Literatura, política y cuerpo:

Julio Ramos en la Universidad de Chile: la potencia crítica de las Humanidades

Julio Ramos en la Universidad de Chile
Académico, ensayista y  crítico cultural Julio Ramos, profesor emérito de la Universidad de California, Berkeley.
Académico, ensayista y crítico cultural Julio Ramos, profesor emérito de la Universidad de California, Berkeley.

La visita del académico, ensayista y  crítico cultural Julio Ramos a la Universidad de Chile permitió desplegar una serie de reflexiones sobre literatura, política, anarquismo, fármacos, colonialidad y políticas del cuerpo. En dos actividades realizadas en la Facultad de Filosofía y Humanidades, el profesor emérito de la Universidad de California, Berkeley, compartió con académicas, académicos y estudiantes una serie de problemas que atraviesan tanto la historia intelectual latinoamericana como las discusiones contemporáneas sobre democracia, sensibilidad, trabajo, género y cultura.

La primera actividad correspondió a la inauguración del año académico del Centro de Estudios de Género y Cultura en América Latina, instancia en la que dictó la conferencia “José Martí, Lucy Parsons y les anarquistas de Chicago (1886)”. La segunda fue el conversatorio “La farmacia literaria y los límites de la teoría”, organizado por el Área de Teoría Literaria del Departamento de Literatura, en colaboración con la Cátedra UNESCO Gabriela Mistral, donde dialogó en torno al libro Farmacopea literaria latinoamericana, publicado por la editorial Cuarto Propio.

En ambas jornadas Ramos propuso una lectura de la modernidad latinoamericana desde el abordaje de los cuerpos disciplinados por el trabajo, la palabra obrera, la alteración sensorial, las sustancias, las jerarquías culturales y las formas de subjetividad producidas por el capitalismo. Las actividades pueden leerse como momentos complementarios de una misma interrogación: cómo la literatura y las humanidades permiten pensar aquello que los órdenes políticos, jurídicos y culturales buscan domesticar, clasificar o excluir.

En la inauguración del año académico del Centro de Estudios de Género y Cultura en América Latina Julio Ramos enmarcó “una especie de diálogo virtual, algo inesperado entre José Martí y la intelectual y agitadora afroamericana Lucy Parsons”. Esa formulación abrió una lectura que desplazó la mirada habitual sobre Martí para situarlo frente a las luchas obreras, el anarquismo y las tensiones políticas del Estados Unidos industrial de fines del siglo XIX.

Lucy Parsons, recordó Ramos, fue una militante anarquista afroamericana, nacida de madre esclavizada, activa en las luchas por la jornada laboral de ocho horas, en las conmemoraciones del Primero de Mayo y en la memoria de los anarquistas condenados tras el caso Haymarket de Chicago. Su figura permitió al académico interrogar el movimiento obrero norteamericano y los límites del humanismo letrado desde el cual muchos intelectuales latinoamericanos observaron la emergencia de nuevos sujetos políticos.

Uno de los núcleos de la conferencia fue el giro que Ramos identifica en las crónicas de José Martí sobre Haymarket. En un primer momento, explicó, Martí observa las huelgas y movilizaciones obreras enfocándose en la multitud que aparece asociada al desorden, la violencia y la irracionalidad. Esa mirada, sin embargo, se transforma progresivamente, especialmente en el encuentro con Lucy Parsons. “Es muy dramático el giro que uno anota entre la primera crónica que él escribe, cuando Martí acerca la culpabilidad de los anarquistas y condena lo que él llama la demencial violencia de los acusados y el proceso de gradual empatía de las crónicas finales que culmina en su escrito sobre Lucy Parsons”, sostuvo Ramos.

La potencia de Parsons, en esta lectura, no radica solamente en su militancia, sino en el tipo de palabra política que encarna. Ramos la describió como una figura de “elocuencia encarnada”, una conferencista capaz de producir efectos materiales mediante la palabra. Su voz no pertenece al circuito tradicional de la cultura letrada, sino a una esfera pública obrera atravesada por sindicatos, asambleas, lectores de fábrica, prensa militante y formas colectivas de educación popular.

“Lucy Parsons era una conferenciante, una conferencista, como lecturista, como decía el mismo Martí; vivía de sus presentaciones y discursos y también una viajera continua. Para Martí, entra la figura de una elocuencia encarnada”, señaló Ramos.

Desde esta perspectiva, la figura de Parsons permite revisar la relación entre palabra y acción política. Ramos planteó que en ella aparece una dimensión performativa del lenguaje: una palabra que no solo representa una realidad, sino que interviene en ella, organiza cuerpos, convoca multitudes y produce nuevas condiciones de experiencia colectiva. “Es una elocuencia que pareciera desatar una deriva pragmática o performativa de las palabras. Performativa no solo en la teatralidad que bien conocía Lucy Parsons, sino en el sentido de la capacidad de las palabras de tener efectos realizativos”, afirmó.

