estrechamente con su labor diplomática, pero también, en muchos casos, con las concepciones que tienen de sí mismo, de su identidad como actores políticos.
-En el texto sugiere que el éxito de Chile en materia de política exterior ha dependido de su adaptación al orden internacional liberal. Al mismo tiempo afirma que nuestra posición ha sido muy precaria y que requiere de una navegación mucho más cuidadosa en este mundo cambiante. ¿Cuál sería el camino que debe seguir Chile?
-El libro no aborda el escenario actual, pero ciertamente ofrece pistas relevantes para entender cómo hemos llegado y dónde estamos en este momento.
Chile, en general, tiene un alto nivel de “estatus internacional” para sus dimensiones objetivas, pero eso no ha sido gratuito ni fácil. En parte importante ha sido porque durante las últimas décadas se ha apegado estrictamente a las normas del orden internacional liberal, y en el libro analizo cómo sucede todo ese proceso de realineamiento de Chile, que era más ambivalente respecto de estos valores, inicialmente hasta 1973.
Luego entra en un proceso de disrupción durante la dictadura y luego de ajuste hacia el orden internacional liberal. Y la pregunta que nos hacemos hoy día es ¿cómo nosotros -que hemos aprendido a navegar tan competentemente en este orden internacional liberal- podemos navegar en un mundo donde las reglas están cambiando? ¿Qué tan liberales tenemos o podemos seguir siendo en un mundo crecientemente iliberal, donde la democracia experimenta un mayor retroceso y el multilateralismo y el libre comercio están en crisis? Más aún cuando tenemos, al mismo tiempo, una política exterior que asume como principio la promoción de la democracia y el respeto de los derechos humanos, entre otras cosas.
Bueno, el mundo está cambiando y Chile necesita adaptarse a este nuevo mundo. Y las preguntas o las respuestas en realidad no son lineales , y probablemente vamos a dar cuenta de cómo nos adaptamos a esto, como suele ser el caso de los estados pequeños, más bien en retrospectiva. Este va a ser el resultado de un proceso acumulado de pequeñas decisiones, más que la consecuencia de una suerte de “gran estrategia”.
No podemos desconocer que el Estado de Chile también tiene capacidades limitadas para adoptar este último tipo de proyectos, más aún en tiempos como el que vivimos. Entonces creo que de a poco vamos a ir viendo cómo se configura esta respuesta de Chile en el nuevo escenario internacional.
-En este contexto vale señalar que la postura de Chile trasciende al Presidente de turno. Un trabajo paulatino de muchos años y por distintos antecedentes.
Así es. Y una de las preguntas que me hago en el libro es por el consenso en torno a la política exterior o la idea de política de Estado. Y parte de mi argumento es que la satisfacción sobre el estatus internacional de un país puede contribuir a generar cohesión entre las élites políticas y eso, a la vez, aporta a generar una política exterior de consenso.
Y eso también en parte porque el orden internacional estaba bastante ordenado y teníamos beneficios de estatus bastante claros al apegarnos a sus reglas. En ese orden nos funcionaba la receta que teníamos. Y la pregunta ahora es, bueno, cuando el orden internacional cambia, se genera una dispersión en las preferencias, emergen nuevas preferencias de política exterior entre las élites. Pero cuando el orden internacional cambia, el estatus se hace un poquito más incierto y eso también ayuda o tiende a debilitar la cohesión entre la élite.
-Usted también asegura tener en cuenta la posibilidad de que estas élites no necesariamente ocupan cargos en el gobierno, sino que deberían operar desde la oposición.
-Por cierto, en la literatura de análisis de política exterior solemos asumir que las élites de política exterior son aquellas que están en la cúspide del Estado, es decir, las que controlan los recursos del gobierno. Y esta es, analíticamente, una decisión muy sensata, porque son las personas que importan para tomar decisiones de política exterior. Son las que concentran el poder de toma de decisiones. Pero en mi trabajo de investigación me pregunto cómo emerge la élite política exterior de la Concertación o de la Alianza Democrática en oposición a la dictadura.
Bueno, yo tenía que mostrar que las élites también pueden actuar desde la oposición. De hecho, esta élite actuó ejerciendo una suerte de “contradiplomacia” para dañar el estatus internacional de Chile, porque era funcional al objetivo superior, que era recuperar la democracia. Entonces, eso también ayuda a matizar muchos de los argumentos que están presentes en la literatura sobre estatus.
Generalmente se asume que a todos nos gusta tener mayor estatus y que todos vamos a querer que nuestro país tenga mayor prestigio internacional. Pero una de las cosas que demuestra este libro es que los actores pueden buscar dañar el estatus internacional de su propio país si es que ven a su régimen imperante como ilegítimo y si es que eso también es funcional a sus objetivos estratégicos superiores, como es, en el caso de la élite de política exterior de la Concertación, la recuperación de la democracia, como decía. De ahí el giro analítico de salir de las élites en el poder y mirar también a las élites que buscan acceder a él y que en ese proceso se conforman a sí mismas como élites.
-¿Finalmente, cuál es el aporte que esperas produzca esta publicación?
Espero estimular la investigación sobre política exterior de Chile con una mayor interacción con la teoría de las Relaciones Internacionales. Los últimos destinatarios de este trabajo son, en particular, los estudiantes de nuestra carrera de Estudios Internacionales, de nuestros Magíster, de nuestro Doctorado, así como también de otras universidades. Espero que este libro aporte a generar debate y mayor investigación en el futuro sobre el estatus como fenómeno y los múltiples lugares de Chile en el mundo.