Habitabilidad y el crecimiento de la ciudad de Santiago; un desafío pendiente

Habitabilidad y el crecimiento de la ciudad de Santiago
Constantino Mawromatis P
Constantino Mawromatis P

Como es sabido, el 30 de marzo del presente año, el Consejo Regional (CORE) Metropolitano aprobó la modificación del Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS), ampliando el límite urbano en cerca de 10.000 hectáreas, reconvirtiendo territorios para la demanda de vivienda de las próximas dos décadas. Esta resolución que confirma la tendencia predominante del crecimiento horizontal por extensión, disperso y fuertemente dependiente del tráfico rodado que ha caracterizado al desarrollo urbano de Santiago especialmente en las últimas tres décadas, podría caracterizarse como la incomprensión -por parte de las entidades e individuos que operan desde lógicas sectoriales e ideológicas-, de los procesos que se están viviendo en la sociedad y las demandas por mayor participación e inclusión en atención a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y de optar por un desarrollo más sustentable; no obstante, corresponde más bien a un diseño conciente que deposita la responsabilidad de materializar el crecimiento de la ciudad esencialmente a la iniciativa privada ligada al negocio inmobiliario especulativo, deslegitimando la planificación y el diseño urbano desde el sector público.

Este modelo de crecimiento apunta en dirección opuesta a los desafíos que impone la realidad nacional y global en relación a las crecientes demandas ciudadanas, demandas que hoy cobran una dimensión que no se puede soslayar. En efecto, en Chile se opta por privilegiar la suburbanización dispersa bajo el paradigma del zoning, instrumento que vivió su auge hace sesenta años en los Estados Unidos de la posguerra y que hoy es crecientemente cuestionado. Por otra parte, no se consideran modelos alternativos que puedan proveer de mejores condiciones de habitabilidad y que provoquen un menor impacto sobre las demandas de infraestructura urbana y sobre el medio ambiente construido y natural. Las autoridades de turno por tanto, parecieran seguir decididas a replicar un modelo que inexorablemente exacerbará los problemas que hoy ya se pueden evidenciar.

Este modelo marcadamente utilitario al negocio inmobiliario, tiene innegables impactos sobre la población, acentuando la segregación, la insostenibilidad de la movilidad y la contaminación, propiciando la alienación de la gente e hipotecando paralelamente la calidad de vida de las futuras generaciones que se verán crecientemente afectas por decisiones sesgadas e irresponsables de hoy. Existen no obstante, otros caminos; emergen y se legitiman diversas corrientes y movimientos a nivel global, que propugnan por modelos urbanísticos más compactos, más equitativos y sostenibles. Surgen conceptos nuevos como el smart growth o crecimiento inteligente y la movilidad sostenible que redefinen el actuar vigente.

En Europa se pueden señalar destacadas experiencias de un desarrollo alternativo a la suburbanización dispersa y monofuncional; proyectos que se configuran a partir de un diseño urbano integral, considerando en cada caso al espacio público como parte fundamental en la estructuración de las propuestas. Ejemplo de ello lo constituyen proyectos recientes de regeneración urbana como los casos de Bilbao, Hamburgo y Dusseldorf; los carfree-cities en el sudoeste alemán; las nuevas ecociudades compactas en la periferia urbana española; o las innovadoras SymbioCities de Suecia, que plantean un urbanismo holístico; experiencias que además marcan una exitosa asociatividad entre el sector público y privado, validando el "proyecto urbano". Junto a ello surgen nuevos referentes del urbanismo neotradicional, generalmente en el ámbito suburbano, pero que reivindican los usos mixtos y la compacidad en sus propuestas. Paralelamente, se incorporan nuevos diseños viarios que fomentan una movilidad sostenible y dignifican el espacio urbano, proveyendo de mejores condiciones de habitabilidad a través del diseño del espacio público.

Por otro lado, en los Estados Unidos desde hace un cuarto de siglo, los principios del Nuevo Urbanismo apuntan hacia proyectos más heterogéneos, de mayor conectividad y mejores condiciones para la movilidad alternativa; fomentan los usos mixtos y proveen de una mayor densidad relativa, en una cultura enraizada en el suburbio y el automóvil. Aunque opera en el ámbito suburbano, reviste no obstante un gran salto cualitativo en el diseño urbano, reivindicando modelos de tradición regional y generando espacios públicos de calidad, además de propugnar por la renovación de los centros urbanos y la reconversión de paños subutilizados en los pericentros urbanos. En efecto, en el país cuna del modelo que adoptamos hace algunas décadas, se reconocen al menos en ciertos niveles locales, la implementación de políticas que buscan revertir o al menos mitigar el proceso de dispersión. Ello considera entre otros, los conceptos mencionados del smart growth, el transit-oriented development y diversos programas de gestión de crecimiento, estrategias de regeneración urbana en áreas centrales, etcétera.

En otras latitudes surgen innovadores proyectos que confirman la posibilidad cierta de explorar nuevos modelos, algunos de gran osadía y escala, que marcan una impronta vanguardista en función de los desafíos presentes y por venir. Son algunas experiencias puntuales como Masdar en Abu Dhabi, de Norman Foster -una ciudad peatonal con "cero emisiones de Co2"-, u otras mega ecociudades en China, como Dongtan y Lingang, entre otras, que representan en sí, una visión proactiva.

Volviendo a la contingencia nacional, cabe advertir la opacidad de las decisiones políticas tomadas en el último tiempo en Chile, en relación a la ciudad; incluso pareciera no haber una claridad conceptual respecto al significado de ella. Cuando se anuncian nuevos planes de viviendas en Santiago, a propósito de la ampliación del límite urbano, se evidencia una visión estrecha del problema. Las ciudades no son planes de vivienda; las promesas de una oportunidad de tener una vivienda digna dentro del área urbana, como consignan las autoridades políticas, desvían el foco de atención que debiera centralizarse en la ciudad como aglutinador de las potencialidades y anhelos ciudadanos, ofreciendo las condiciones para ello. Resulta además paradojal que se esgrimen como objetivos centrales de la ampliación de los límites urbanos de Santiago, la integración, revirtiendo los patrones de segregación y acercando la vivienda social a centros de empleo, induciendo además el desarrollo de barrios mixtos y posibilitando la inversión en equipamiento e infraestructura en sectores periféricos de Santiago, junto con fomentar significativamente las áreas verdes y parques, y mejorar la conectividad. Sin embargo es sabido y comprobado por la experiencia local e internacional que el modelo vigente en Chile es un modelo que, por el contrario, tiende a agudizar la segmentación y con ello prolongar las injusticias que se evidencian en la ciudad, impactando directa o indirectamente sobre los propios aspectos que declaran los objetivos anunciados.

No cabe duda que de continuar por esta senda los problemas de la ciudad persistirán y se profundizarán. Las decisiones cortoplacistas y los modelos mercantilistas pertenecen a una visión reductiva y reactiva. Es un modelo esencialmente insostenible que apunta en dirección contraria al bien común. La realidad global y local requiere de un compromiso con el futuro, ya no tan lejano, construyendo mejores ciudades y mitigando los impactos de decisiones erradas. Se requiere abordar las temáticas de la ciudad desde una perspectiva holística, desde el "proyecto urbano" en donde la planificación y el diseño urbano recobren su rol en la concepción del hábitat humano.


(bajada de ilustración)
SymbioCity en Malmö, Suecia. Foto C. Mawromatis