La conferencia también permitió pensar el lugar de Martí en relación con una modernidad atravesada por el exilio, el periodismo, el trabajo de la escritura y las comunidades latinoamericanas en Estados Unidos. Ramos recordó que Martí vivió en Nueva York durante buena parte de su vida adulta y que sus crónicas deben leerse en el contexto de una transformación radical de la experiencia moderna: industrialización, automatización temprana, nuevas tecnologías de impresión, trabajo periodístico y emergencia de públicos transnacionales.

Una historia subterránea de la modernidad latinoamericana

La segunda actividad, el conversatorio “La farmacia literaria y los límites de la teoría”, permitió desplazar la discusión hacia otro archivo: el de las sustancias, las drogas y la alteración sensorial en la literatura latinoamericana. Allí, Ramos presentó las claves de Farmacopea literaria latinoamericana, volumen preparado junto al investigador Álvaro Contreras. “La Farmacopea literaria latinoamericana es un volumen, una antología precedida de un estudio crítico. Supuso un trabajo de archivo sobre la proliferación del tema de la alteración sensorial y las sustancias en la literatura latinoamericana entre 1875 y 1926”, explicó Ramos.

El libro, indicó, no aborda las drogas como un tema marginal o anecdótico, sino como una puerta de entrada a las políticas del cuerpo en la modernidad latinoamericana. En ese sentido, la investigación cruza literatura, medicina, psiquiatría, criminología, farmacología, capitalismo y colonialidad. “Es un trabajo literario que de algún modo transita varias disciplinas que estaban involucradas en la inscripción de nuevas políticas del cuerpo durante ese período”, afirmó.

Uno de los puntos del conversatorio fue la crítica a la idea de que la droga constituye un fenómeno exterior a la modernidad. Ramos sostuvo que la historia de las sustancias está ligada al desarrollo del capitalismo industrial, la industria farmacéutica, la producción de mercancías coloniales y los dispositivos modernos de control social.

Desde esa perspectiva, Ramos propuso leer la farmacología como una dimensión constitutiva del capitalismo moderno. La pandemia de COVID-19, señaló, hizo visible para amplios sectores sociales el poder contemporáneo de las industrias farmacéuticas; sin embargo, ese poder tiene una genealogía mucho más extensa. “Nos dimos cuenta del gran poder que tenía la farmacología en la historia de las políticas y de la economía contemporánea. Pero esto no viene del siglo XX”, afirmó.

En el diálogo, la noción de alteración sensorial permitió pensar una “historia subterránea de la modernidad latinoamericana”. Ramos explicó que, al revisar textos como el poema “Hashish” aparece un José Martí distinto del escritor republicano, edificante y pedagógico con el que suele identificarse su figura. “No era el Martí que yo había estudiado antes el que se nos presenta en el poema de 1875. Ahí había una especie de historia subterránea de la modernidad latinoamericana”, sostuvo.

Este acercamiento le permitió abordar dimensiones que las lecturas tradicionales de la modernidad suelen dejar en segundo plano: la vida anímica, la química del cuerpo, la percepción, la sensibilidad y los modos en que la experiencia moderna altera materialmente a los sujetos.

“Estos materiales nos ubicaban ante otro tipo de infarto: un infarto de las condiciones anímicas de esa ciudadanía”, señaló Ramos. “Son estas dimensiones a veces incluso físicas y químicas de la vida anímica o espiritual”, agregó.

El conversatorio también abrió una discusión sobre sinestesia, anestesia y capitalismo. A partir de referencias a Walter Benjamin, Susan Buck-Morss y Charles Baudelaire, entre otros, Ramos planteó que el capitalismo moderno no solo transforma estructuras económicas o tecnologías de producción, sino también la percepción humana. “El capitalismo no solo produce cambios económicos o tecnológicos, sino también produce cambios en la misma química, en las neuronas de nuestro cuerpo”, sostuvo.

En esa línea, la sinestesia aparece como una forma de reactivación de los sentidos frente a una modernidad que tiende a anestesiar la experiencia. “Si en la anestesia dejamos de sentir, de percibir con el cuerpo, la sinestesia explota los sentidos reducidos de la percepción”, explicó.

Otro momento central fue la discusión sobre colonialidad y sustancias. Ramos recuperó el pensamiento de Fernando Ortiz para mostrar cómo productos como el tabaco, el azúcar, el té o el chocolate fueron decisivos en la constitución material de la modernidad europea. Con ello, invirtió la narrativa clásica según la cual la modernidad se difunde desde Europa hacia América Latina. “La modernidad y la Ilustración europea dependen del tránsito y del tráfico de mercancías coloniales”, afirmó Ramos. “La modernidad está producida por una materialidad colonial. Ahí hay una política del cuerpo”, agregó.

La visita de Julio Ramos a la Universidad de Chile permitió articular dos grandes campos de discusión. Por una parte, la historia política del anarquismo, el movimiento obrero y la crítica al humanismo letrado a partir de José Martí y Lucy Parsons. Por otra, la historia cultural de los fármacos, la alteración sensorial y las políticas del cuerpo en la modernidad latinoamericana. En ambos casos, el gesto crítico fue similar: desplazar el foco desde los grandes relatos institucionales hacia zonas de conflicto donde emergen sujetos, cuerpos y lenguajes.